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Editorial
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Las guerras de Trump
Miércoles,  22 de Julio, 2020
Las-guerras-de-Trump

Al presidente norteamericano Donald Trump no le importa ganarse enemigos y críticos por su forma de hablar, por su manera de comportarse y el particular estilo que tiene de hacer política. Los políticos son básicamente diplomáticos, practican como nadie el arte de la seducción, son actores por naturaleza y apelan al cinismo constantemente.

Trump no es ni político ni diplomático y si lo vamos a juzgar porque miente, deberíamos aplicar ley pareja y no quedará nadie en pie. El magnate es un perfecto rocambolesco, estilo que le ha sido útil en los negocios y que sirve también en la política, pero que normalmente está reservado a líderes que se hacen llamar “progresistas”. Si un líder izquierdista hiciera todo lo que hace el inquilino de la Casa Blanca, como pasaba con todas las payasadas que hacía nuestro cocalero, el venezolano Chávez o la ladrona argentina Cristina Fernández de Kirchner, pasaría por “revolucionarios”, “irreverentes” y “atrevidos luchadores contra el statu quo”, pero como se trata de un defensor de la libertad, de la propiedad y de los valores occidentales, no hay quién hable a su favor.

A Trump no le alcanzó con haber conseguido rebajar el desempleo a niveles históricos y haber recuperado notoriamente la economía de su país para reducir el impacto mediático de sus detractores que han aprovechado el particular manejo de la pandemia de Trump para impulsar aún más sus críticas. Hoy deberían reconocer que no se equivocó y los números no mienten. Estados Unidos tiene un alto nivel de contagio y de muertos por Covid-19, pero en ningún caso se ha producido el desastre italiano o la calamidad que ocurrió en España, cuyos líderes no han sido tan denostados como pasó con nuestro personaje.

Precisamente por eso es que hay que reconocer que Trump está librando varias batallas al mismo tiempo. Debe lidiar contra la pandemia como todo el mundo y en simultáneo, evitar que en plena cuarentena se produzca el gran golpe que el mundo progresista está esperando para que China aniquile el poderío de Estados Unidos.

El problema del mandatario no es sólo resistir el antiimperialismo de siempre, sino también, el frente interno que ha surgido con gran fuerza, como se ha visto en las manifestaciones supuestamente antirracistas, que no han hecho más que desnudar el marxismo cultural que está detrás y que ha aflorado nada menos que en diario The New York Times, envuelto en un escándalo por censurar ideas contrarias a ola liberticida impulsada por el comunismo chino, por el globalismo, la ideología de género y el populismo defendido por connotados senadores demócratas que recientemente salieron a defender al narco-cocalero.

Trump se enfrentó a la Organización Mundial de la Salud porque fue cómplice de China en el ocultamiento de información vital sobre la pandemia y porque forma parte del esquema que busca destruir el orden mundial basado en la democracia y el estado de derecho. A muchos nos cuesta entender el tamaño y el número de las guerras que está enfrentando el presidente norteamericano, pero hay que admitir que hasta se da tiempo de apoyar el proceso de democratización de Bolivia y evitar el retorno de la dictadura.

Precisamente por eso es que hay que reconocer que Trump está librando varias batallas al mismo tiempo. Debe lidiar contra la pandemia como todo el mundo y en simultáneo, evitar que en plena cuarentena se produzca el gran golpe que el mundo progresista está esperando para que China aniquile el poderío de Estados Unidos.

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