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Editorial
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Guerra por los espacios públicos
Jueves,  13 de Junio, 2019
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Es imposible dejar de indignarse y no condenar la reacción violenta que tuvo un ciudadano con una comerciante del mercado Siete Calles,con quien tuvo un intercambio de insultos y golpes en plena vía pública, episodio que ha sido grabado y que ha cobrado alta difusión en las redes sociales, con innumerables reacciones a favor y en contra de ambos involucrados.

Resulta imprescindible también manifestar solidaridad con una mujer que se llevó la peor parte del altercado, pero en ningún caso se debe reducir este hecho a una simple pelea callejera, a un acto de abuso vinculado al aspecto de género o peor todavía, a un acto de discriminación, otro ámbito que suele desatar los demonios ideológicos, que confunde y nos desvía de los asuntos centrales.

Lo ocurrido el otro día fue el resultado por la disputa de un espacio público, pelea que el ciudadano común pierde todos los días, cada minuto y en todos los espacios de la ciudad, no sólo en los mercados.

Seguramente no hay registros tan elocuentes como éste, pero es el mismo calvario cotidiano que debe sufrir el peatón, el conductor particular o cualquiera que intente utilizar, en pleno uso de sus facultades legales y derechos, las calles, las aceras o las plazas,loteadas por innumerables asociaciones, gremios o sindicatos que impunemente se han adueñado de la ciudad.

Y en este campo no es bueno estrellarse solamente contra un sector de la población. El propietario de un local que arbitrariamente coloca conos y “privatiza” la parte de calle contigua a su acera; los que se adueñan de las veredas con sillas y mesas; los que colocan rocolas e instalan cantinas en el lugar reservado a la circulación de las personas; los que hacen funcionar sus talleres en pleno espacio público, son sólo algunos ejemplos que vemos constantemente, que despiertan el malestar y la impotencia de todos, pero que nadie se atreve a enfrentar, ni con diálogo, ni con principio de autoridad, ni con nada.

Obviamente, el colmo del abuso de los espacios públicos (que también es un acto de violencia), ocurre en los mercados, donde los comerciantes no tienen límites de ocupación ni de expansión, pues con el tiempo, van agrandándose y copando calles y aceras en todas direcciones. ¿Quién defiende al que paga los impuestos, al que sostiene las instituciones y el que debe ser el principal sujeto de las políticas públicas? ¿Lo avasallamos, le quitamos la libertad de circulación y encima lo acusamos de discriminación cuando tiene la osadía de quejarse? Conviene abordar estos puntos muy espinosos y no dejarse llevar por lo políticamente correcto, el peor enemigo del sentido común.

Naturalmente, en esta discusión no vamos a dejar de lado la responsabilidad del ciudadano, que tiene gran parte de la culpa de este problema. Su actitud proclive a fomentar la informalidad, sus hábitos de consumir y comprar todo en la vía pública, su irrespeto a las normas y la prepotencia con la que enfrenta la autoridad, son el condimento indispensable para crear un conflicto que parece no tener solución.

Lo ocurrido el otro día en el mercado Siete Calles fue el resultadopor la disputa de un espacio público, pelea que el ciudadano comúnpierde todos los días, cada minuto y en todos los espacios de laciudad, no sólo en los mercados.

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