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Editorial
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Listos para la guerra
Viernes,  9 de Agosto, 2019
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Que los militares le den su pleno respaldo al Gobierno no es una novedad en Bolivia; lo han hecho siempre. La ayuda es mutua, pues en las dictaduras, los partidos y líderes civiles representativos les prestaban algo de legitimidad, imagen popular y paz social para que la mano no se sienta tan dura.

Lo más triste es que en nuestro país todavía resulta imposible pensar en un aceptable nivel de gobernabilidad sin el auxilio del ejército, ni siquiera en periodos como el que hemos estado viviendo, con un líder (civil) tan fuerte como Evo Morales y con niveles de votación históricos.

Nunca como en estos treces años se les ha dado tanto a los militares y el presupuesto en Defensa supera por varios múltiplos a lo que se invierte en intentar sacar a la gente de la pobreza y de la ignorancia, cosa que está comenzando a pasar factura a medida que se acaba la bonanza y escasean los recursos para distribuir bonos, subsidios y prebendas, una bicoca en comparación con lo que gasta el régimen en asegurar su poder con las botas y los cuarteles.

Los militares se han puesto ponchos rojos, han desfilado con banderas azules y han gritado alabanzas al Che Guevara, con tal de mantener e incrementar sus privilegios y lo seguirán haciendo en tanto el “proceso de cambio” no les falle con los compromisos asumidos.

El actual comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia (FFAA), Williams Kaliman redobló la apuesta hace unos días, durante la tradicional parada militar celebrada en El Alto y no sólo ratificó su apoyo al Gobierno, sino que se desgañitó lanzando insultos y descalificativos hacia los opositores, a quienes tildó de antipatrias y antinacionalistas.

Kaliman se colocó al lado del presidente Morales, pero no lo hizo con su habitual traje de gala, sino que prefirió usar uniforme de combate, con casco, camuflado y cara pintada, como si estuviera por enfrentar una dura batalla.

Los militares suelen preparar con mucha anticipación el atuendo que se van a poner. Todo va de acuerdo a la ocasión y cada gesto es altamente simbólico. Kaliman quiso decirle al primer mandatario que está listo para la guerra que se viene, pero al mismo tiempo le anticipó que no será nada fácil. Las Fuerzas Armadas seguramente están sintiendo la mengua económica y política que atraviesa el Gobierno y en consecuencia están listas para poner el hombro, los tanques y todo lo que ellos saben hacer muy bien cuando las cosas se complican en el país. Ese “eterno” agradecimiento hacia el presidente Morales no es otra cosa que el condicionante para que, pese a todo, el flujo de recursos hacia los militares se mantenga inalterable.

Todas estas manifestaciones aumentan la sensibilidad de la ciudadanía que teme días difíciles para los próximos meses. El mayor temor es que nos acerquemos a la situación de Venezuela, donde son los militares los únicos que sostienen el régimen de Nicolás Maduro en medio de una crisis humanitaria que se agrava a cada instante. 

Los militares se han puesto ponchos rojos, han desfilado con banderas azules y han gritado alabanzas al Che Guevara, con tal de mantener e incrementar sus privilegios y lo seguirán haciendo en tanto el “proceso de cambio” no les falle con los compromisos asumidos.