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Editorial
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Lucha integral contra la violencia
Domingo,  12  de Enero, 2020
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Ha sido alarmante el inicio de este nuevo año en cuanto al número de asesinatos de mujeres por violencia machista, conocidos como “feminicidios”. Más de un caso por día en todo el país, hecho que no sólo llama la atención de los medios, por las características extremadamente dramáticas de algunos hechos, sino también de representantes de organismos internacionales como la ONU, que le han reclamado a las autoridades nacionales extremar las medidas destinadas a combatir este delito.

Pero no sólo impresionan las muertes de aquellas mujeres, pues también es alta la cantidad de niños que han perecido (infanticidios) como consecuencia de la violencia doméstica y si escarbamos en las estadísticas de inseguridad, veremos que alrededor de las fiestas de fin de año, también hay más accidentes de tránsito, más hechos criminales, más muertes en riñas y peleas, más violaciones y más suicidios y en definitiva, más hechos de sangre, como consecuencia del abuso del alcohol, el detonante de numerosas situaciones lamentables que ocurren a nuestro alrededor.

En Bolivia se ha avanzado mucho en materia legislativa y otra vez surge la idea promulgar una nueva ley que declare emergencia nacional por esta ola de feminicidios, que insistimos, se trata de un aluvión de violencia que periódicamente resuena con grandes titulares de prensa.

No hay que ahorrar ningún esfuerzo y menos todavía quedarse tranquilos con más y más leyes, pues éstas no solucionan nada en la medida que no se traducen en acciones concretas, en programas, presupuestos y políticas institucionales orientados a atacar las causas y realizar un eficiente trabajo de prevención. En eso nos falta mucho por hacer, pues casi todo lo que se ha hecho ha sido discursivo y justamente en ese sentido se ha dirigido el reclamo de la ONU al gobierno.

Un estado de alerta debe incluir precisamente un detallado plan con todos los aspectos citados arriba y además, una visión integral, pues no sólo se trata de abordar el problema desde una óptica punitiva (que a veces complica las cosas), sino también enfrentar el cuadro desde la familia, que se encuentra fracturada, debilitada y en ciertos casos atacada por políticas públicas de corte socialista que no han hecho más que minimizar el rol fundamental que cumple esta institución fundamental de la sociedad.

El otro aspecto que se debe atacar con fuerza es el alcoholismo, tan presente en todos los estratos sociales del país y tan determinante a la hora de desencadenar violencia y toda clase de lacras que enlutan a los bolivianos. Hasta ahora no se ha visto ninguna campaña en serio para reducir el abuso de la bebida y en cierta forma la tomamos como si fuera un elemento de nuestra cultura. A ese paso, pronto llegaremos a considerar que la violencia contra la mujer, el abuso de los niños y otras realidades lacerantes son también rasgos de nuestra idiosincrasia, lo que sería inadmisible.

En Bolivia se ha avanzado mucho en materia legislativa y otra vez surge la idea promulgar una nueva ley que declare emergencia nacional por esta ola de feminicidios, que insistimos, se trata de un aluvión de violencia que periódicamente resuena con grandes titulares de prensa.