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Editorial
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El futuro de los jóvenes
Lunes,  11 de Mayo, 2020
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El futuro se vislumbra difícil para todos. Los que trabajan corren el riesgo de perder sus fuentes de empleo; muchas empresas van a desaparecer y los emprendedores se las batirán en un medio aún más duro, con una sobresaturación de ofertas y poco dinero en el mercado. En este contexto, los jóvenes son los más perjudicados, pues las oportunidades se les cierran en un medio que será dominado por el darwinismo.

Los jóvenes estaban viviendo una época de oro dominada por una multiplicación de espacios y de chances para poder canalizar sus habilidades, acrecentadas por su amplio dominio de las nuevas tecnologías y el fácil acceso a la información y el conocimiento. La generación de los millennials estaba logrando el sueño de sus padres y de sus abuelos, de trabajar y desarrollarse en ámbitos acordes a sus pasiones y sus deseos y no someterse a los designios de una fuerza exterior, como la revolución industrial, que determinó en los siglos pasados, qué aprender, dónde trabajar y cómo lograr el éxito.

Esa burbuja se ha roto para los jóvenes y la realidad que les impone el mundo dominado por la peste los obliga a readaptarse y “agarrar lo que venga”, como hicieron aquellos que vivieron momentos de transición en la historia, como pasó con los labriegos que se volvieron obreros, los proletarios que se convirtieron en cuentapropistas y los oficinistas europeos que hoy mismo están buscando cómo retornar al campo, a las huertas que dejaron hace años para buscar mejores oportunidades en las ciudades. No por nada, el verbo “reinventarse” es el más conjugado en tiempos de pandemia.

Los jóvenes no tienen problemas en asumir nuevos retos, por más difíciles que puedan ser; el problema es que a partir de hoy tendrán que lidiar con una escasez que los puede subyugar al extremo ya que ni siquiera pueden contar con el soporte de sus padres, siempre dispuestos a ponerles el hombro a sus hijos. Esta vez no hay dónde arrimarse y lamentablemente el Estado siempre reacciona de último cuando se trata de la juventud.

Para colmo la educación tampoco ayuda. Las escuelas, las universidades y los burócratas están descubriendo con la pandemia el tamaño de la ignorancia que existe en materia de enseñanza virtual y lo peor es que no hay certeza de que se pueda encontrar el perfil ideal o cuando menos, un nivel aceptable que garantice una transición medianamente aceptable. La educación digital siempre estuvo relegada a un plano complementario, estaba reservada a ciertos grupos y naturalmente requiere unos niveles de motivación y de iniciativa del estudiante que hoy son impensables.

Sin duda alguna, el reto de los educadores es muy grande, pues hoy están obligados a darles una respuesta convincente a aquellos jóvenes que necesitan batirse con una realidad mucho más compleja y desafiante. Si no lo hacen, los actuales estudiantes buscarán otros espacios que estimulen su creatividad.

Sin duda alguna, el reto de los educadores es muy grande, pues hoy están obligados a darles una respuesta convincente a aquellos jóvenes que necesitan batirse con una realidad mucho más compleja y desafiante. Si no lo hacen, los actuales estudiantes buscarán otros espacios que estimulen su creatividad.