Siguenos en:
Domingo
 19 de Mayo de 2019
Dia 7
Autobiografía inédita
Memorias de mi cautiverio
El testimonio de Julio Álvarez la Faye rescatado por su hijo
Domingo,  12 de Mayo, 2019
Memorias-de-mi-cautiverio

El legado de mi padre, hombre valiente, inquebrantable y de convicciones firmes, con principios y valores muy bien definidos en la honestidad y el amor a su Patria Bolivia, nunca claudicó su amor por nuestra amada Patria, un verdadero soldado de los que hoy ya son pocos “Un Militar de Honor”.

Ahora debo pasar a mis hijos esa herencia que no es Económica, es de principios y valores, es un legado de amor, compromiso, valentía y respeto, pero algo más importante y que ya forma parte de mí es la herencia espiritual, el ser creyente, el amar a Dios sobre todas las cosas.

Antes de presentar las “MEMORIAS DE MI CAUTIVERIO” creo importante mencionar que recién hace un tiempo atrás me entró un interés muy grande por la vida de un hombre excepcional – Mi Padre - no tuve la alegría de compartir mi juventud con él, me hubiera gustado mucho conocerlo y nutrirme de la historia y en especial de su vida. Murió cuando yo tenía tan solo 9 años. Tengo recuerdos muy vagos y vacíos, pero doy gracias a Dios el haber encontrado los escritos de las “MEMORIAS DE MI CAUTIVERIO” entrepapelados y casi ocultos por el tiempo.

Hace unos días leía sobre el Legado Familiar y su descendencia y algo que me impactó fue una definición que se aplica a lo que voy buscando de Julio ´Ålvarez La Faye y dice así:

El Legado Familiar no solamente incluye la propiedad y el patrimonio económico, es un concepto mucho más amplio, que toma en cuenta el patrimonio emocional, y sobre todo incluye una serie de valores y “formas” de realizar las cosas que diferencian e identifican a cada familia.

Al morir mi padre quedo un vacío en mi vida por 50 años, ahora estoy en condiciones de buscar ese legítimo Legado Familiar y traspasarlos a mis hijos para que a su vez sea traspasados a los hijos de ellos.

La prematura muerte de mi padre fue en el año 1969 en el accidente del avión del Lloyd Aéreo Boliviano en el nevado del Illimani cerca de la mina Viloco.

Mi padre viajó con el presidente Luis Adolfo Siles Salinas a la inauguración de la Feria de Santa Cruz, dos días después Ovando Candia dio el golpe militar y Luis Adolfo Siles Salinas tuvo que salir rumbo a Chile. Mi padre se embarcó el 26 de septiembre en el único avión del LAB que retornaba a La Paz con todo el equipo de fútbol de The Strongest, dos horas después la trágica noticia - el avión fue declarado en emergencia y ahí comenzó otra historia que más adelante se contará (¿accidente o asesinato).

MEMORIAS DE MI CAUTIVERIO suena a película de cine, pero lo que ustedes van a leer es el relato veraz y atroz de lo que un ser humano es capaz de resistir. Los tiempos vividos en la política del año 1952 es de terror, el MNR captó muy bien el genocidio nazi y prácticamente lo instauró en Bolivia, con carceleros rudos y sanguinarios.

Muchos militantes del MNR conocieron esta triste y vergonzosa actitud asumida por el presidente Víctor Paz Estenssoro y su colaborador inmediato Claudio San Román, el ejecutor del trabajo sucio, pero callaban por comodidad financiera y política, otros por temor a ser acusados de conspirar contra el MNR.

Este material no tiene ningún acto de venganza o rencilla, únicamente recordar que no debemos callar y menos ser indiferentes de la vida política de nuestro país.

Termino agradeciendo a Dios por darme claridad en lo que escribo y sobre todo porque puso en mi corazón algo que quizás nunca hubiera buscado y es el legado de Julio Álvarez La Faye para mi familia.

El Legado Familiar no solamente incluye la propiedad y el patrimonio económico, es un concepto mucho más amplio, que toma en cuenta el patrimonio emocional, y sobre todo incluye una serie de valores y “formas” de realizar las cosas que diferencian e identifican a cada familia.

El MNR y parte de su historia

Un hecho desconocido para la mayoría de los bolivianos, el MNR se contagió del sentimiento nazi para instalar esos campos en varias localidades del país.

Bolivia tuvo campos de concentración en el primer gobierno del MNR muy parecidos a los instalados por los alemanes. Hace mucho tiempo lo dijimos y ahora lo volvemos a reiterar que Bolivia tuvo como entre uno de los peores gobiernos, al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); no es porque lo digamos nosotros, sino porque lo dice la historia. 

