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Editorial
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Gana terreno la libertad
Viernes,  19 de Junio, 2020
Gana-terreno-la-libertad

Un especialista en educación comentaba en un artículo que publicamos en una reciente edición, que la enseñanza se enfrenta al reto más importante de su historia gracias a la pandemia del Covid-19. Por primera vez, las familias tienen casi la plena libertad de elegir qué conocimientos darle a sus hijos, decisión que en circunstancias normales, es tomada por gobiernos, por burócratas y políticos que, a nombre de la cohesión social, no buscan más que adoctrinar a las masas, mucho más cuando vivimos bajo regímenes autoritarios, para los que resulta imprescindible la complicidad de la ignorancia del pueblo.

Con la pérdida del protagonismo del Estado que controla la educación pública, los padres y sus hijos deben arreglárselas solos y gracias a las tecnologías de la información, tienen acceso a un mundo infinito de conocimientos, donde seguramente encontrarán los contenidos pertinentes, significativos y, sobre todo, los temas vinculados con el entorno personal, con problemas particulares e intereses individuales.

Los colegios privados brindan un mayor margen de acción, pero los bolivianos hemos visto los grandes esfuerzos que hizo el régimen del cocalero por uniformizar los programas, bajo la premisa de que en Bolivia nadie puede pensar más allá de los alcances del “proceso de cambio”.

Con la economía puede y debe pasar lo mismo. Antes de la pandemia, si cualquier mortal tenía que abrir un negocio, por más chico e insignificante que fuera, tenía que hacer mil y un trámites ante varias instancias gubernamentales, pagar aquí y allá, sacar permisos, recibir inspecciones y ser víctima del acoso de funcionarios de toda índole, siempre dispuestos a lucrar a nombre del control y la regulación. El mundo de la economía se dividía entre los que se dan modo para escapar de esa intervención del estado y los tontos, aquellos que, -quien sabe por qué razón- deciden transitar por el camino de la “formalidad”, elemento que en Bolivia tiene muy pocos beneficios.

Hoy, el estado no tiene más remedio que respetar el principio más elemental del liberalismo “dejar hacer, dejar pasar”, pues de lo contrario se arriesga a que se paralice la economía y que las masas de hambrientos se agolpen en las plazas pidiendo el auxilio de los gobernantes. Afortunadamente eso no está ocurriendo y todo se debe a la iniciativa de los individuos. Sólo hay que darse una vuelta por las calles para observar la gran capacidad y creatividad de los ciudadanos para mover los negocios. Las redes sociales, los grupos de mensajería, los condominios, las agrupaciones de vecinos, todos están haciendo lo que está a su alcance para sobrevivir y autogobernarse, sin la ayuda de nadie más que la propia inventiva.

En lo posterior, el estado tendrá que adaptarse a esa nueva realidad de libertad, tiene que promoverla y respetarla, buscando que su rol sea aportar y no estorbar, como siempre ha sido.

Hoy, el Estado no tiene más remedio que respetar el principio más elemental del liberalismo “dejar hacer, dejar pasar”, pues de lo contrario se arriesga a que se paralice la economía y que las masas de hambrientos se agolpen en las plazas pidiendo el auxilio de los gobernantes.