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Editorial
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Mejor que los bonos…
Jueves,  14 de Mayo, 2020
Mejor-que-los-bonos…

"No sólo de pan vive el hombre”. Una gran verdad que debemos tener en cuenta en estos momentos tan críticos en los que se multiplican y se acentúan las preocupaciones por la salud, por el trabajo, la economía, la educación, el futuro, etc, etc.

En un momento así, el Estado se vuelve el blanco de todas las miradas. Sin importar el sistema, la ideología o el modelo, todos ponen su atención en los gobiernos en busca de las respuestas y la contestación no es otra que la tradicional: subsidios, ayudas, bonos, planes, programas y una serie de medidas destinadas a calmar el hambre, a llenar el estómago, fórmula que los políticos han usado siempre para mantener felices a las masas y ganarse su aprecio. En las circunstancias actuales es difícil montar un circo y por eso es que tanto se reclama el retorno del fútbol, aunque el espectáculo (triste por cierto) lo están brindando los elencos dirigentes.

¿Qué necesita hoy la gente y qué es más importante que los bonos? ¿De qué sirve mantener la panza llena si la cabeza está presa de aflicciones que quitan el sueño?

Desde que empezó la pandemia, se ha insistido en la necesidad de un liderazgo que ayude a darle esperanza a la gente. Si no hay un Churchill o un Eisenhower que nos haga creer que se puede ganar la guerra, por lo menos necesitamos un acuerdo mundial y la certeza de que existe un esfuerzo conjunto para enfrentar un problema que requiere indefectiblemente una solución global.

Por el contrario, estamos presenciando un cuadro plagado de confusión, de conflictos acentuados y de divergencias en todos los campos, que le restan credibilidad a las élites, cuya misión debería ser conducir esta emergencia, que de por sí genera incertidumbre.  Bolivia no es la excepción y lo peor es que la contaminación política viene acompañada de actos violentos que amenazan con degenerar en caos y el grave riesgo para el futuro de la democracia que, lejos de estar con la vida asegurada, muestra señales de involución hacia un pasado reciente que estamos tratando de superar.

La población necesita comer, trabajar, producir, de eso no hay duda, pero lo más importante es incentivar la esperanza, estimular la creatividad, darle motivos para confiar en sus propias capacidades para superar este trance y salir fortalecidos. No es momento para deprimirse ni desanimarse, pero el clima social y político no está ayudando. Es tiempo de aprender, de buscar nuevas formas de hacer las cosas, de darle al ciudadano las herramientas que le ayuden en su resiliencia, es decir, la posibilidad de remontar y vencer en esta dura prueba que nos exige reinventarnos.

Hoy los bolivianos lucimos como trogloditas, sacándonos los ojos por una porción de poder, por un puñado de dólares, por un espacio en un avión, por negocios espurios y otras migajas que demuestran que hay asuntos que no cambian. Hoy necesitamos dar un salto cualitativo que nos evite perecer.

La población necesita comer, trabajar, producir, de eso no hay duda, pero lo más importante es incentivar la esperanza, estimular la creatividad, darle motivos para confiar en sus propias capacidades para superar este trance y salir fortalecidos. No es momento para deprimirse ni desanimarse, pero el clima social y político no está ayudando.