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Editorial
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Sin derecho a equivocarse
Martes,  4  de Febrero, 2020
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Los ojos del mundo siguen pendientes de Bolivia después de que sucedió lo imposible. Todavía hay muchos que no se convencen de que en nuestro país ocurrió algo que vienen preparando desde hace años en Venezuela, que ha provocado cientos de muertos en Nicaragua y que pone en ascuas a los argentinos, donde les duró muy poco la libertad.

Nadie comprende que la recuperación de la democracia será un camino largo y tortuoso, que el país ha quedado con deudas, no solo económicas, sino con la justicia, con los problemas urgentes que necesitan atención y también con el tejido institucional, debilitado al extremo, repleto de sospechas y con gente que debe encaminarse hacia el camino correcto. Solo basta con mirar a la Policía, la Fiscalía o el Órgano Judicial para darse cuenta que hay quienes todavía no se han dado cuenta que los tiempos han cambiado y que el único imperio que queda firme en el país es el de la ley.

El cocalero prófugo sigue teniendo amplia palestra en los medios de comunicación. Aprovecha cualquier incidente para despotricar contra el Gobierno de Jeanine Añez; exagera, miente y aún así los periodistas le dan cobertura como si se tratara del héroe de la democracia y no del aspirante a dictador que recurrió al fraude y al terrorismo para quedarse. Hoy se conoce, por ejemplo, que la Policía tenía órdenes de dejar correr la sangre durante los conflictos de octubre y noviembre, que los mineros usaban dinamita para aterrorizar a la ciudadanía mientras las fuerzas del orden hacían la vista gorda y se mandaban buses repletos de cocaleros hacia el aeropuerto de El Alto para desatar una masacre.

Ni bien se produce algún traspié, como es normal en cualquier administración gubernamental, sacan a colación la tesis del golpe de estado, hacen comparaciones odiosas y fuera de lugar e inmediatamente le acercan el micrófono al cocalero, quien pretende dar lecciones de democracia y habla como si las cosas estuvieran al borde del colapso. Es como si después de 14 años de autocracia, corrupción y abuso, todos pretendan que el país se convierta en una taza de leche en un abrir y cerrar de ojos. Obviamente,  la falta de unidad, el debate interno, las disidencias y diferencias no hacen más que incrementar el clima de tensión.

Recientes fallas cometidas en la salida de dos ex miembros del gobierno del fraude tuvieron una amplia repercusión, mucho más ahora que estamos en una etapa electoral, en la que voces internas aprovechan para sacar rédito y en última instancia beneficiar al autócrata que dice ver gente llorando para que vuelva al país y recupere la organización delincuencial en la que había convertido al gobierno. Por eso mismo, este clima adverso puede empeorar y en ese caso, las autoridades tienen la misión suprema de actuar con sumo cuidado, por el bien de la democracia.

El cocalero prófugo sigue teniendo amplia palestra en los medios de comunicación. Aprovecha cualquier incidente para despotricar contra el Gobierno de Jeanine Añez; exagera, miente y aún así los periodistas le dan cobertura como si se tratara del héroe de la democracia y no del aspirante a dictador que recurrió al fraude y al terrorismo para quedarse