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Editorial
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La política después del coronavirus
Domingo,  15 de Marzo, 2020
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Por primera vez en mucho tiempo el mundo está enfrentando una amenaza que no discrimina a nadie.

Europa se ha convertido en el epicentro del Coronavirus y cada día se conoce que la temible enfermedad ataca también a grandes celebridades y lo que es más, llamativo, a líderes políticos, a autoridades de renombre, parlamentarios, alcaldes y hasta los acartonados monarcas del viejo mundo han tenido que tomar precauciones para no infectarse, pues de nada les sirven ahora los cercos de seguridad que normalmente tienden a su alrededor y que siempre los han mantenido en calidad de “intocables”.

Es posible que el Coronavirus nos ofrezca una lección muy parecida a la que dejó la Segunda Guerra Mundial. Aquella vez y luego de siglos de observar impávidamente cómo se violaban los derechos de innumerables grupos humanos considerados “marginales”, el mundo comprendió que hacía falta mejorar la justicia y acabar con los abusos ignorados por todos, pues por primera vez alguien que creyó estar por encima de todos y arrasó con quienes hasta ese momento se habían considerado exentos de cualquier amenaza. La historia nos suele mostrar con mayor énfasis lo que ocurrió con los judíos, pero lo cierto es que en esos seis años murieron más de cien millones de personas, sin discriminación de raza, religión o ideología. Y la idea era no dejar a nadie fuera del alcance de las balas y las bombas.

El sentido esencial de la política es el servicio; su función es la administración de los asuntos públicos y el objetivo final es conseguir el bienestar de los ciudadanos, el “bien común”, como decían los ilustrados del Siglo XVI que influyeron en la Revolución Francesa y que desarrollaron las primeras ideas republicanas que dieron origen a los estados modernos, que hicieron posible el progreso de la democracia y que ayudaron a mejorar la calidad de vida de la gente en distintas partes del mundo.

Lamentablemente esas utopías se debilitaron, progresaron hasta cierto límite y la política, al igual que la democracia, se volvieron entelequias que perdieron su sentido y que en muchos casos se volvieron sinónimo de privilegios, de conquista del poder en sí mismo y del uso del gobierno para fines sectarios, alejados de los intereses genuinos de las masas.

No vamos a negar que ha habido grandes progresos y así lo acreditan los altos índices de desarrollo de muchas naciones, pero sin duda alguna, la expansión del Coronavirus ha puesto en evidencia la alta vulnerabilidad de países que, se creía, estaban al margen de fenómenos típicamente tercermundistas.

Hemos sido testigos de muchas epidemias, pero nunca una tan desafiante para la política mundial que, a partir de esta amarga experiencia, debe dar el paso hacia la gobernanza, un concepto nuevo que designa la eficacia, la calidad y la buena orientación de las acciones del Estado. Sin un cambio fundamental, el próximo ataque podría ser más destructivo y no alcanzarán todas las armas para protegernos.

No vamos a negar que ha habido grandes progresos y así lo acreditan los altos índices de desarrollo de muchas naciones, pero sin duda alguna, la expansión del Coronavirus ha puesto en evidencia la alta vulnerabilidad de países que, se creía, estaban al margen de fenómenos típicamente tercermundistas.