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Editorial
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Principio de autoridad
Jueves,  19 de Marzo, 2020
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La gente no está cooperando como se esperaba. No solo fueron esas manifestaciones primitivas de algunos que bloqueaban carreteras y el ingreso a hospitales para impedir el paso de pacientes que necesitaban atención. El miedo nos está llevando a cometer errores imperdonables que, en Italia o en España, por ejemplo, se están pagando muy caros, que están cobrando muchas vidas y ocasionando cuantiosas pérdidas económicas.

El peor error que se cometió fue pensar que el Coronavirus era un asunto de los chinos o los coreanos, como ha pasado con epidemias anteriores, pero hace varias semanas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una alerta planetaria y no se equivocó y los que se pasaron de listos fueron los que siguieron minimizando el problema.

Eso ha estado ocurriendo en nuestro país y especialmente en Santa Cruz. El Gobierno anunció varias medidas tendientes a reducir el contacto humano, a obligar a la gente a que se quede en sus casas y a reducir las posibilidades del contagio. Lamentablemente, la respuesta no fue la esperada y la ciudadanía siguió con su vida normal como si la amenaza ya hubiera pasado con la suspensión de clases o con la declaración de horario continuo. El comercio, el transporte, las instituciones donde se realizan trámites y donde se generan aglomeraciones siguieron con su ritmo normal y en algunos casos, con manifestaciones en contra de las limitaciones que tienen como fin, precisamente de proteger a la sociedad y evitar consecuencias mayores.

Se ha comprobado que el aislamiento voluntario es la mejor arma contra la propagación del virus. Es la más barata, la menos dolorosa y la más efectiva porque puede cortar el circuito de transmisión y permitir que los servicios sanitarios se concentren en los pacientes que hayan desarrollado la enfermedad o aquellos que manifiesten síntomas y que necesiten de análisis y atención especial. La gente debe comprender que ningún país, por más desarrollado que sea, posee todos los hospitales, todos los médicos, todas las unidades de terapia intensiva y todas las medicinas necesarias para hacer frente a una pandemia de la magnitud que ha adquirido en naciones prósperas.

Es verdad que hay falta de coordinación entre nuestras autoridades, que hay quienes buscan el protagonismo en medio de la crisis, que unos pecan por defecto y otros por ir demasiado rápido. Eso lo tendrán que solucionar con urgencia los responsables de tomar las decisiones cruciales, recordando que siempre se considerará exagerada cualquier medida que se tome antes de una pandemia, pero todo lo que se haga después será insuficiente.

Lo observado en los últimos días está demostrando que la población no ha captado el mensaje correcto, que hay muchos que están pecando de excesiva confianza y que por alguna razón extraña se sienten a salvo. En ese caso, es indispensable que el Estado en todas sus instancias haga prevalecer el sentido de autoridad y aplicar con todo el rigor las medidas que hagan falta, que nos obliguen a acatar las recomendaciones que nos ayuden a superar la crisis.

Es indispensable que el Estado en todas sus instancias haga prevalecer el sentido de autoridad y aplicar con todo el rigor las medidas que hagan falta, que nos obliguen a acatar las recomendaciones que nos ayuden a superar la crisis.