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Lo que espera el 2020-2025
Esperanza. La expectativa es grande con las elecciones del 20 de octubre. Pero los expertos apuntan los díficiles retos que debe afrontar el próximo gobierno.
Domingo,  13 de Octubre, 2019
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Ref. Fotografia: Esperanza. La expectativa es grande con las elecciones del 20 de octubre. Pero los expertos apuntan los díficiles retos que debe afrontar el próximo gobierno.

La economía quedó como una asignatura pendiente en esta coyuntura  de campaña electoral.  Por omisión, desconocimiento o por cálculo político, los candidatos obvian tocar a profudidad el tema. No obstante, un alto déficit fiscal, balanza comercial negativa, caída constante  de las Reservas Internacionales Netas (RIN) y un incremento imparable de la deuda externa, constituyen: los cuatro agujeros negros de la economía con que el próximo gobierno, para las gestiones 2020-2025, debe lidiar. 

Según los expertos  en contacto con El Día, a partir del 2014, infranqueablemente el crecimiento a menor ritmo del Producto Interno Bruto (PIB),  ha puesto al desnudo la desaceleración económica del país, que de no ser controlados pueden poner en serio peligro la estabilidad económica de la país. 

Indistintamente quién resultare ganador a partir  de las elecciones generales del domingo 20 de octubre de este año, o en su defecto de la segunda vuelta electoral, el futuro gobierno deberá hacer necesariamente ajustes 'si no queremos que el país vaya hacia el despeñadero' argumenta Juan Antonio Morales, economista y ex presidente del Banco Central de Bolivia (BCB). “El próximo gobierno, cualquiera que sea, está obligado a tomar las medidas correctivas”, precisó.

En la misma línea, German Molina, docente emérito de la Universidad Católica y economista, argumenta, que hace tiempo que se debieron hacer ajustes, por ejemplo, impulsando recortes al gasto público. “Hay que frenar el gasto fiscal, dejar de gastar el ahorro interno y así evitar acudir al endeudamiento para financiar la inversión pública que en el fondo resulta en un despilfarro improductivo”, precisa.

Y Julio Alvarado, economista, argumenta que para ello, hay que empezar a recortar el presupuesto y someterse a una economía que sea sostenible en el tiempo, con varios incentivos que permitan alentar la iniciativa privada  y la seguridad a las inversiones. 

Una de cal y arena. Pese a que el gobierno de Evo Morales, a través de sus diferentes instancias ministeriales  minimizan los factores externos que, desde el 2014 impactan con la actual situación económica, lo real tiene que ver: primero, con que él déficit fiscal está por encima del 8%. 

Según Molina, a diciembre 2019 se prevé un cierre con déficit fiscal de 8,3% respecto al PIB y una estimación para el 2020 de un déficit fiscal de 8,7 por ciento respecto al PIB, que posiblemente sean cubiertos con créditos del Banco Central de Bolivia y crédito externo de organismos bilaterales, multilaterales y privados. 

“El déficit fiscal  es crucial respecto a otras variables económicas como por ejemplo el tipo de cambio fijo porque si se modifica producirá una profundización de la crisis económica del país que ya está transitando, porque ocasionará que todos los precios subirán , pan, arroz , gasolina, pedidos de incremento salarial, transporte”, puntualiza Molina.

Exportaciones vs importaciones. La balanza comercial, al mes de agosto registró un déficit del 5%. Es decir exporta menos de los que se importa al país, lo que significa que se produce menos y los ingresos en esa medida bajan. “Al mes de agosto del 2019, las exportaciones bolivianas experimentaron una baja del 5% comparado con el mismo período de la pasada gestión, en tanto que las importaciones crecieron 3%, dejando un déficit en el saldo comercial de 722 millones de dólares”, enfatiza un reciente análisis del Instituto Boliviano de Comercio Exterior con datos reportados por el INE (Instituto Nacional de Estadísticas).

Gary Rodriguez, gerente general del IBCE, señala que el déficit comercial supera por quinto año consecutivo. En la época de bonanza económica, cuyo periodo alcanzó su tope máximo el 2014, se registraron exportaciones que generaron ingresos por $us 13.000 millones; esa cifra cayó en los últimos años al ubicarse hoy en $us 8.000 millones, con un déficit acumulado en la balanza comercial,  en los últimos cinco años,  de $us 5. 000 millones. 

Y para muestra un botón, parece decir Rodriguez cuando cita que el  año pasado gastamos $us 1.250 millones en importación de diésel y gasolina en toda la gestión; este año llevamos más de 1.100 millones de dólares gastados por igual concepto, hasta agosto. Eso refuerza el argumento que la declinación de los campos productivos en gas y los escasos resultados por la tardía exploración hidrocarburífera están haciendo mella de la caída de los ingresos al país.