Ya que detrás de cada supuesta buena intención, siempre estuvo una negativa que atentó siempre contra los intereses del país, aunque en ese momento no era visible y menos perceptible para la población.

El MNR fue fundado oficialmente el 2 de junio de 1942, a partir de ese momento estuvo presente en cada decisión política o influyó positiva o negativamente para sus propios intereses, como claros ejemplos, fue su participación en el golpe de estado del 1943, cuando junto a la logia Razón de Patria (Radepa) de Gualberto Villarroel, sacaron del Palacio de Gobierno a Enrique Peñaranda.

También fueron artífices años después de la caída de Villarroel, al que apoyaron hasta días antes de su caída. Desde ese momento fueron siendo los artífices de la revolución del 9 de abril de 1952, con la única finalidad de tomar el poder.

Pero antes, fueron activos partícipes políticos del país. El MNR conspiró en el gobierno de Enrique Hertzog en 1947, promoviendo un enfrentamiento entre mineros y obreros, logró su renuncia y asumió Mamerto Urriolagoitia, que durante su interinato, sufrió un levantamiento liderizado por el partido rosado, con la participación de mineros. Corría el 27 de agosto de 1949.

Trató de frenar el crecimiento movimientista y tras la victoria del MNR en las elecciones de 1951, el 16 de junio Urriolagoitia decide darse un autogolpe, denominado como el "mamertazo" y entrega el poder a una junta militar, a cargo del militar Hugo Ballivián.

Sin embargo, el MNR estaba muy bien organizado en cuadros, casi al estilo militar. Advirtieron con vehemencia que tomarían el poder, pese al anuncio de la junta militar de convocar a elecciones en 1952, comicios que jamás se desarrollaron, porque la presión social azuzada por el movimientismo, llevó contra la lona a Ballivián.

Fue uno de sus ministros, Antonio Seleme, quien conspiró contra su propio gobierno al ser informante del MNR para propiciar la revolución del 9 de abril de 1952, que en realidad estaba programada para el 12 de abril. Aquel movimiento tenía que hacerse con partidarios de la Falange Socialista Boliviana (FSB), sin embargo, por la disputa en planes de gobierno y cargos, la FSB, se desmarcó de la revolución que dejó 490 muertos y más de 1.000 heridos.

Los aliados del MNR fueron los mineros que ayudaron a consolidar la toma del poder.

La primera participación del MNR en 1952, lo hizo en co gobierno con la Central Obrera Boliviana (COB) fundada el 17 de abril del mismo año, por Juan Lechín Oquendo.

Los campos
Volviendo al tema central, el MNR fue un gobierno negativo para el país y producto de ello, fue que para sacar del camino a sus opositores, instaló campos de concentración en distintas localidades del país, para encarcelar a los denominados presos políticos, algo similar está ocurriendo actualmente, con la diferencia de que no existen ahora campos de concentración y por el contrario las cárceles son utilizadas para este fin.

Fue una dictadura implícita del partido rosado, que aplicó métodos violentos y represivos de control, es así que el 23 de octubre de 1952, a través del Decreto Supremo DS.02221, Víctor Paz Estenssoro establece prisiones bajo administración militar en Coro Coro (La Paz), Uncía y Catavi (Potosí) y Curahuara de Carangas en Oruro.

Como lo dijimos, allí eran llevados los presos políticos, opositores al gobierno del MNR, principalmente de Falange Socialista Boliviana, que eran vejados y torturados sin piedad. Según relato de algunos presos políticos como Gad Lemús, la prisión de Coro Coro era el purgatorio, mientras que Curahuara de Carangas, era el averno.

En Catavi en 1953 había un contingente de 131 presos; mientras que en Curahuara entre 1953 y 1954, 254 presos.

Relato
El Teniente Bacarreza mandó una formación del 23 de mayo y ordenó que los prisioneros alojados en la celda del lado Oeste del cuartel, las desocuparan y tomaran sitio en las barracas del frente.

• Eso les conviene -dijo a modo de explicación- porque entre ustedes ya se conocen.

Sus ambiguas palabras dieron a entender que otra carne de presidio ocuparía las celdas más frías, más oscuras y destartaladas del campamento. Pronto fue una triste certidumbre cuando el Teniente, contestando a las interrogaciones de Lemús, le confió que estaban por llegar presos de Uncía y marchaban a Curahuara los del clausurado campo de Catavi.

Los infelices supieron entonces que el establecimiento de un nuevo campo de concentración, que el pasado mes de diciembre carecía de posibilidad concreta, habíase convertido en certidumbre.

¡Guay de los desdichados que fueran conducidos a la lejana frontera occidental!
¡Curahuara de Carangas, Siberia del altiplánico país, escenario ideal, incrustado en la infinitud de la pampa saliente y helada para que los forzados y galeotes agonicen de terror, hambre y soledad!

