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Los Tijé: El último vestigio de los Arasaeri
Encendidos. Los jóvenes cruceños se toman el centro y la policía los reprime con dureza. Una semana que convirtió a la capital en una zona de guerra.
Domingo,  13 de Octubre, 2019
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José Tijé Warao, es un anciano de 82 años que tiene seis hijas, todas mujeres. Desde 1962, vive en la comunidad nativa Arasaeri, sobre el río Inambari, dentro la Amazonía peruana del departamento del Madre de Dios,  colindante al área de amortiguamiento de la provincia de Tambopata del Perú. Es el último vestigio de la familia etno lenguistica Harakmbut  (una mezcla de Ese Ejja y Araza). Ahora, al igual que otros pueblos indígenas de la zona, lucha por evitar su extinción definitiva. 

"Es una variante de la familia Arazaire, proandina porque provienen de la zona del Cuzco", explica Juan Carlos Navarro responsable de Cáritas Perú de la ciudad amazónica de Puerto Maldonado. 

Los Tijé-Capi, con el paso del tiempo se han multiplicado y ahora son alrededor de 100 descendientes entre hijas, nietos, bisnietos y tataranietos. Lo más preocupante para ellos es la invasión minera del oro en su territorio. 

Pese a que ellos desde hace 35 años fueron beneficiados con la titulación de su tierra; pero en el nuevo proceso de saneamiento, consistente en la 'georeferenciación del área', no son beneficiados, además de estar supuerpuesto por conflictos mineros, explicó a El Día, Navarro. 

"Yo fui fundador de la comunidad Arazaire en 1962, en un territorio de 2.800 hectáreas. Pese a que fuimos beneficiados con la primera titulación de tierra, aún no tenemos el derecho propietario pleno; eso es incomprensible", confesó José Tijé, el líder de los de la etnia Araseiri.  

Los principales problemas. Según estudios de los misioneros Domínicos de la selva amazónica del Perú, los Harakmbut son una familia etnolingüística a la que pertenecen diversos grupos étnicos que habitan el Alto Madre de Dios y afluentes. 

Su población censada es de unos 1.700 habitantes, lo que representa el 0.67% de la población indígena peruana. Se les considera como un grupo de alta vulnerabilidad, tanto por la composición demográfica de los sub-grupos que constituyen esta étnia, como por el gran impacto de las actividades de minería aurífera que tienen lugar en su territorio.

Junto a los Arasaeri, se encuentran en la zona, aún dando señales de sobrevivencia étnica poblaciones índigenas como los Amarakaeri, Iñaparis, Toyeris y los Hachipaeris-Sireneris. 

Según Eddy Peña, investigador de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, en la zona del Madre de Dios, existen 34 comunidades nativas, agrupados en siete pueblos indígenas que son parte de los 55 pueblos originarios del Perú, reconocidos por el Ministerio de Cultura del vecino país. Las 34 comunidades indígenas del Madre de Dios, forman parte de la Federación Nativa de Pueblos Indígenas. 

Sin embargo, el experto enfatiza de los siete pueblos indígenas reconocidos por el Estado, solo tres son oriundos, nativos del Madre de Dios: los Esse Ejja, los Machiguengas y los Harakmbut. "Esos tres son los nativos o uriundos de esta región baja de la amazonía peruana colindante con Bolivia y Brasil", complenta Peña.

Los Ese Ejja se encuentran en la zona alta del río Manu del Cuzco, los Harakmbut están localizados en la cuenca llamada Colorado, en el centro de la selva del depatamento del Madre de Dios y los Ese Ejja viven a lo largo de area nacional de amortiguamiento de Tampopata y toda la zona del río Madre de Dios que vincula con Bolivia. "En realidad esta población indígena está extendida y reconocida también en el terriotorio de boliviano. Lo único que los separa es la frontera", apuntó el investigador.

Al igual que en Bolivia están amenazados. Estos pueblos indígenas viven una situación similar a lo que viven en Bolivia: amenazados por la incursión de la actividad hidrocarburífera y la minería ilegal del oro aluvial, cuyos afluentes están invadidos por la presencia de explotadores de oro con todo lo que ello conlleva: extracción, migración, inseguridad y alto impacto ambiental. 

