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 5 de Diciembre de 2019
Editorial
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Las otras dictaduras
Viernes,  22  de Noviembre, 2019
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Los bolivianos no pueden festejar el fin de la dictadura del MAS porque todavía queda por vencer a los otros imperios que dominan el territorio nacional y que mantienen secuestrado al país desde hace décadas.

Los que toman en cuenta sólo los últimos 14 años en los que Evo Morales fue presidente, olvidan que el dirigente cocalero ha sido durante más de 30 años, el líder de la organización más poderosa del país, la más exitosa y obviamente la que más daño le ha hecho a este país, al que mantiene en ascuas desde los años 80 del siglo pasado, gracias a la inmensa capacidad de movilización que posee y al enorme caudal económico que proviene del narcotráfico.

El modelo sindical que impuso Morales en el Chapare es copiado de las organizaciones mineras y campesinas del occidente que han ganado peso y protagonismo ante la ausencia de estado, la debilidad institucional y la ineficacia del aparato público para resolver las demandas de las grandes mayorías.

El “aporte” de los cocaleros fue la sistematización del uso de la violencia en sus reivindicaciones y la instrumentalización del sindicalismo para la conquista del poder político, meta que consiguieron en tiempo récord ya que la Central Obrera Boliviana (COB) siempre tuvo esa meta, pero jamás contaron con los financiadores de los cultivadores de coca, ni el contexto que les brindó el Foro de Sao Paulo.

El denominador común de este poder sindical que ha gobernado el país en la segunda mitad del Siglo XX y que nos mantiene en tensión en este momento, es la actuación mafiosa, pues las organizaciones sociales, nombre elegante que se les ha puesto a estos grupos, no solo controlan una actividad o un gremio determinado, sino que han conseguido abarcar territorios, dominan comunidades y son dueños de la vida de la gente, pasando por encima del orden institucional del estado.

En los últimos días hemos visto cómo sindicatos de El Alto, el Chapare, los valles cruceños y también en la Chiquitania, la gente es obligada a marchar y protestar; los cabecillas extorsionan, amenazan y por último apelan al vandalismo para infundir el terror y mostrar una falsa cohesión. Lo que sucede en el trópico cochabambino sobrepasa los límites de la locura, pues hay evidencias de que las muertes ocurridas en la localidad de Sacaba fueron producto de una operación terrorista ejecutada por los mismos narco-cocaleros para enturbiar las aguas e incendiar el país.

El que se asombre por lo que está ocurriendo en Bolivia en estos días, debería revisar la historia de los conflictos sociales y descubrirá que existe toda una estructura de organizaciones y dirigentes profesionales que lucran con este sistema de cosas, que definen el destino del país en materia política, social, económica y también distorsionan la justicia a través de una falsa “democracia” sindical que lamentablemente la clase política tradicional cooptó en los últimos 40 años.

La verdadera revolución y precisamente la que se merece el pueblo boliviano es la que consiga acabar con todas las dictaduras que oprimen a la población. Afortunadamente hay señales positivas cuando numerosos grupos de vecinos y comerciantes El Alto dicen haber perdido el miedo y que están dispuestos a enfrentar a las mafias que los obligan a bloquear y a atentar contra la democracia.