Otro relato es lo sucedido con Jaime Villarreal, quien fue prisionero sin ser político, por el simple hecho de trabajar en la fábrica de catres del falangista Víctor Kellemberger.

Las privaciones, preocupaciones, castigos materiales y el trabajo forzado, habían desembocado en la tuberculosis pulmonar que sobrellevaba pacientemente, perdiendo peso a ojos vista. Su rostro naturalmente blanco, se cubrió de intensa palidez, y sus mejillas, a los 25 años, comenzaron a hundirse.

Ninguna consideración impidió, no obstante, que Gallardo dispusiera su inhumano flagelamiento.

El centenar de latigazos que su enflaquecida carne soportó heroicamente, terminó por sumirlo en cama acelerando las secuelas de su tremenda enfermedad.

Relatos de estos hay muchos, pero quisimos rescatar un par de ellos, para que simplemente se den cuenta de la atrocidad y el horror que se vivió en el gobierno de Víctor Paz Estenssoro y quien volvería a ser presidente de Bolivia, por otras tres gestiones más, sin que el pueblo se dé cuenta de los crímenes de lesa humanidad que cometió. Los bolivianos lo eligieron sin tener memoria.

Presos
Es interminable la lista de presos que llegaron a esos campos de concentración que eran dirigidos por el entonces ministro de Gobierno, Federico Fortún. 

Mientras que Claudio San Román, Luis Gayán Contador, Emilio Arze Zapata, Alberto Bloomfield, René Gallardo, Juan Peppla y Adhemar Menacho, fueron encargados de las torturas y vejámenes, que para muchos presos políticos fue  una triste memoria por el sufrimiento en los campos de concentración del llamado "control político".

De los mencionados unos estaban a la cabeza del sistema represivo, otros dirigían los campos, y otros directamente eran los que se encargaban de las torturas a los detenidos.

Se justificó esos excesos con el argumento de que se ejercía una violencia revolucionaria y antioligárquica para sostener la estabilidad de la Revolución. Este proceso fue uno de los más criticables del gobierno movimientista, en la que la intransigencia y los abusos se convirtieron en el pan de cada día. 

Bibliografía Consultada
Historia de Bolivia, José de Mesa, Teresa Gisbert, Carlos D. Mesa.
Campos de Concentración en Bolivia, Fernando Loayza Beltrán.

Los temibles campos de concentración en Bolivia

Por: Remy 
Solares

 

Los temibles campos de concentración en Bolivia eran recintos destinados a enclaustrar a prisioneros políticos opositores al MNR. En estas tenebrosas prisioneras se torturaba, sometía a trabajos esclavizantes, horrendos e inhumanos y se llegaba a matar a quienes intentaban huir. Muchos prisioneros fueron declarados desaparecidos, cuyo destino nunca se supo. Estos campos de tortura fueron oficializados por DS 3.619 de 28 de enero de 1954 por Víctor Paz Estenssoro. Antes de este decreto ya funcionaba el Campo de Concentración de Coro Coro, desde junio de 1953. Los demás campos de concentración, como los de Uncía, Catavi, Siglo XX y Curahuara de Carangas, fueron habilitados porque los prisioneros ya sumaban miles.

Ante el repudio del pueblo y la heroica lucha de Falange Socialista Boliviana (FSB), que con ideales y principios defendió la democracia y la libertad, contra la represión y violencia política de los gobiernos del MNR, esos campos fueron cerrados en junio de 1956.

Cuando el gobierno de Hernán Siles Zuazo se disponía a reabrir estos campos de concentración, enviando 47 prisioneros falangistas en septiembre de 1956, el avión que trasportaba a los presos desde Santa Cruz fue secuestrado con valiente acción por los mismos prisioneros, en espectacular fuga, desviando el avión a Salta-Argentina, donde se denunció la existencia de tales campos en Bolivia. Siles Zuazo se vio obligado a no reabrirlos ante la fuerte crítica internacional.

Entre algunos vejámenes y padecimientos sufridos se puede citar: incomunicación completa; solo se permitía satisfacer necesidades biológicas una vez al día, a la intemperie, bajo vigilancia de guardias; los alimentos generalmente estaban podridos, había días sin comida; con frecuencia se sometía a trabajos de esclavitud, recogiendo leña sobre espaldas golpeadas en distancias de 5 a 10 Km. 

Esta leña la vendían los milicianos del MNR en el pueblo; muchos presos andaban descalzos y con andrajos; castigados eran dejados a la intemperie en invierno; eran apaleados sin motivo.

En Curahuara de Carangas, el excuartel del Regimiento Andino tenía capacidad para 300 personas, donde en ambientes reducidos se hacinaban los prisioneros. 

