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Editorial
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Socialismo y pobreza
Domingo,  5  de Enero, 2020
Socialismo-y-pobreza

En 2017, la Fudéu, una fundación que defiende e impulsa el uso del idioma español, designó al término “Aporofobia” como la palabra del año. Se trata de un neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres. La decisión de este vocablo se hizo al calor de los tristes acontecimientos que estaban ocurriendo en Europa, donde numerosos países fueron literalmente invadidos por refugiados de Siria que escapaban de los horrores de la guerra. Fue tal el éxodo de desesperados, que se hizo imposible frenar la reacción de numerosos sectores políticos y sociales europeos que exigieron con notable vehemencia cerrarle el paso a este aluvión que se sumó a las olas de inmigrantes llegadas desde África.

Los críticos de la actitud expresada en Europa y también en Estados Unidos con el endurecimiento de las políticas migratorias, suelen poner de manifiesto argumentos humanitarios y les reclaman a los “países ricos” gestos de bondad a los gobiernos que se ven en figurillas para enfrentar crisis económicas internas y tratar de contener problemas sociales como el desempleo y la inseguridad y de yapa, abrir sus fronteras a decenas de miles de personas que huyen fundamentalmente de dos cosas: de la ineficiencia de los regímenes que controlan sus países y de férreas dictaduras que persiguen, torturan y asesina a su propio pueblo.

Lamentablemente, esos mismos jueces de europeos y norteamericanos jamás tienen una llamada de atención hacia las verdaderas causas de la pobreza y la huida de esos millones de excluidos. Nunca critican al venezolano Maduro ni a ninguno de los que maltratan a su gente y la obligan a dejar su tierra e irse a mendigar a otra parte.

Recientemente en Argentina, se difundió un video que se hizo viral en el que un clásico “laburante”, el esforzado dueño de un camión que hace fletes por todo el país, reconocía que odia a los pobres. Lo decía sin tapujos, pero con una alta dosis de ironía, pues lo que trataba de mostrar es el uso que los regímenes populistas hacen de la pobreza. En su país, lo primero que hizo el nuevo gobierno peronista de Alberto Fernández, fue subir el impuesto a las empresas, a las exportaciones del campo y castigar a los que supuestamente son ricos, porque ese sí que es un odio indisimulado, como si la riqueza fuera sinónimo de delincuencia. Se trata del viejo mito de Robin Hood, que les roba a los que más tienen para repartirlos entre quienes son supuestas víctimas de los primeros.

En ese tren llevan más de un siglo los regímenes socialistas. En el mundo ha habido cientos de revoluciones para favorecer a los pobres, se han invertido trillones de dólares en ayudas, subsidios, bonos y dádivas, como lo dijo hace unos días en un foro internacional el multimillonario mexicano Carlos Slim, pero los miserables siguen multiplicándose como hongos, porque como él mismo señala, son muy pocos los que tratan de sacar a la gente de la pobreza (con trabajo digno), pues lo que buscan es mantenerlos a su disposición, con la mano tendida frente a los tiranos, los dictadores y los demagogos.

En el mundo ha habido cientos de revoluciones para favorecer a los pobres, se han invertido trillones de dólares en ayudas, subsidios, bonos y dádivas pero los miserables siguen multiplicándose como hongos. Son muy pocos los que tratan de sacar a la gente de la pobreza (con trabajo digno), pues lo que buscan es mantenerlos a su disposición, con la mano tendida frente a los tiranos, los dictadores y los demagogos.