“Esa cifra es lo que se ha perdido en los últimos cinco años. Por eso tenemos que ajustar dramáticamente el rumbo de la economía. Eso implica poner los pies sobre la tierra para generar un pacto social, con pragmatismo en las políticas públicas, en la perspectiva de producir más. Para ello se requiere invertir más, abrir condiciones a la productividad y las exportaciones”, apunta Rodriguez.

La merma de nuestros ahorros. El tercer agujero negro, como citan los analistas, tiene que ver con la caída de las Reservas Internacionales Netas (RIN). Dicho de otro modo, el poco colchón financiero que teníamos en las arcas del BCB, como efecto de los buenos precios de las exportaciones de gas, minería y productos no tradicionales, hoy nos lo estamos gastando, señala Alvarado. 

Según el reporte del 'ente emisor', de alcanzar el 2014 el umbral $us 15.122,8 millones, la misma descendió a junio de este año a solo  $us 8.316,9 millones. “Hay una severa disminución de las RIN que está por debajo de los 8.000 millones dólares, eso significa que nos estamos gastando el poco ahorro de la casa, como efecto de la baja productividad, escaso incentivo a la iniciativa privada y una inversión pública improductiva, que no genera ingresos”, argumenta Alvarado.

Para el economista Roberto Laserna, la abrupta caída de las RIN tiene mucho que ver con el grave error de la política del gobierno de Evo Morales de congelar el tipo de cambio. Señala que si bien funcionó en época de súperciclo de los buenos precios e ingentes ingresos de la economía hasta el 2014, está se vino abajo cuando acabó la bonanza exportadora, cuya caída de precios de nuestras exportaciones mermaron la competitividad de nuestros productos. 

“Como había abundancia de dólares, su precio bajó. Las reservas acumuladas le daban el poder para hacerlo; pero con el fin de la bonanza las reservas caen de forma sostenida”, señala  Laserna en un reciente análisis de la Fundación Milenio. 

El drama de siempre. Y como efecto de toda esos tres huecos profundos de la economía, que en el fondo implica producir menos y gastar más de los que se genera como ingresos, se apela al endeudamiento externo. Curiosamente, en el último reporte del BCB y el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, se minimiza la gravedad de la situación al mencionar que la deuda externa pública, con respecto al PIB es absolutamente sostenible.

A agosto 2019, el saldo de la deuda externa pública fue de $us 10.747 millones y en porcentaje del PIB anotó un 24,9%, muy por debajo de los límites fijados por organismos internacionales, como el criterio de la Comunidad Andina (CAN) de 50%. “Mientras la deuda externa pública subió de $us 4.942 millones en 2005 a $us 10.747 millones a agosto de 2019, el PIB se cuadruplicó al pasar de $us 9.574 millones en 2005 a $us 40.581 millones en 2018”, remarca el reciente informe del MEFP.

Sin embargo, las mismas cifras revelan que la deuda externa entre el 2007 (año que Bolivia se benefició de la condonación) creció cinco veces. De registrar $us 2.208 millones el 2007, la misma alcanzó al mes de agosto de este año a $us 10.747 millones. Entre diciembre de 2018 y agosto de este año la cifra se incrementó  en $us 569 millones. 

Pero la deuda no solo es, dice Alvarado, inherente a los compromisos externo; es también la deuda interna.

Tiene que ver, remarcó estos días el economista Gonzalo Chavez en un medio televisivo de La Paz,  en términos sencillos con lo que nos prestamos en casa: del hermano, del vecino y de la 'caserita' de la esquina. En ese contexto, ambos economistas revelan, sumada ambas deudas, superan los 24.000 millones, lo que implica que ya hemos superado el 50% con respecto al PIB. 

“El nivel de deuda pública que viene elevándose progresivamente exige que nuestro país tenga superávit fiscal primario en los próximos años. Esta necesidad generará tensiones en la elaboración del Presupuesto General del Estado a partir de la gestión 2020”, puntualiza Molina.

Ajustes y pacto social. En conjunto, los economistas, expresan que el próximo gobierno que asuma la nueva gestión gubernamental 2020-2025 va enfrentar restricciones muy fuertes para encarar un proceso de crecimiento económico y políticas sociales. El único camino, lo dicen con énfasis, es frenar el gasto fiscal, revisar los proyectos programados y/o en ejecución y si es posible suspenderlos; además,  dejar de utilizar el crédito del Banco Central de Bolivia, cuya acción ha provocado la disminución abrupta de las reservas internacionales. " Se gasta más que los propios ingresos y la diferencia se financia con deuda interna y deuda externa que luego se tiene que pagar. Y mirando hacia el futuro no se ve algo nuevo y menos algo que genere ingresos adicionales para honrar dichas obligaciones y sostener el elevado gasto fiscal", finalizó Molina.

