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Editorial
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Golpe en la justicia
Jueves,  25 de Junio, 2020
Golpe-en-la-justicia

Un viejo conocido del MAS, un verdadero soldado del viejo régimen, protagonista de eventos infames como el caso Rózsa o el juicio al ex prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, ha asumido la presidencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y lo ha hecho como saben hacerlo en su partido, a través de un golpe institucional que sacó del cargo a María Cristina Díaz. 

La nueva designación, a través del voto unánime de los miembros del TSJ, hace pensar en una estrategia muy bien planificada y que responde a una posición “orgánica” de la institución que, recordemos, forma parte del esquema de sucesión constitucional, detalle que no hay que perder de vista, en este momento tan álgido, en el que el Gobierno de Jeanine Añez viene denunciando los preparativos de un golpe que, al parecer, viene ejecutándose en etapas y con múltiples e insospechados actores.

Los artífices más claros de la desestabilización son los grupos de choque que vienen trabajando desde hace meses, en diferentes puntos del país a través de métodos diversos, desde el boicot a la cuarentena, los bloqueos y manifestaciones, hasta los actos terroristas que cada día se multiplican peligrosamente. El otro frente es el Congreso, donde han hallado la fórmula perfecta para bloquear la administración gubernamental, cortando el desembolso de importantes fondos económicos indispensables para mantener con vida a los bolivianos. Así de criminal es el accionar de los parlamentarios que impiden la aprobación de varios créditos internacionales.

No podemos dejar de mencionar el frente interno. Ese Caballo de Troya que está metido en lo más íntimo de los ministerios y que no hace más que ponerle palos en la rueda al proceso de recuperación de la democracia. Hemos visto lo que han hecho en YPFB, en Entel y en otras reparticiones, pero la movida más artera fue la compra de los respiradores, una trampa del masismo que, sin duda alguna, le produjo el más grande boquete al casco de la nave y el objetivo es, justamente, lograr que el barco se hunda antes de llegar a las elecciones generales, en las que el MAS no tiene posibilidades de ganar en primer vuelta y tampoco apelar al fraude descarado que perpetró en octubre del año pasado.

Todavía hay quienes tienen mucha fe en los buenos oficios y la imparcialidad del Tribunal Supremo Electoral (TSE), pero su zafacoca por las elecciones, actitud que comparte nada menos que con Carlos Mesa, despierta sospechas en todas direcciones. 

Finalmente está la justicia, una herramienta que el régimen del cocalero aprendió a usar a la perfección y que formó parte de su esquema de persecución y destrucción de sus adversarios. Todavía estamos con el Ministerio Público al servicio del MAS, los tribunales departamentales pertenecen al mismo esquema y entre ambos han conseguido paralizar decenas de denuncias de corrupción en contra del gobierno anterior, además de otorgarle un trato excesivamente benevolente a jerarcas del masismo que tienen abultadas cuentas con la ley. El reciente golpe en el TSJ nos alerta de un acto prácticamente consumado.

Todavía estamos con el Ministerio Público al servicio del MAS, los tribunales departamentales pertenecen al mismo esquema y entre ambos han conseguido paralizar decenas de denuncias de corrupción en contra del gobierno anterior, además de otorgarle un trato excesivamente benevolente a jerarcas del masismo que tienen abultadas cuentas con la ley. El reciente golpe en el TSJ nos alerta de un acto prácticamente consumado.