Siguenos en:
Domingo
 15 de Diciembre de 2019
Editorial
Editorial
Mentiras versus realidad
Martes,  13 de Agosto, 2019
Mentiras-versus-realidad

Una de las imágenes más icónicas posteriores al triunfo de Mauricio Macri en 2015, fue la de una mujer que se quejaba frente a las cámaras de televisión por el recorte de algunos bonos y asignaciones estatales que concedía el régimen de Cristina Fernández. “Ahora vamos a tener que laburar (trabajar)”, decía la señora, una de las millones de beneficiarias de las bolsas de alimentos, de subsidios por el número de hijos, de tarifas casi regaladas de los servicios públicos y de decenas de otros privilegios que viene repartiendo el peronismo desde hace 70 años y que el Kirchnerismo elevó a su máxima expresión al extremo de poner al borde del cese de pagos de la deuda a la segunda economía más importante de América del Sur.

Esa mujer de la que hablábamos lucía muy pobre y necesitada, pero eso no es requisito para la enorme cantidad de dádivas que entrega sistemáticamente el Estado argentino a más de la mitad de la población, que además de recibir estos beneficios simultáneamente también percibe un sueldo como empleado público, ya sea real o fantasma. En algunas provincias hay más funcionarios que trabajadores de empresas privadas y es tan grande el fenómeno, que los edificios públicos no dan abasto y exigen que sus dependientes solo vayan una vez al mes a su puesto, a cobrar el sueldo.

Ese modelo 60-40, es decir, un 60 por ciento de la población que vive del otro 40 por ciento que trabaja, funciona bien cuando el precio de la soya y otros productos agropecuarios son muy altos y cuando el Fondo Monetario Internacional les abre la mano a los argentinos, confiado en que algún Macri, un Menem o un De La Rúa van a cumplir con cambiar ese régimen cuya ruta es la eterna crisis. En la región, Argentina es el país con la recesión más persistente y de no haber sido por el reciente salvavidas que recibió del odiado organismo financiero, los argentinos estarían hoy en las mismas que los venezolanos, como pasó a fines de los años 90.

En aquel tiempo, cuando los saqueos se multiplicaban en las calles de las principales ciudades argentinas, se popularizó un grafitti callejero que decía “Ya basta de realidad, queremos más mentiras”. En ese momento hicieron su aparición en el escenario político los esposos Kirchner, quienes gobernaron durante 12 años el país en el marco de una de las bonanzas más importantes de la historia del país, tal como sucedió con todos los regímenes populistas de la región, que coincidieron en el tiempo, en el contexto económico favorable, pero también en el saqueo y el derroche que dejaron al país en una crisis sin precedentes.

Los argentinos parecen haber tomado nuevamente una decisión y esta se inclina por la mentira. Lo hacen a pesar de que Macri apenas maquilló el populismo que le dejó Cristina Fernández. La gente no se arriesga, al final de cuentas cumple el sueño de millones de vivir sin trabajar, aunque eso signifique sufrir una resaca cada tanto. En Bolivia estamos ante la misma encrucijada, aunque las consecuencias de una mala decisión podrían ser peores.

Los argentinos parecen haber tomado nuevamente una decisión y esta se inclina por la mentira. Lo hacen a pesar de que Macri apenas maquilló el populismo que le dejó Cristina Fernández. La gente no se se arriesga, al final de cuentas cumple el sueño de millones de vivir sin trabajar, aunque eso signifique sufrir una resaca cada tanto. En Bolivia estamos ante la misma encrucijada, aunque las consecuencias de una mala decisión podrían ser peores.