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Editorial
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Guerreros contra la pobreza
Martes,  1 de Octubre, 2019
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Varios analistas y expertos en marketing político han cuestionado la calidad de los anuncios televisivos de los diferentes candidatos a la presidencia y todos coinciden en la pobreza del discurso, la escasa creatividad en la producción e incluso señalan algunas incoherencias entre las imágenes y la palabra de los postulantes.

Es como si nadie quisiera ser contundente, nadie quiere decir la verdad, ni siquiera los opositores que expresan de manera muy tenue el verdadero peligro que enfrenta Bolivia si es que continuamos con la combinación de endeudamiento, derroche y caída de la producción que mantiene el MAS.

El colmo de la miseria es que, en pleno Siglo XXI haya quienes prometan acabar con la pobreza en Bolivia y le pongan fecha a este idílico objetivo. Lo lamentable es que no estamos hablando de una propuesta oficialista, sino de quienes supuestamente critican la visión mesiánica y paternalista del régimen que insiste en un modelo de Estado que se ocupe de producir, de distribuir la riqueza y de cuidar el bienestar de la gente, cuando todos sabemos que un sistema político de estas características no hace más que generar más pobreza y mantener a la gente con la mano extendida, esperando que los caudillos le ofrezcan alguna migaja.

A estas alturas nadie debería dudar que la riqueza la producen los individuos que son capaces de desarrollar todo su potencial, su creatividad y habilidades, siempre y cuando la sociedad les brinde un ambiente de libertad de acción y de pensamiento y de respeto a la propiedad y a la iniciativa personal. El problema es que en las naciones pobres de entendimiento (la peor de todas) todavía creen que algún iluminado vendrá a salvarnos y a cambiarnos la vida y a cambio de esa utopía somos capaces de ceder la porción de libertad y de capital que precisamente podría llevarnos a la prosperidad.

Todos deberían conocer la historia de Matías Leiva, un joven vendedor ambulante chileno que en 2015 comenzó produciendo 12 sándwiches por día, porque su capital no le daba para más, que hoy recibe hasta cuatro mil pedidos diariamente y que emplea a 300 personas. A los tres años de actividad informal, pues no pagaba impuestos y tampoco cumplía con las normas burocráticas ni sanitarias, recibió la llamada de la Alcaldía de Santiago. Primero se asustó, porque pensaba que lo iban a sancionar o a correr del mercado, pero luego se asombró al saber que el mismísimo alcalde quería hablar con él. La sorpresa fue mayor cuando el funcionario se puso a sus órdenes para ayudarlo a formalizar su situación.

Leiva ahora tiene varios locales donde ha expandido su negocio y se ha convertido en el ejemplo para muchos ambulantes y emprendedores que no deben temerle al Estado. Tanto Chile como Perú han desarrollado una política de promoción encaminada en este sentido y han conseguido que miles de cuentapropistas mejores su situación y puedan generar empleo de calidad. En Bolivia estamos en la ruta inversa.

En Bolivia estamos todavía en la ruta inversa, donde el Estado les hace la vida imposible a las empresas formales y las obliga a pasarse al otro bando, donde los gobiernos también sacan su tajada a través de la extorsión y el uso político.