Este campo de concentración se abrió por instrucción de Paz Estenssoro, por sugerencia de José Fellman Velarde, para recibir presos de otros campos de concentración. Los 300 prisioneros llevados a este siniestro campo en 1954 fueron transportados en tren durante tres días sin agua ni alimentos. En mayo de 1954 entraron otros 200 prisioneros. El 17 de junio del mismo año llegaron 17 detenidos más. Entre los gobernantes de este campo se encontraba Alberto Blomfiel. A cualquier hora de la noche se pasaba lista y se torturaba con cualquier pretexto. 

Sin atención médica las víctimas se atendían entre sí. El frío congelaba en la noche. Los prisioneros que llegaban eran saqueados por los milicianos y quedaban sin frazadas y enseres.

Una fuga frustrada de 15 falangistas hizo que todos estuviesen varios días bajo tormentos, trabajos forzados, ejercicios extenuantes y eran azotados.

Perversamente se fomentaba espionaje bajo promesa de pronta libertad, a quienes se presionaba para que torturen a sus propios camaradas amigos de infortunio.

Es justo reconocer que en estos campos de concentración no solo estaban prisioneros dirigentes y militantes de FSB, sino también militares, universitarios, ciudadanos en general que no aceptaban la arbitrariedad de los gobiernos de MNR. Ahí también fue prisionero don Demetrio Canelas, el Dr. Fernando Beltrán Loayza, autor del libro “Campos de concentración en Bolivia”, donde se relata muchos otros hechos increíbles por la perversidad.

El campo de concentración Curahuara de Carangas fue convertido hace meses en un museo folclórico, cuando debía mantenerse como testimonio de barbarie y sufrimiento, para que nunca se repitan los hechos mencionados.

¿Por qué La Ley 2.640 de Resarcimiento económico a víctimas de la violencia política ignora estos hechos? La historia juzgará algún día.

Recuerdo que Óscar Únzaga de la Vega, asesinado en la calle Larecaja Nº 188 de la ciudad de La Paz el 19 de abril de 1959, cuando también fueron fusilados 23 jóvenes dirigentes de FSB en el Cuartel Sucre.

'LA LUCHA POR IDEALES Y PRINCIPIOS NO TIENE PRECIO'

Nunca hubo más barbarie ni crímenes a lo largo de la vida política en Bolivia.


Carceleros y torturadores, control político del MNR

La vida de san román
Nació en el Valle de Carasa, hoy Santiváñez,  en el departamento de Cochabamba. Su niñez fue oscura y  fue criado por un tío que de acuerdo a las fuentes, lo ocupaba para hacer los mandados y cargar pesados bultos del mercado.

De una infancia vacía  de amor,  ya joven, con la necesidad de independizarse de su duro pasado, se fue a La Paz y se enroló  en la escuela de Clases, que esa vez quedaba en San Jorge.

Partió como cabo  a la Guerra del Chaco, volvió  con el grado de sargento  reenganchado en el Ejército. Nada promisorio  en su ascenso y como militar de baja graduación, tuvo que dar  cumplimiento  a los diferentes destinos en Bolivia.

Durante el gobierno de Gualberto Villarroel en 1943, su paisano José Escobar le ofreció un cargo  en el Departamento de Investigación Especial. Desde allí se le abrió el horizonte promisorio pese a ser semiletrado y  comenzó a obrar con astucia y viajar becado a los EEUU. Para entonces ya tenía el grado de teniente de Ejército. Allí fueron afinados sus atributos personales por el Federal Bureau Investigation FBI.

Aprendió el arte de acosar al ser humano, darle caza, y sobre todo, los infalibles métodos de tortura para hacerle hablar y confesar”. Era todo un profesional.

En 1946 fue colgado Villarroel en la Plaza Murillo  y quedaron  el MNR y Razón de Patria desarticulados, pero  lo peor, que le sucedió; le dieron de baja del Ejército.

San Román solicitó ser reincorporado al Ejército y le negaron. También se dirigió  a la Policía con su título del FBI y tampoco lo aceptaron. Fue soplón del Departamento segundo del Ejército, estuvo en el panóptico de San Pedro como preso en 1949. Fue tildado de informante dentro la cárcel y salió para desaparecer.

Naturalmente, al producirse el triunfo movimientista en abril de 1952, San Román fue uno de los primeros en aparecer mezclándose entre los revolucionarios, y por supuesto demandando su cuota en la repartija de situaciones.

Se hizo reincorporar al Ejército, también restituir los sueldos de los años perdidos por la baja, y así se encaramó de a poco en la difícil lucha de ganarse la confianza del ministro de Gobierno Federico Fortún,  a fuerza de brutalidad, inteligencia y sagacidad.

