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Editorial
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Manos a la obra con la economía
Lunes,  10  de Febrero, 2020
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Es un oasis en medio de la miseria y la escasez. Los bares y restaurantes han comenzado a llenarse de gente. Circulan los dólares, abunda el champán y los autos importados. El empleo se multiplica y se vuelve a dibujar la sonrisa en los propietarios de supermercados y tiendas de ropa.

Aunque parezca mentira, este es un breve resumen de lo que está ocurriendo en algunas zonas de Caracas, la capital venezolana, donde la dictadura de Nicolás Maduro ha comenzado a actuar con pragmatismo, alejada de los criterios socialistas, las restricciones y las regulaciones que impuso el Chavismo, que prácticamente prohibió la empresa privada y perpetró uno de los más agresivos procesos de expropiación que se haya visto en el continente.

Agobiado por la miseria que afecta a más del 90 por ciento de la población, el régimen ha visto conveniente abrir una válvula de escape que está permitiendo aliviar en parte el desastre que viven millones de venezolanos. Por ahora, todo forma parte de un cuadro de privilegios, pero de extenderse hacia todo el país, la situación podría cambiar radicalmente, según lo afirman analistas consultados por el diario The New York Times que recientemente publicó un reportaje que retrata este sorprendente fenómeno.

“¿Ya acabó la revolución?”, se pregunta el medio de prensa, refiriéndose a la dolarización de facto que se ha generalizado y que el gobierno tolera, ante la galopante devaluación que ha provocado la desaparición de la moneda nacional. Los negocios se recuperación porque se han levantado numerosas prohibiciones y se establecido una suerte de pacto de no agresión. Lo más llamativo, según el informe, es la rapidez de los sorprendentes resultados.

El autor del reporte no duda en considerar que la dictadura caribeña puede estar imitando el ejemplo chino, donde conviven la más férrea tiranía comunista con el modelo capitalista más abierto y permisivo, que justamente ha permitido al gigante asiático, convertirse en una de las potencias globales más dinámicas.

Ni China ni Venezuela jamás serán ejemplos para nadie, pues la vida y la libertad son los valores supremos de la humanidad y en ninguno de esos países se los respeta. Sólo se trata de mostrar nuevamente el fracaso del modelo económico socialista y la efectividad que se puede lograr con la economía de mercado, la iniciativa privada y el respeto por los negocios de la gente.

Los bolivianos hemos conseguido algo que los chinos y los venezolanos añoran hace mucho tiempo. Ya lo tenemos y estamos muy bien encaminados hacia la recuperación de la libertad política. Ya hicimos la tarea más difícil y sólo falta dejar atrás las ambigüedades en el campo económico, parar de hacer diagnósticos y promesas y ponernos manos a la obra, a provocar ese aluvión de inversiones del que hablaron hace unos días los empresarios en presencia de los principales líderes políticos del país.

Ya hicimos la tarea más difícil y sólo falta dejar atrás las ambigüedades en el campo económico, parar de hacer diagnósticos y promesas y ponernos manos a la obra, a provocar ese aluvión de inversiones del que hablaron hace unos días los empresarios en presencia de los principales líderes políticos del país.