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Editorial
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El estado chantajista
Viernes,  12  de Febrero, 2021
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Luis Arce chantajea a quienes acudirán a votar el próximo 7 de marzo en las elecciones municipales y departamentales. Les dice que si eligen a los candidatos de la oposición la coordinación con el gobierno central será más difícil. Es exactamente lo que hacían Evo Morales y García Linera cuando anunciaban que no habría ni plata ni obras para los “enemigos”. Eran más directos, más soberbios, pero igual de sinvergüenzas.

El candidato a gobernador del MAS en Santa Cruz repite como loro la consigna. Afirma que en el votante está la decisión de elegir entre diálogo y confrontación, argumento que define muy bien no sólo el concepto de democracia de los masistas, sino también el modelo de estado y de gobierno que llevan adelante: abusivo, autoritario, arbitrario, centralista, carente de legalidad e institucionalidad y altamente corrupto.

Para ellos no existe la posibilidad de convivencia pacífica entre adversarios, pues dividen a la sociedad entre amigos y enemigos y obtener la mayoría en las urnas es carta blanca para aplastar a los que piensan distinto. La ausencia de justicia y la falta de respeto a las instituciones les permite actuar con absoluta discrecionalidad, usar los bienes públicos como mejor les parece, acosar y perseguir a los opositores, violar las autonomías y recortar los recursos a los municipios y gobernaciones que no se arrodillan ante el centralismo.

El abuso de poder no tiene límites cuando la política es considerada sinónimo de guerra. No tienen reparos en violar todos los principios de la democracia con tal de asegurarse los dos tercios en el congreso y, cuando la votación no les favorece para el dominio pleno, no importa, pues siempre tienen a la mano un as bajo la manga que les asegure aprobar leyes sin consenso, imponer su voluntad, rehuir del diálogo y obligar al ciudadano a aceptar sus caprichos, sin considerar el interés común, el futuro del país o el daño que le puedan ocasionar al estado.

Los más perjudicados por esta falsa democracia y la deformación del estado no son los políticos, pues al final de cuentas ellos terminan acomodándose al chantaje y no dejan de cobrar su tajada. Los que pierden son los ciudadanos, porque tienen al mando y sistema ineficiente, sin control ni fiscalización. La gente no tiene quién la defienda ni quien vele por los intereses de la comunidad. Los gobernantes se sienten con la libertad de actuar como les plazca y todavía tienen el descaro de pedirle a la población que se las aguante.

El resultado de todo esto es nada más que pobreza, pues al no haber políticas públicas ni ningún grado de competitividad, las obras que se hacen, los proyectos que se ponen en marcha y las leyes que se aprueban carecen de impacto social y no atacan los problemas estructurales que del país, que van a perdurar mientras no cambie este estado chantajista.

Los más perjudicados por esta falsa democracia y la deformación del estado no son los políticos, pues al final de cuentas ellos terminan acomodándose al chantaje y no dejan de cobrar su tajada. Los que pierden son los ciudadanos, porque tienen al mando y sistema ineficiente, sin control ni fiscalización.

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