"Curahuara de Carangas, palomita, testigo de mis horrores, ciento por ciento me han de pagar", así coreaban los falangistas torturados en la calle Potosí, luego  trasladados al panóptico y luego a los campos de concentración de Coro Coro, Catavi, Uncía; y los más peligrosos para el gobierno, a Curahuara de Carangas, cerca al nevado Sajama donde las temperaturas suelen bajar hasta 25 grados bajo cero.

San Román fue el creador del Control Político y durante doce años fue  una dependencia funesta y temida en la que se cometieron todos los excesos y se hollaron todos los derechos bajo  su dirección, alma y cerebro de la organización.

Llenar de presos las cárceles

Para San Román, tener las cárceles llenas era su mayor satisfacción,  a mayor cantidad de presos, mayor el presupuesto y solía enfadarse cuando no tenía carne para torturar.

“Solía gritar a sus esbirros  profesionales,  que a su retorno quería ver por lo menos algunos dientes de los presos en el piso”. Las sumas que manejaba San Román eran impresionantes. Baste anotar que el periodo  del año 1964 se asignaron al capítulo de Gastos Reservados 232 mil millones de bolivianos, que eran manejados casi íntegramente por San Román, y que hay que agregar 52 millones que recibía para pago de sueldos mensuales a los milicianos; 3.500 dólares mensuales de ese entonces que nunca fueron explicados y otros 1.000 dólares  más, también mensuales, que se le entregaba directamente, por orden expresa del presidente de la república.

Pero vamos al patio de la Casona. Todos los que estaban formados en el patio recibieron un entrenamiento en violación de correspondencia, escuchas telefónicas, seguimiento  personal constante, técnicas de tortura sofisticadas y  criolla con el único fin de proteger al  Estado del MNR. Además, todos habían regresado de la guerra del Chaco  y amaban disparar por cualquier motivo. 

Casona aterradora
La planta baja estaba íntegramente destinada a las celdas para los presos, existiendo en una de ellas un recinto subterráneo destinado al castigo de los detenidos que, por su estado de salud, ya no podían soportar tormentos más violentos.

El segundo piso albergaba algunas oficinas y algunas celdas; pero, principalmente  estaba destinado a las salas de tortura, como la llamada cámara de gases, por ejemplo, donde eran encerrados  aquellos elementos que se resistían a revelar sus presuntos secretos. Allí se utilizaban gases lacrimógenos, gases fétidos, gases vomitivos hasta gases que provocaban la risa destrozando el sistema nervioso,  que  desesperan  y martirizan a la víctima, llegando inclusive hasta enfermarla gravemente.

En otra sala de regulares proporciones, existían varios aparatos destinados al castigo de los detenidos rebeldes o reacios a contestar adecuadamente las preguntas que se les hacían.

El potro del tormento, una máquina conocida desde el medioevo para atormentar a los presos; el “chanchito” cuyas horribles consecuencias eran heridas de vidrio roto en el pecho y en la cara de la víctima; las “roldanas” que se aplicaban atando al detenido de los pies y estirándole de los pies mediante un fierro  que era pasado debajo de los brazos, utilizando un sistema de cadenas y roldanas”.

Con estos tres sistemas de tortura, se obtenían generalmente los resultados apetecidos, pues a cualquiera le resulta en extremo difícil soportar por mucho tiempo los agudos dolores que su aplicación provoca. Existía además un cuarto especial, conocido  como el ”Cuartito Azul”, que estaba revestido de cemento, para “bañar” al preso que se desmayaba o que evidentemente no podía soportar castigos peores.  

Allí se le baldeaba intermitentemente y, por fin, se lo dejaba  toda la noche, desnudo o semidesnudo, el  cuartucho que tenía agua hasta cierta altura”.

Finalmente, el tercer piso estaba destinada a almacenar y revisar toda la correspondencia que se sustraía de correos , así como todos los libros y folletos, que calificados como propaganda comunista o falangista por el experto español Francisco Lluch Urbano.

Las cartas  eran secuestradas en valijas  de las dependencias postales. Había en este piso, igualmente, un corredor aparentemente para las prácticas de tiro de los agentes del Control Político; pero que con mucha frecuencia servía para simular fusilamientos, causando en las víctimas de tan inhumana comedia graves alteraciones nerviosas y hasta síquicas.

El Control político inició sus actividades en 1953 con un total de 150 agentes, que poco a poco fueron en aumento hasta llegar en 1964 a 600 aproximadamente, solo en La Paz y sin contar confidentes, y soplones que no ganaban  sueldos, aunque sí recibían jugosas comisiones, las prostitutas, los peluqueros, los lustrabotas,  taxistas y otros,  por ser ellos,  los escuchas  y delatores  contra potenciales enemigos del gobierno.

Casona del control político del M.N.R.

