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Editorial
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Qué hacemos con el Chapare
Jueves,  28  de Noviembre, 2019
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En casi todo el país habían suspendido los bloqueos de caminos, menos en el Chapare, donde siguen pidiendo la renuncia de la presidenta Jeanine Añez y el retorno al poder de Evo Morales. Los cocaleros no admiten ninguno de los cambios que han ocurrido en el país desde el 20 de octubre, no quieren otra cosa que volver a la situación anterior, sin importar el fraude, sin reconocer la inmensa movilización ciudadana o la necesidad de recuperar el estado de derecho. Para ello están dispuestos a todo, incluso a recurrir al terrorismo, elemento que compromete la integridad del país, no solo el sistema democrático.

El Chapare tiene una ubicación estratégica. Con suma facilidad, los cocaleros tienen la capacidad de estrangular al país, de chantajearlo y ponerlo de rodillas. Eso les permitió poner su propio presidente, cuya principal misión consistió en apuntalar el circuito coca-cocaína que financia todas las operaciones vandálicas que han estado ejecutando en el último mes.

Desde los años 80 el Chapare ha sido la región que mayor inversión pública ha recibido. La cooperación internacional, los fondos estatales y toda una serie de organismos han invertido ingentes cantidades de dinero para impulsar un polo productivo, un inmenso bastión agropecuario, una potencia turística nacional, pero los cocaleros a la cabeza de Evo Morales no han hecho más que boicotear esos proyectos, a través de una mafia sindical que obliga a los habitantes de la zona a rendirse ante la coca y por supuesto, ante los tentáculos del narcotráfico.

Durante los 14 años de “proceso de cambio”, el Chapare no sólo pasó a ser el mayor destinatario del dinero del pueblo convertido en obras faraónicas, aeropuertos y proyectos de infraestructura y equipamiento, sino que alcanzó el nivel de centro político del país, con capacidad de fijar políticas públicas, entre ellas, la lucha contra las drogas, bajo la premisa del control social, un engaño que escondía la protección de organizaciones criminales que se dedican al tráfico de cocaína.

El Chapare es hoy una inmensa zona de exclusión que se ha extendido hasta Yapacaní, en el norte de Santa Cruz; ha invadido parques y reservas en el Beni y que toca las puertas de la capital cochabambina con señales violentas. Se han ensayado muchas fórmulas para cambiar el destino que el Chapare le tiene preparado a Bolivia, que sin duda alguna, será siniestro si es que los bolivianos dejamos que crezca y se expanda, como pasó con Medellín en Colombia o como está ocurriendo con Sinaloa en México. Se trata de una prioridad que se debe encarar con firmeza y claridad. Resulta urgente definir una estrategia que resulte efectiva, pacífica y democrática.

El Chapare es hoy una inmensa zona de exclusión que se ha extendido hasta Yapacaní, en el norte de Santa Cruz; ha invadido parques y reservas en el Beni y que toca las puertas de la capital cochabambina con señales violentas.