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Editorial
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Sin lugar a excusas
Sábado,  21  de Noviembre, 2020
Sin-lugar-a-excusas-

Por cuánto tiempo más el presidente Luis Arce podrá seguir echándole la culpa de todo a su antecesora, Jeanine Añez, quien estuvo sólo 11 meses el poder, con la plata medida por el boicot masista, con las rutas bloqueadas y con la pandemia que paralizó la economía y dejó a la gente con los bolsillos vacíos.

El prometió superar los errores del pasado, pero no hace más que imitar a Evo Morales, que se pasó 14 años hablando del “periodo neoliberal”, al que también juzgaba con datos equivocados. Al menos el cocalero tenía más material de qué hablar, pero en el caso de Arce son sólo 11 meses, tiempo insuficiente para gestar una crisis como la que está pintando el mandatario, quien no para de mencionar a la UDP, el periodo más oscuro de la historia económica boliviana.

No vamos a exigirle a Arce (ni a ningún político) que sea autocrítico, menos cuando él fue uno de los principales protagonistas del régimen que tiene todas las respuestas a la crisis económica que estamos enfrentando y que ha cobrado tintes dramáticos por la pandemia, no sólo en Bolivia, sino en todas los países del mundo, incluyendo las grandes potencias y naciones mejor preparadas para enfrentar un bajón como el que ocurrió este año.

Lo que sí comenzarán a exigirle a Arce es el cumplimiento de sus promesas electorales y recordemos que él prometió replicar el “milagro” que, según él, fabricó a partir de 2006 y que se convirtió en el mayor periodo de bonanza que haya vivido el país durante su historia. 

¿Cuánto tiempo le darán para que comiencen a verse los frutos de su prodigiosa estrategia? Por ahora sólo ha mostrado un as bajo la manga, el impuesto a la riqueza, cuyo efecto será insignificante para enfrentar el gasto público, las inversiones y el abultado presupuesto a los que está acostumbrado el MAS y que propiciaron el “modelo” del que tanto se ufana Luis Arce. También ha mencionado el factor de la austeridad, pero eso es cada vez más lejano, sobre todo por la incidencia que está ejerciendo Evo Morales en la conducción del Gobierno y que seguramente no permitirá recortes de personal ni ahorros en viajes y todo lo que lleve su sello personal.

Arce debería observar con preocupación lo que acaba de ocurrir en Perú, donde la crisis, el mal manejo de la pandemia y la inoperancia del gobierno han minado la paciencia de la ciudadanía. En Estados Unidos, los votantes le pasaron una factura muy grande a Donald Trump, pese a que el magnate hizo esfuerzos por evitar que el virus llegue adónde más les duele a los norteamericanos, al bolsillo.

Pero no hace falta ir tan lejos, pues tenemos en la localidad cochabambina de Sipe Sipe, el mejor ejemplo de lo que está ocurriendo con la gente, cada vez más impaciente y más intolerante con los políticos. Es penoso ver lo que ocurrió con la alcaldesa, María Heredia, a quien humillaron y llevaron al borde de la muerte, pero ella debe entender que todo es culpa de la demagogia, de la inflación de expectativas y este modelo político que propicia el MAS consistente en repartir, entregar, regalar y derrochar plata que ya no hay, que se acabó, que se farrearon en 14 años y que no alcanzó ni para once meses de “vacas flacas”.

¿Cuánto tiempo le darán para que comiencen a verse los frutos de su prodigiosa estrategia? Por ahora sólo ha mostrado un as bajo la manga, el impuesto a la riqueza, cuyo efecto será insignificante para enfrentar el gasto público, las inversiones y el abultado presupuesto a los que está acostumbrado el MAS.

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