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Editorial
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Un crimen doloroso
Jueves,  6 de Junio, 2019
Un-crimen-doloroso

Tal vez no haya antecedentes de un hecho tan doloroso como el que acaba de ocurrir en la Maternidad Percy Boland, donde han confluido todos los riesgos, polémicas, vacíos y abusos que rodean a quienes impulsan el aborto y lo colocan como el sumun de los derechos ciudadanos, por encima de la vida misma. 

Se trata de la vida de dos niñas, una de 14 años y otra de apenas unos días de nacida, vidas que habían sido confiadas a la familia, el Estado y la sociedad, tres instancias que han fallado alevosamente y que ahora tendrán que responder por errores y omisiones que han incrementado el dolor en lugar de aliviarlo, supuesta premisa de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) que se aplica para casos de abuso.

Autoridades miopes y fanáticas aprueban una ley llena de vacíos, que otras instancias se ocupan de aplicar sin ninguna discriminación ni sentido común. Grupos de adoctrinados por la ideología de género que se ocupan de presionar y amenazar a los que tengan la osadía de defender la vida u oponerse a cometer un crimen como practicar un aborto en el séptimo mes de embarazo. Médicos que suelen actuar con mayor convicción en otras circunstancias, pero que esta vez pecaron por una extrema debilidad y falta de compromiso.

La joven embarazada había sido víctima de un abuso, es verdad; tenía graves problemas de depresión que la impulsaban al suicidio y seguramente, detrás de ella había un cuadro familiar nada favorable, pero no existe ninguna razón, ley o explicación que pueda justificar semejante inconciencia en la aplicación de una norma. No se puede imaginar el dolor que puede sentir en este momento la madre, de saber que muy cerca de ella hay un ser (que no es una célula, un embrión ni un feto) que lucha por sobrevivir; qué dirán los abortistas recalcitrantes frente a ese cuadro, ante esa bebé que no puede ser tirada a la basura. Qué explicación darán los médicos, los responsables del hospital, los dueños del poder, que también se creen amos y señores de la vida y del destino de todos nosotros.

Alguien decía recientemente, que el “proceso de cambio” ha adoquinado el país con leyes que no se cumplen, que no han conseguido causar mella en los problemas que deberían atacar, pero en este caso, no cabe duda que se ha cometido un grave error, pues deja en manos de individuos sin criterio ni supervisión una decisión vinculada al valor más importante, al derecho más elemental, el tesoro que todos debemos cuidar.

Lo que ha ocurrido con esa adolescente y con su  bebé es algo que puede estar ocurriendo todos los días, pues la ley abre la posibilidad del aborto con una simple denuncia ante la Policía, documento suficiente para acudir a un centro asistencial, donde los médicos están obligados a realizar la intervención. Si la embarazada tiene tres, cuatro, seis o siete meses de gestación, parece no tener importancia y la objeción de conciencia tampoco es garantía para evitar el crimen.

El drama de una adolescente de 14 años a quien le practicaron un aborto en apego a la Ley de Interrupción del embarazo. La chica tenía siete meses de embarazo, la bebé nació viva y los médicos no saben cómo explicar semejante crimen.

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