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Editorial
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Equilibrio informativo
Sábado,  21 de Marzo, 2020
Equilibrio-informativo

Cómo comunicar acerca del riesgo sin caer en desequilibrios, es decir, sin que la comunicación se vuelva un factor negativo en estos momentos de angustia causada por la pandemia del Coronavirus.

Justamente la búsqueda de la mesura está en manos de los medios, de los periodistas y también de la comunidad, que debe seguir aprendiendo a discriminar entre la “paja y el trigo”, una enseñanza muy antigua que en este momento es crucial para que todos podamos diferenciar entre lo verdadero y lo falso, entre el alarmismo y la información que busca concientizar, entre lo banal y lo fundamental, etc.

El elemento clave en esta crisis es el efecto, es decir, cómo lograr que la información se traduzca en acciones inmediatas que ayuden a disminuir los riesgos; cómo hacer para que los ciudadanos se unan ante una sola consigna, llámese extremar los cuidados, quedarse en casa o someterse disciplinadamente a una cuarentena, sin que ello implique grandes corridas en busca de suministros, disidencias o críticas que sólo contribuyen a bajar la moral colectiva.

Tal como ha sucedido en otros episodios que provocan gran expectativa, la comunicación juega un rol protagónico en la amenaza del Coronavirus e inmediatamente se hacen presentes fenómenos como la hiperconexión a través de las redes sociales. Eso se puede observar con mucha facilidad en la sobresaturación de mensajes, el alto tráfico que presentan los medios digitales y lamentablemente, en la proliferación de las noticias maliciosas, alarmistas y aquellas que sólo buscan confundir.

Como toda experiencia dolorosa y amenazante, estas vivencias que ponen en vilo a la humanidad nos tienen que conducir indefectiblemente al aprendizaje, tanto de los que informan como de los que consumen noticias con avidez. Los primeros deben reconocer la gran responsabilidad que tienen en sus manos y las audiencias, aprender a discriminar, a verificar, a pensar antes de compartir, a dosificar y jerarquizar los datos que reciben en sus teléfonos celulares, que hoy vuelven a convertirse en armas de doble filo. Por lo que hemos experimentado en otras circunstancias en las que ha prevalecido la verdad, en esta crisis también se impondrá el sentido común. Lo primordial ahora es superar este breve periodo de ansiedad que nos paraliza y nos lleva a tomar decisiones equivocadas.

Los órganos oficiales, los gobiernos y la comunidad científica también juegan un rol importante en la lucha contra la desinformación, en la medida que sean claros, que se no presten a la confusión, que no utilicen la crisis para fines políticos o económicos y que ayuden a que las noticias fluyan con facilidad en todas direcciones, sin restricciones. Lo que no se puede permitir es que esta pandemia se convierta en una excusa más para limitar la libertad de expresión. Una decisión de esta naturaleza no sólo será inútil frente a la emergencia sanitaria, sino perjudicial para la salud corporal y de la democracia.

El elemento clave en esta crisis es el efecto, es decir, cómo lograr que la información se traduzca en acciones inmediatas que ayuden a disminuir los riesgos; cómo hacer para que los ciudadanos se unan ante una sola consigna, llámese extremar los cuidados, quedarse en casa o someterse disciplinadamente a una cuarentena