Tenía las ventanas cubiertas de madera  para evitar que se escuchen los gritos de los torturados.

Cae la noche y un constante aguacero detiene mi marcha por la calle Potosí y Yanacocha en La Paz, allí sigue en pie una maciza casona republicana, con ventanales opacos de principios del siglo XX y vetustos balcones que cuelgan peligrosamente hacia la calle.

Parece que este edificio, nunca tuvo color, tal vez nadie sintió apego ni se sintió atraído por ella,  desde joven hasta vieja; siempre lució igual, sin color ni sonrisa sin amor.

Ingreso a ella y continúa la lluvia con un  viento que me estremece, de rato en rato por los fuertes truenos que caen en la cordillera y se amplifican en la profundidad de la ciudad.

Cada rayo ilumina la ciudad, menos esta casa, que está completamente cerrada por sus cuatro lados, siempre estuvo así, prisionera de los gritos internos.

Me deslizo por un zaguán  que conecta  al patio casi cuadrado; observo las habitaciones de la planta baja y alzo la cabeza con temor  hacia el  primer y segundo piso que mantienen sus corredores y balcones de hierro forjado que permanecen fríos, sólidos y apáticos a mi presencia.

Estoy en la casa más abominable del pasado movimientista, imagino en cada espacio un murmullo  inusual de  gente que corre por sus escaleras, escucho los tiros aislados de la lejanía y duele  ver a tanta gente asustada que  ingresa  a ella por razones políticas, los han capturado.

Me doy  un respiro profundo, cierro los ojos y los vuelvo abrir. Están en frente mío y bien formados  los agentes del Control Político del MNR. 

Tenía las ventanas cubiertas de madera  para evitar que se escuchen los gritos de los torturados

En medio del patio un hombre, muy moreno, algunos lo tildan de negro,  cuello grueso y robusto, tiene  poco cabello, está casi calvo, tienen una voz que estremece todo el ambiente y arenga a sus subordinados con palabras durísimas de tinte cuarteril.

Están también Luis Gayán Contador, antiguo mercenario chileno que sirvió en la Guerra del Chaco y segundo en la jerarquía. A lado Ademar Menacho  obeso pero fuerte como un oso, y aburrido de la arenga del jefe Claudio San Román.

Luego observo a Jorge Orozco Lorenzety, René Gallardo Sempértegui, Óscar Arano Peredo, Mario Zuleta,  José Soria Galvarro,  Raúl Gómez, Andrés Herbas Ramallo y otros que conformaban ese grupo de agentes y milicianos que están a las órdenes de San Román.

Es el aparato de represión mejor organizado de la Bolivia contemporánea, dejando muy atrás a otros,  que siempre existieron en nuestra historia, sean democráticos o  dictatoriales,  y que les permitió a los presidentes, respirar por más tiempo en el poder.

El jefe, es San Román,  entrenado por el FBI en las técnicas de persecución humana, de martirizar  y castigar con  violencia  extrema especialmente  a sus enemigos políticos, los falangistas.

Fue el creador  de la policía política organizada en Bolivia y supo fusionar con otras técnicas de tortura  de la Checka, Rusa y la Gestapo alemán; además  modernizaron los sistemas de  control  de   archivos de seguimiento, ficheros   para el manejo   de la información  precisa,  de cada ciudadano, de asociaciones, sindicatos, empresarios, comerciantes  o cualquier  militante del partido  o de la oposición, NADIE se salvaba. 

Todo estaba perfectamente organizado y con un presupuesto altísimo que salía del Estado, a través  del ítem: “Gastos Reservados”.

“San Román y Control Político recibía directamente los fondos asignados en el presupuesto General de la Nación, además de otras sumas extraordinarias  que la Corporación Minera de Bolivia debía entregar cuando se presentaba alguna emergencia”.

Luis Gayán Contador 
(Chileno) – Torturador

A las 11 de aquel mismo día, yo, Hernán Landívar Flores, fui sacado de mi celda y llevado ante Luis Gayán Contador.  Al ingresar a su oficina lo encontré sentado detrás de su escritorio.

Inmediatamente me di cuenta que sobre él,  con solo mirarlo, que la leyenda de  terror que sobre él corría en el pueblo boliviano era cierta.

Al primer golpe de vista uno comprendía estar ante un degenerado. Era sencillamente repulsivo. Con un ojo desviado, la mirada fría del único ojo que se fijaba en uno,  era trágico. Parecía un poseído. Al levantarse de su asiento su figura  me pareció grotesca.

Hombre corpulento de más de 1 metro con 80 centímetros y cien o más kilos de peso. Sus ojos tenían una aureola roja de hombre habitualmente aficionado al alcohol. Su tufo era asqueroso y salía de su cuerpo un olor repugnante. Tenía colgado del cuello un tirante especial del cuál pendía una cachiporra de goma con la punta emplomada”.