"La realidad amazónica en nuestros países es la misma: ingreso descomunal de actividades extractivas como explotación de oro en los ríos, éxodo de pueblos indígenas e impacto ambiental, con la contaminación de sus ríos como efecto del uso del mercurio", refiere, Cesar Ascorra, Director de CINCIA ( Centro de Innovación Científica Amazónica) del Perú.

Para José Tijé, la posibilidad de que su cultura desaparezca no está lejana. Localizados en la orilla del río Inambari, sobre una carretera asfaltada entre Puerto Maldonado y Cuzco, los nuevos asentamientos son incesantes y la presencia de maquinarias para explotar oro. "Yo siempre he pensado que cuando pase la carretera se va a generar invasiones a nuestras tierras.  Ya los ríos han cambiado su curso por la minería, todo está afectado. Y eso está sucediendo. Yo soy tatarabuelo, y no se cómo acabará mi familia", finaliza el anciano, ante la visita de El Día.

Como nieta  es preocupante cómo mi cultura está por desaparecer. 
Por suerte yo hablo el idioma arasaeri, lo que es una manera de conservar lo nuestro".

Glenda Rojas Tijé
Una de las 30 nietas

Yo tengo 31 años, en todo este tiempo el río cambió se hizo colorado. Antes podíamos pescar y ahora no lo podemos hacer. Eso es muy triste".

Duberliz Arauz Tijé
Hijo de marcia tijé

"Nuestra comunidad nativa sobrevive gracias a la familia. Nosotros nos sostenemos con las piscigranjas con un proyecto de 10 meses".

Ruth Tijé Capi
Hija menor


Apuntes

Acepciones. La Comunidad Nativa Arasaeri (Etnia Arasaeri) se encuentra dentro de la familia lingüística Haramkbut, del grupo étnico Arasaeri, que significa «Pobladores del rio Araza». Sin embargo, a decir de Duberliz Arauz Tijé, uno de los más de 50 nietos, como vivientes del río Inambari (lineas abajo del río Araza) cuyo nombre significa "madre mía", contrasta con la realidad actual el denominativo en idioma Arasaeri.
 
Mezcla.  Estudios dan cuenta que gran parte de su población ha sido mezclada con gente colona, pero  aún se conserva en los más antiguos el lenguaje Harakmbut, realizando asimismo sesiones shamánicas de curación y agradecimiento a la naturaleza lideradas por el Oamboiorokeri (Shamán).
 
Cultura.  La comunidad actualmente se encuentra en un proceso de revaloración cultural, con enseñanza del lenguaje nativo a los hijos mestizos. Presenta un buen estado de conservación y revaloración cultural.
 
Especies.  La zona aún conserva lo rico de la selva, la fauna y flora consistente endiversidad de especies como orquídeas, helechos, líquenes y epifitas, en su territorio cuenta con nacientes de agua cristalina siendo hábitats de grandes mamíferos como el tapir, el sajino, la huangana, entre otros.
Entrevista a Marcia Tijé  Capi
 
"Vamos a defender y conservar el legado de nuestro padre"

En la comunidad Arasaeri, las seis hijas de José Tijé, sobrellevan su vida diaria a base de proyectos alternativos a las actividades extractivas, financiados por el Estado. Para Marcia Tijé Capi, la tercera hija del pequeño linaje del pueblo indígena de la región de Tambopata, describe a El Día, las mayores al que día a otro le hacen frente para no desaparecer como familia y sobre todo como cultura y etnia indígena. 

Ellas, como mujeres indígenas participan y lideran, junto a otras comunidades similares la defensa de sus derechos, además del encarrilamiento de proyectos nuevos, con el fin de no caer ante la tentación de las actividades auríferas y reivindicando la defensa de su territorio. 

