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Editorial
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Ni isla, ni fantasía
Viernes,  2 de Agosto, 2019
Ni-isla,-ni-fantasia

El vicepresidente García Linera fue el primero en responder a los comentarios sobre la pobreza, del candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, en base a un estudio del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), que asegura que el 61 por ciento de la población boliviana sufre pobreza multidimensional, en tanto que en algunos sectores como los campesinos esta cifra supera el 70 por ciento y en el departamento de Potosí, el promedio alcanza el 68 por ciento.

El segundo mandatario evitó referirse a la ONG que hizo el estudio, pues se trata de una de las más prestigiosas del país y que en su momento le proporcionó abundante material al MAS para retratar al país del que se hizo cargo en 2006 y que supuestamente es radicalmente distinto al de hoy.

Tampoco habló de los datos en general, sino que se refirió sólo a la pobreza extrema, dimensión con la que viene machacando desde hace años y que de acuerdo a cifras oficiales ha caído del 39 al 15 por ciento, gracias a la política de distribución de bonos de subsistencia vigentes desde hace trece años.

De acuerdo a la teoría económica se considera pobreza extrema cuando las familias atraviesan más de una carencia y ni siquiera pueden costear lo indispensable para la alimentación. Sacar a muchos bolivianos de esa franja ha sido relativamente fácil para un gobierno que administró la mayor bonanza económica de la historia del país con cinco o seis veces más recursos que en el pasado. Lo lamentable es que no haya pasado de ese nivel y que Bolivia siga figurando en los últimos lugares de los índices latinoamericanos. Eso es precisamente lo que ha mostrado el Cedla.

El informe no se concentra sólo en los ingresos, otro error que suelen cometer deliberadamente los políticos para disimular la realidad. Pobre es también el que no tiene acceso a la salud, carece de empleo digno y tampoco goza de educación de calidad. En todos estos ámbitos, Bolivia sigue siendo uno de los países con mayor desigualdad en el continente, donde persisten desventajas como acceso a recursos, oportunidades, participación política y seguridad ciudadana para la gran mayoría de los habitantes. El enfoque integral también abarca la negación de los derechos humanos, el déficit de servicios públicos  y otras fallas estructurales que excluyen a millones de bolivianos.

Si bien en materia de ingresos, el 34 por ciento de los bolivianos son considerados pobres,  el doble de ellos pertenece al inmenso grupo de los que está rezagados en los aspectos que el Gobierno ha descuidado y que están manifestándose, por ejemplo, a través de los conflictos de salud que ponen en aprietos al régimen.

El otro dato que le incomoda al Gobierno, que no deja de repetir que vivimos en una isla de prosperidad, es que Bolivia es el país que menos redujo la pobreza en la región, apenas 0,1 por ciento desde 2016. Esta información no es de Carlos Mesa ni del Cedla, sino de la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Si bien en materia de ingresos, el 34 por ciento de los bolivianos son considerados pobres,  el doble de ellos pertenece al inmenso grupo de los que está rezagados en los aspectos que el Gobierno ha descuidado y que están manifestándose, por ejemplo, a través de los conflictos de salud que ponen en aprietos al régimen.

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