El chileno Luis Gayán Contador fue contratado por la llamada revolución nacional, de  pésimos antecedentes, fichado en su propia patria por robos y crímenes y dado de baja del Cuerpo de Carabineros de Chile con ignominia, para torturar a los bolivianos.

¿Niega usted ser amigo del señor Unzaga?
No, no niego, soy su amigo y lo estimo muchísimo, pero no sé dónde se encuentra.

Luego Gayán suavizó la voz, se sentó y me dijo: “El presidente  Paz Estenssoro es magnánimo y le promete que olvidará sus trajines subversivos  si usted  nos indica 

dónde se encuentra el señor Unzaga y Ambrosio García. Le daremos un cargo en el Consulado de Bolivia en Buenos Aires y dos millones de bolivianos. ¿Acepta usted?, no pierda esta ocasión que es la única salvación que le queda. Piense en su mujer y sus hijos…! Pueden quedar sin padre!.

Me es imposible indicarle el domicilio del Sr. Unzaga ni de García  porque no sé dónde viven. Nadie puede confesar lo que no sabe. Además aun cuando lo supiera no se lo diría, pues no nací delator.

Gayán saltó de su asiento y se lanzó sobre mí . Caí al suelo por supuesto al recibir el impacto de semejante mole. Traté de levantarme  y no lo conseguí. Me dio un pisotón en el estómago y quedé desmayado.  Volví en mí al recibir un chorro de agua fría en la cara. Cuando trataba de incorporarme, Gayán se echó sobre mí, puso sus rodillas sobre mi vientre  y con sus dos manazas asquerosas me tomó de la cabeza  y comenzó a golpearla contra el suelo. Yo pensé que no resistiría  un minuto más. Luego con una brutalidad increíble  introdujo sus dedos pulgares en mis ojos  y me los iba oprimiendo lenta y despiadadamente.

Yo no veía estrellas, veía venir la muerte, sentía un sudor frío y un desvanecimiento que  me iba anestesiando el alma. El dolor era desesperante, el torturador no cesaba de decir:

Dónde está el señor Unzaga… Unzaga… Unzaga, dónde está? Y me arrojaba a las narices su hedor y su saliva.

Cuando volví en mí, me encontraba completamente desnudo y con las manos atadas. Gayán estaba solo y me contemplaba con mirada siniestra. Luego tomó unos aparatos que no alcancé a precisar, pero que parecían castañuelas, me agarró con ellos los testículos y me los fue oprimiendo poco a poco, brutalmente.

Fue terrible aquello. Nunca había sufrido dolor más grande. Me retorcía, me desmayaba, volvía a recuperar  el sentido para seguir sufriendo la misma tortura y oír las mismas inquisiciones: “¿Dónde está Unzaga…. Unzaga y al final García,…García?.

Sus palabras ya no tenían felizmente sentido para mí. Saciado ya de haberme torturado y sin haber conseguido la delación que perseguía,  Gayán volvió a llamar a sus ayudantes y les ordenó: “llévenlo al Panóptico y si no habla mátenlo”. 

Dirigiéndose  a su principal secuaz Jorge Rioja, le dijo: 
“Tú me respondes de este carajo”. 

Las torturas siguieron en el Panóptico…

01 - El Panóptico Nacional

Inicio la publicación de los recuerdos de una parte de la vida de prisión y de las persecuciones que me tocó sufrir durante la época del M.N.R. estos relatos estarán centrados en el período durante el cual padecí los horrores del campo de concentración de Curahuara de Carangas. En otra ocasión espero poder referirme a los sucesos vividos antes y después de este período. Estos escritos no estarán inspirados por el rencor sino, estrictamente por el deseo de que las atrocidades de que me tocó ser víctima y testigo no se repitan nunca más en nuestra Patria.

Me es grato hacer constar mi reconocimiento al Sr. Jorge Siles Salinas cuyo estímulo y cooperación han contribuido, en gran parte, a que salgan estos recuerdos.

En Noviembre de 1954 me encontraba en una sección del Panóptico Nacional cuando apareció en el penal Adhemar Menacho, debo decir que siempre que se presentaba en la cárcel dicho sujeto era para causar algún mal a los presos; su presencia fría siempre era un redoblamiento de las penalidades de los prisioneros, fuese para insultar o hacer golpear a aquellos, fuese para ensañarse especialmente con alguno de los encarcelados, como en el caso del Gral. Bernardino Bilbao, a quien se gozaba en humillar y escarnecer.