P. ¿Cómo hacen para sobrellevar la conservación de su cultura?
B.T.: Fue muy difícil sobrellevar la existencia de nuestra comunidad. Desde jovencitas, hemos vivido momentos difíciles, cuando las autoridades nos abusaban, nos palean y nos tachan que somos rateros. Esta comunidad tiene más de 80 años (asentados en la zona Inambari), de los cuales solo la familia de José Tijé. Cada una de las seis hijas tenemos un promedio de 20 descendientes entre hijos, nietos y bisnietos, que hasta el momento han convertido a mi padre en tataranietos.

P. ¿Todavía sienten que son discriminados?
B.T.: El problema es que teníamos el pensamiento de estar hundidos como familia y sobre todo como cultura. Gracias a la presencia de las organizaciones no gubernamentales, la Iglesia Católica a través de Cáritas Perú, hemos logrado abrir los ojos y ahora logramos consolidar proyectos alternativos para llevar adelante actividades productivas como las piscigranjas (crianza de peces). Lo bueno es que todavía tenemos en vida todavía a nuestro papá que nos alienta a seguir defendiendo nuestro territorio, pese a que ya nuestros ríos están contaminados, dado que está comunidad ya tiene 80 años.             

P. ¿Qué proyectos están desarrollando?
B.T.: Nuestra mayor actividad como pueblo indígena es la agricultura, en la producción de arroz, maiz, yuca, hortalizas entre otros aspectos. La verdad, a nosotros nunca ha faltado nuestros mitayos, nuestra pesca, nuestra producción. Nosotros siempre hemos vivido de la caza solo para nuestro consumo; jamás para comercializar. Pero la mayor actividad en este momento son la 11 piscigranjas que vía las ONG estamos así despiertos para defender nuestros derechos y nuestras aspiraciones.

P. ¿Pero cuáles son los temas pendientes?
B.T.: En estos momentos nuestra preocupación es que no nos han saneado nuestro territorio. No entendemos, cuál es el motivo. Eso vemos muy mal y con mucha inquietud, dado que nuestro territorio está invadido y las actividades mineras han alterado la vida de la selva y ha cambiado el curso natural de los ríos, tanto es así que nada es como antes; ni siquiera ahora ya podemos pescar. Son más de dos mil hectáreas de territorio que no está saneado. A los otros les han cumplido todo. En realidad, según mi papá, el territorio era de 14 mil hectáreas, eso a lo largo de todos estos años se fue reduciendo, nunca hemos visto algún motivo para que ello suceda; lo único cierto es que a esas tierras se han entrado nuevos asentamientos e intervenciones auríferos. Además las aguas de los ríos no solo que estan contaminados, nos traen enfermedades como hongos y bacterias. 

P. Su padre ve con tristeza que esto desaparezca pronto. ¿Qué dice al respecto?
B.T.:  Esa preocupación es de todos, sin embargo, las hijas, los nietos están concientes de que debemos hacer lo imposible de conservar nuestra tierra. Es cierto que en el monte alto todo está impactado por la minería. Nuestro objetivo es ampliar la conservación del territorio con actividades alternativas y en pleno respeto de la selva.

P. ¿ En qué les ayuda el proyecto de las 11 piscigranjas?
B.T.: Se trata de un programa de innovación y pesca nativa. Este proyecto consta de fortalecimiento de capacidades en el manejo y cultivo de Pacos(en Bolivia conocido como el Pacú), como parte de la comida típica de los Arasaeris, tan característico de nosotros desde tiempos inmemoriales. Es un proyecto de diez meses, una vez concluido el proyecto seguiremos con la crianza de Churos (otra variedad de peces), tipicos de la amazonía peruana. Es un proceso de construcción y desarrollo de hitos que va desde muy pequeñito, por ejemplo desde tres mil unidades de peces.

P. ¿Eso ayuda a generar actividad económica?
B.T.: Ese es el objetivo, dado que el manejo se hace por nucleos familiares. Cada paso que estamos dando tiene objetivos, y con calma seremos especialista para producir Paco y esperamos que en corto plazo llegar a los mercados locales con nuestro producto y así generar ingresos. Como comuneros, mas que como familia, nuestra existencia depende de nuestra forma de vida, nuestro contacto con la naturaleza y el fortalecimiento de nuestra cultura, cual es el legado de nuestro padre.