2005 El PIB
era de $us 9.574 millones, entre tanto el 2019 se ubica en $us 43.080 millones.

2019 La deuda
Sumada la externa e interna, según los analistas, son mas de $us 24.000 millones.


Molina sugiere alternativas para una nueva política económica al 2025  

Coyuntural. El economista German Molina, en su último análisis a la actual situación macroeconómica, entre muchas consideraciones señala que ante todo se debe precautelar la estabilidad económica y resolver los problemas económicos de Bolivia adecuadamente en el actual contexto del ciclo electoral correlacionado con el ciclo fiscal. 

Respeto. El experto apunta que el  empresariado privado nacional y la administración gubernamental prediquen y practiquen el respeto a las leyes y reglas, se restablezcan los pesos y contrapesos de los órganos nacionales, restituir la institucionalidad con la finalidad de disminuir los costos de transacción, para mantener la confianza y credibilidad en el sistema democrático que es lo más importante para la toma de decisiones económicas y no económicas en cada instante del tiempo. 

Ejecutivo. La administración gubernamental tiene que revisar, analizar y ajustar toda la normativa aprobada que desincentiva la creatividad y emprendimiento de la iniciativa privada. 

Sector privado. Los empresarios privados nacionales tienen que ajustar sus costos de producción para evitar que su costo variable medio supere el precio de su producto y no logren colocar sus productos por la competencia de los productos importados.   

Inversiones. El país debe mantener un clima amigable y de incentivos para atraer a la Inversión Extranjera Directa (IED) para que se beneficie de la transferencia de conocimiento, tecnología, formación del capital humano boliviano hacia la economía digital. 

Impuestos. Los agentes económicos “consumidores” y “empresarios” que son los contribuyentes al agente económico “gobierno” están en el límite de soportar una mayor presión tributaria. En ese ámbito se sugiere replantear la política fiscal con mayores incentivos hacia la formalización de la economía y las inversiones.

Panorama

Coyuntura. El gobernante que se haga cargo de la administración del Estado a partir del 22 de enero de 2020, se ubicará en la silla presidencia en un contexto macroeconómico invariable en los últimos cinco años: escaso ajuste en el gasto público, mayor endeudamiento público, desaceleración de la inversión pública, declinación de la producción hidrocarburífera y sequía en la inversión privada.
 
Brecha.  La economía bajo la batuta del patrón Estado, basada en la fuerte presencia de la inversión pública, en los últimos años como efecto de la caída de los ingresos, también se ralentizó. El crecimiento del PIB, en periodo de bonanza económica, se basó en un incremento  del gasto corriente del país y del consumo, lo que para el gobierno es catalogado como la movilidad como efecto de la demanda interna. Este hecho, según los economistas no es sostenible y menos real, dado que no está basándose en un incremento de la inversión privada, de la productividad, de la mayor exportación del sector no tradicional, entre otros aspectos.
 
capitales. La apertura a la Inversión Extranjera Directa (IED) fue casi nula, dado que el Estado, como el timón de la económía, tuvo éxito mientras el país disponía de ingentes ingresos gracias a los buenos precios internacionales de las materias primas, sobre todo del gas. Pero, cuando esa bonanza cayó abruptamente a partir del 2014, los ingresos mermaron; en ese contexto la 
 
Crecimiento. Los organismos internacionales han proyectado para Bolivia un crecimiento del PIB no mayor al 4,0%. Según los expertos, con la actual situación eso es muy vulnerable a los factores externos y la la guera comercial entre Estados Unidos y China.
 
Punto de vista
 
Gary Rodríguez
Gerente General del IBCE

 

"Para encarar se tiene que hacer un gran pacto social"

"Coincido plenamente con la lectura que este gobierno culmina su ya 14 años de gestión con cuatro situaciones preocupantes de la economía.  Bolivia crece, pero cada vez crece menos y con mayor esfuerzo, desde el punto de vista de la inversión pública (patrón de la economía del modelo administrado por el gobierno de Evo Morales) que tiende a financiarse con un mayor endeudamiento externo y en lo interno acarrea los déficit gemelos: déficit fiscal y déficit comercial.

Esta situación no va a ser posible de enfrentarse y resolverse felizmente si es que no va ha mediar por medio un gran pacto social y al mismo tiempo, un gran pacto productivo, sabiendo cuáles son las potencialidades que tiene Bolivia para desarrollar, sabiendo cuáles son las debilidades y necesidades.

Además, con este entorno regional que tiende a complicarse un poco más, con una inestabilidad política, social y económica, la situación podría agravarse.

Entonces, cuáles son las posibles soluciones, es sencillo: tenemos que producir mas y para eso hay que invertir más.  Hay que generar más excedentes para exportar y tenemos que importar menos. Eso pasa por formalizar la economía para recuadar mas y endeudarnos menos. 

Además, hay que reponer nuestras reservas internacionales para que la confianza de nuestra economía y  la propia moneda. Para ello hay que encarar dos política: hacer una promoción selectiva de las exportaciones, con aquellos productos que son competitivos".