Con las palabras y en la forma acostumbrada, me indicó Menacho que alistara mis cosas, sin darme ninguna explicación. Debo hacer constar que en esos días reinaba un ambiente de zozobra entre los presos; circulaban toda clase de rumores y de comentarios, a cual más alarmantes, de modo que los prisioneros respiraban una atmósfera de terrible incertidumbre sobre la suerte que les aguardaba. Después de recoger mis bártulos, me condujeron a la Iglesia del penal, donde me encontré con el Ing. Wálter Vásquez, el Lic. Jaime Ponce Caballero y el universitario David Añez Pedraza. (Un detalle que no puedo olvidar es que a través de una rendija de la puerta de la Iglesia vimos que a la entrada de la cárcel fueron devueltas las viandas que se trajeron para algunos presos, lo que aumentó naturalmente nuestro estado de nerviosidad).
Los cuatro prisioneros encerrados en la iglesia no podíamos dejar de pensar que nada bueno podíamos esperar de nuestra situación, y que se veía que por algún motivo especial nos habían aislado de nuestros compañeros de prisión. Añez había vuelto ya de Curahuara, a donde afortunadamente no hubo de volver, él nos advirtió que si nos llevaban a Curahuara nuestra situación se tornaría muy grave, pues la vida que se llevaba en dicho lugar era espantosamente dura; comparó Añez al campo da concentración de Uncía, donde yo había estado casi un año con él, para decirme que Uncía, a lado de Curahuara, era como un hotel de verano, lo que me hizo pensar como había de ser Curahuara, si Uncía, donde habíamos sufrido tantos atropellos y martirios, quedaba opacado ante los horrores de aquel otro lugar.

Un poco más tarde, se acercó a la puerta de la Iglesia un tal De La Barra, preso común, sentenciado por asesinato, que ejercía a la vez las funciones de agente de coordinación, y que no era una mala persona; desde las rendijas, le pregunté qué sabía el o qué podía decirnos de nuestra situación. Nos dijo que no sabía lo que pasaría con nosotros, pero que comprendía que las circunstancias en que nos hallábamos eran muy graves y que lo único que podía aconsejarnos era que nos encomendáramos a la Virgen Venerada en la Iglesia, y así lo hicimos, pues ante nuestra impotencia y como los cuatro éramos católicos convencidos, no nos quedaba otro consuelo sino implorar la ayuda del cielo.

Ya en la noche, y con gran despliegue de agentes, nos sacaron a los cuatro, de dos en dos; a mí me tocó salir primeramente con D. Añez. Nos embarcaron en una camioneta cerrada, sin que supiéramos cuál era nuestro destino; en el trayecto, uno de los agentes que nos custodiaban, que estaba sentado a mi lado, me tomó disimuladamente de la mano y, saltándosele las lágrimas, me dijo que me deseaba buena suerte, pero que veía que mi situación era muy difícil; fui uno de los pocos agentes en quien descubrí sentimientos humanos a lo largo de mi calvario.

Todo contribuía a hacer que mi estado de ánimo fuese de la más fuerte intranquilidad, haciéndome suponer que nos esperaba lo peor. Nos llevaron a coordinación; ya sabíamos, por cientos de casos, que el preso de la cárcel que era llevado a coordinación no volvía en buenas condiciones físicas de dicho lugar; generalmente tales presos eran sometidos a torturas, para luego dejarlos allí unos cuantos días hasta que pudieran recuperarse y, finalmente, medio maltrechos, los devolvían a la cárcel. No podía yo, pues, dejar de pensar que lo menos que me podría ocurrir sería eso. Puedo consignar la circunstancia de que al llegar al Control Político, a eso de las 11 de la noche, sentimos en el interior del local música de instrumentos de cuerda, ejecutada por los agentes que allí se encontraban; la música interrumpió a nuestra llegada, saliendo estos hombres a nuestro encuentro para insultarnos y darnos al algunos golpes sin mayores consecuencias. Según después supimos, se trataba de agentes que ensayaban una serenata para San Román con motivo de su cumpleaños. 

Me empujaron a un pequeño calabozo, especie de clóset llamado "EL CUARTITO AZUL", donde al poco rato vino a juntárseme Ponce, quien entró muy agitado, con huellas de haber sido golpeado. El famoso "CUARTITO AZUL” adquirió una triste celebridad, como lugar de sufrimientos para muchos infortunados prisioneros. 

Recuerdo que algunos años después, ya libre, relatándole a mi hermana Hortensia Álvarez de Jáuregui este episodio, ella, al oírme nombrar el "CUARTITO AZUL", me interrumpió diciéndome: "ah!, yo también estuve en ese lugar...." 

A veces se metía en ese sitio, por diez o más días, hasta por meses, a algunos presos, sin que jamás se lo barriese, de modo que allí se amontonaban los excrementos, en medio de una indescriptible suciedad y mal olor.

 

 

 

Julio Álvarez La Faye Pinto Recopilador
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día