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Editorial
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El renacimiento del periodismo
Viernes,  29  de Noviembre, 2019
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Durante la última campaña electoral los norteamericanos descubrieron cuánta falta les hacía la prensa independiente. Nunca antes se habían sentido tan confundidos y las redes sociales, el periodismo de bajo costo y las organizaciones que se dedican a la comunicación alternativa fueron incapaces de lidiar con las noticias falsas, las denuncias maliciosas y todo el discurso engañoso que embarró la acartonada democracia estadounidense.

Aunque un poco tarde para contrarrestar el aluvión que se impuso el nuevo escenario, tuvo que ser la prensa tradicional la que salga al cruce de la inmensa cantidad de falsedades que confundieron a la opinión pública y lo hizo a través de lo que sabe hacer mejor, es decir, salir a las calles a investigar, a contrastar y confirmar la información que, recubierta de veracidad, se convierte en la mejor arma del ciudadano para enfrentar los abusos del poder.

El Gobierno se mantiene, pero muy bien vigilado y supervisado a través de la prensa, la única manera de que los mandamases no actúen en la sombra o tomen decisiones entre cuatro paredes.

Los gobernantes odian a la prensa libre, como la odiaba Evo Morales, quien durante 14 años no hizo más que combatirla, asediándola con leyes absurdas, hostigándola a través de la violencia y las amenazas, comprándola y manipulando tanto a medios como a periodistas, que no tuvieron más remedio que “amarrar zapatos” o recurrir a la autocensura como recursos de supervivencia.

Cuando estalló el conflicto el pasado 20 de octubre, al ponerse en evidencia el fraude monumental que montó el gobierno, se notó cómo la prensa boliviana se mantenía bajo el manto del temor y los códigos establecidos por la dictadura comunicacional. El ciudadano expresaba su descontento y no podía creer cómo un periodista como Fernando del Rincón, a más de seis mil kilómetros de distancia, brindaba un mejor panorama de lo que ocurría en Bolivia.

En esos días, Bolivia también se inundó de noticias falsas y de rumores malintencionados, cuyo único fin era generar pánico entre la gente. Las redes sociales fueron importantes, los teléfonos celulares fueron las mejores armas de los jóvenes, pero no se puede desconocer el papel que jugaron algunos medios impresos, radios y canales de televisión, que en medio de la inseguridad y de la precariedad fueron capaces de mantener a la población informada, en algunos casos, con acciones heroicas.

A partir de lo ocurrido en Estados Unidos, los lectores se reencontraron con la prensa, volvieron a confiar en ella, la consideran indispensable para la democracia y ahora están más animados que nunca a aportar económicamente para que se mantenga viva. Lo mismo debería pasar en Bolivia si es que aspiramos a recuperar nuestra democracia. Sin periodismo no hay cómo soñarlo.

A partir de lo ocurrido en Estados Unidos, los lectores se reencontraron con la prensa, volvieron a confiar en ella, la consideran indispensable para la democracia y ahora están más animados que nunca a aportar económicamente para que se mantenga viva. Lo mismo debería pasar en Bolivia si es que aspiramos a recuperar nuestra democracia. Sin periodismo no hay cómo soñarlo.