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Editorial
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Un desastre socialista
Miércoles,  12 de Junio, 2019
Un-desastre-socialista

Si se tuviera que hacer una lista de todos los errores que no se deben cometer a la hora de hacer un negocio, el ingenio de San Buenaventura tiene la mejor colección, aunque para resumirlo, sólo hace falta mencionar que se trata del típico emprendimiento de un estado socialista.

Al primero que se le ocurrió la locura de construir un mega ingenio en plena selva fue a Hugo Banzer Suárez en los años 70. En aquella época había plata de sobra para dilapidar en ese tipo de obras; estaba en apogeo un régimen con inclinaciones faraónicas y había la suficiente dosis de autoritarismo y arbitrariedad para encarar una obra de semejantes dimensiones sin consultarle a nadie, como se hizo en otros casos como la Hilandería o el Estadio Olímpico de La Paz.  Pese a ello, alguien le dijo al dictador de ese entonces, que antes de incurrir en el ridículo más grande de la historia del país, había que hacer algunas pruebas. Se decidió mandar unos técnicos a sembrar caña y al poco tiempo descubrieron que aquel suelo no es adecuado para el cultivo, cosa que al régimen actual –que decidió meterle nomás-, le ha tomado 11 años en descubrir. En todo ese lapso han conseguido sembrar 3.500 hectáreas, una cuarta parte de lo que necesita el ingenio para funcionar a su plena capacidad y que le permita salir de la situación de quiebra en la que se encuentra, ya que, en este momento, el monto total de las deudas (263 millones de dólares) es superior al patrimonio de la entidad.

Al paso que va, a San Buenaventura le podría tomar más de treinta años en cobrar impulso, tiempo en el que no sólo podría dejar quebrada a la propia empresa, sino al Estado boliviano, pues hasta el momento ha acumulado pérdidas superiores a los 35 millones de dólares.

Pese a que la situación de esta empresa, como la de todas las que fueron creadas por el “proceso de cambio”, es bien conocida por la opinión pública, el Gobierno se molesta cada vez que le hacen recuerdo de los ríos de dólares se están escapando sin posibilidades de retorno. Esta vez ha sido el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) el que ha realizado una suerte de balance y actualización de lo que ocurre con el ingenio ubicado en el norte paceño

Los datos están muy bien fundamentados, pero en realidad todos los equivocamos en hablar de quiebra, pues las empresas públicas jamás se van a la bancarrota. Mientras haya fondos públicos para alimentar elefantes blancos gigantescos como ese o más grandes como la planta de urea y otros que seguirán apareciendo, el surrealismo económico en el que incurren los gobiernos socialistas no tiene límites.

De hecho, según el CEDLA, la gerencia de San Buenaventura ha concluido que el principal problema del ingenio es la saturación del mercado azucarero en Bolivia, por lo que han exigido la aprobación de un crédito adicional de 70 millones de dólares para adaptar la planta e iniciar la producción de alcohol. He ahí el inicio de una nueva cadena de errores que le costará otra millonada a los bolivianos.

Al paso que va, a San Buenaventura le podría tomar más de treinta años en cobrar impulso, tiempo en el que no sólo podría dejar quebrada a la propia empresa, sino al Estado boliviano, pues hasta el momento ha acumulado pérdidas superiores a los 35 millones de dólares.

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