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Editorial
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Pecado de impaciencia
Viernes,  13  de Noviembre, 2020
Pecado-de-impaciencia

Los bolivianos cometimos el error de creer que en 25 ó 30 tendríamos una democracia con una calidad equiparable a la de países que llevan siglos perfeccionando esta forma de gobierno, definida como la peor, a excepción de todas las demás, como lo decía un sabio estadista que salvó a la humanidad de la barbarie del nazismo.

La democracia es lenta y dolorosa, mucho más en un país con una tradición autoritaria como la boliviana, donde no hemos sido capaces de darle su tiempo a la convivencia pacífica, al diálogo y la tolerancia, elementos esenciales que podrían ayudarle a la democracia a rendir frutos.

La inestabilidad es el sello de nuestra historia política. Algunos creen que esa es buena señal porque en Bolivia no somos complacientes con los tiranos, como ha sucedido en otras naciones del continente, donde los dictadores han permanecido décadas en el poder, donde existe el régimen despótico más antiguo del mundo, que no tiene miras de acabarse.

Lo trágico es que tampoco tenemos paciencia con los gobiernos democráticos. Así fue que arruinamos el periodo más extenso de alternabilidad en 2003 y le entregamos el poder a un régimen que no ha hecho más que traicionar la democracia, utilizar el voto de la población, la soberanía del pueblo y las normas, para destruir lo que se había avanzado en la conquista del estado de derecho y la institucionalidad.

Evo Morales tampoco le tuvo fe ni paciencia a la democracia. La desprecia, pese a que es el pueblo el que lo puso donde está y fue también la gente la que le quitó el espacio que profanó con el fraude y el abuso. Lamentablemente, los bolivianos también nos portamos impacientes con ese regalo que nos entregó la ciudadanía. Creímos que un par de meses habíamos asegurado la democracia y que podíamos volver a las viejas artimañas que empañaron el proceso que empezó en 1982 y que transita a tropezones, con un riesgo muy grande de estancarse o involucionar hacia situaciones degradantes desde el punto de vista político y moral y económicamente catastrófica.

Los misterios que alberga este complejo país, le han dado la oportunidad al MAS de empezar de nuevo, con otro rostro, con principios renovados y con la promesa de superar los errores cometidos en el pasado. Por un momento se creyó que esta vez, los impulsores del “proceso de cambio” asumirían el rol que les ha otorgado la historia, pero resulta claro que no tendrán la paciencia para llevar adelante un gobierno bajo los parámetros que le ha endosado el ciudadano al momento de emitir su voto.

En menos de una semana de gestión, las mismas figuras del pasado han tomado por asalto el espectro político nacional, se han apoderado de los espacios y han retomado el discurso amenazante y cargado de odio. Ha vuelto la angurria y la avidez por el poder y esa es mala noticia para la democracia que deberá seguir esperando su oportunidad para salir adelante.

En menos de una semana de gestión, las mismas figuras del pasado han tomado por asalto el espectro político nacional, se han apoderado de los espacios y han retomado el discurso amenazante y cargado de odio. Ha vuelto la angurria y la avidez por el poder y esa es mala noticia para la democracia que deberá seguir esperando su oportunidad para salir adelante.

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