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Editorial
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El día después
Viernes,  4 de Octubre, 2019
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Alberto Fernández, cuya elección se da por descontada en Argentina el próximo 27 de octubre, ya comenzó a gobernar el país semanas antes de que se conozcan los resultados y lo está haciendo con mucha prudencia y racionalidad. El contacto con la administración de Mauricio Macri, su rival en los comicios, es permanente; ambos están coordinando algunas medidas para frenar la inflación y reducir la devaluación; se reúne con industriales, a quienes les pide apoyar al Gobierno y hasta le ha llegado a pedir al gremio de los pilotos que levanten un paro anunciado para este fin de semana.

Lo lógico en la política criolla sería que Fernández se dedique a echarle leña al fuego y que el régimen de Macri termine de derrumbarse. Recordemos que Fernández obtuvo una abultada victoria en las elecciones preliminares de agosto y ampliar el margen de votación le otorgaría una generosa comodidad para gobernar, con mayoría en el Congreso y todo el respaldo popular que requiere un sistema populista como el que le precede a su compañera de fórmula, la inefable Cristina Fernández, cuya figura aparece muy poco en la campaña.

El problema es que el candidato del peronismo sabe que ni todos los diputados y senadores ni todo el caudal que obtenga su gobierno en las urnas lo podrá salvar de las graves consecuencias económicas que le esperan a su país, mucho peor si es que retorna el volanteo de recursos, el enorme gasto público, el derroche y la corrupción que caracterizaron a los 12 años de Kirchnerismo.

La sola mención del retorno del peronismo al poder, en agosto pasado, provocó un disparón del dólar, la inflación de ha vuelto incontenible y las inversiones huyeron como las palomas cuando se acerca el gavilán. El Fondo Monetario Internacional tenía previsto hacer un nuevo desembolso del préstamo de 57 mil millones que le prometió al país, pero en las últimas semanas decidió suspenderlo y seguramente no moverá un peso, hasta que el nuevo gobierno le brinde las garantías de que ese dinero no terminará en las insaciables fauces populistas.

Fernández sabe que no le queda más que ser responsable y así evitar lo ocurrido en 1989 y posteriormente en el periodo 1999-2001, cuando el país quedó sumido en los saqueos, la hambruna y la inestabilidad. El agravante es que hoy, en lugar de un periodo de bonanza que ayudó a superar esas dificultades, en nuestro horizonte se pinta un cuadro de recesión muy oscuro.

Hace poco, el experimentado analista Humberto Vacaflor dijo que el Gobierno de Evo Morales está actuando como si estuviera convencido de que va a perder las elecciones, pues sigue haciendo contrataciones en el Estado, continúa endeudando al país y gastando a manos llenas, cuando recibe fuertes advertencias de la Cepal y otros organismos, de que ese es el camino más directo al desastre. Más bien se trata de una bomba de tiempo que estallará indefectiblemente en la cara de cualquiera que sea elegido el 20 de octubre.

El  Gobierno continúa endeudando al país y gastando a manos llenas cuando recibe fuertes advertencias, de la Cepal y otros organismos, de que ese es el camino más directo al desastre. Más bien se trata de una bomba de tiempo que estallará indefectiblemente en la cara de cualquiera que sea elegido el 20 de octubre.