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Editorial
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El asunto de nunca acabar
Lunes,  12 de Agosto, 2019
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Las dirigencias del Colegio Médico de Santa Cruz y de la Federación de Sindicatos de Ramas Médicas de Salud (Fesirmes), han anunciado que paralizarán sus labores de atención en los establecimientos de salud de los tres niveles, en señal de protesta por la falta de atención a sus demandas por parte de las autoridades locales, departamentales y las del Ministerio del ramo. Mientras que los médicos exigen se honren las deudas contraídas con los hospitales de tercer nivel y se firme de una vez el convenio que debe poner en marcha el Seguro Único de Salud en el departamento, los trabajadores de salud reclaman no solo se solucione el tema de las deudas con los hospitales, sino que reclaman las condiciones e insumos para desarrollar sus actividades.
 
Los paros de salud afectan en primer lugar a la población que demanda la atención médica en los centros de salud y hospitales de segundo y tercer nivel. Sin duda, este tipo de medidas resultan no solo impopulares, sino perjudiciales en extremo porque se coloca en riesgo la vida de muchas personas. En definitiva, de un modo ú otro, quien paga el plato roto de los conflictos viene a ser la ciudadanía en general, a menudo ignorada en sus demandas. Tal situación no debería darse, no solo porque se contraponen a los derechos fundamentales del ser humano, sino también porque trasgreden las propias normas legales que regulan el área. Sin embargo, los trabajadores de salud y el sector médico también se sienten víctimas de las decisiones e indecisiones de las autoridades
 
Porque si se mira bien, este asunto de la salud se está convirtiendo en algo de nunca acabar. La solución a la problemática de salud va de un lado a otro, como Jesús de Nazaret yendo de Herodes a Pilatos, donde al final las autoridades pertinentes se lavan las manos, desligándose de las responsabilidades que les atañen. Conviene señalar que, en el fondo, se trata de puntuales discrepancias políticas y de un “tejemaneje” donde algunos pretenden llevar agua a su propio molino sin tomar en cuenta los auténticos intereses de la gente. También salta a la vista la falta de voluntad política para resolver los entuertos, que los hay y los habrá, pero que pueden abordarse de modo correcto si se aplica el sentido común y se despojan de mezquinos intereses.
 
Conviene recordar que en este asunto se juegan no solo competencias y responsabilidades, sino también los recursos económicos correspondientes que las normativas legales regulan. Por tanto, todo indica que, a la larga, habrá quienes tendrán que asumir las consecuencias de un conflicto que por momentos impresiona como artificial. La legitimidad de las demandas del sector no puede ponerse en duda, aunque se contraponga a la legalidad de las medidas asumidas. Lo que está fuera de duda es que las autoridades de la Gobernación, de la Alcaldía y del Ministerio de Salud deberían poner más de su parte y con sinceridad, para arribar a una solución duradera, dentro de plazos establecidos por un proceso que no puede resolverse entre gallos y medianoche.
 
Los trabajadores de salud y el sector médico están preocupados, y con razón, porque sin auténticas condiciones de trabajo y sin los recursos necesarios para desarrollar sus actividades con normalidad su labor se torna cada vez más delicada. Esta situación empeora cuando sus heroicos esfuerzos no son valorados como corresponde por la sociedad y, por el contrario, se les acecha por la vía judicial, como si de criminales se tratara. En tal sentido, los paros de salud refuerzan ese vil escenario, aspecto que médicos y trabajadores en salud deben evaluar con serenidad. Esa imagen de ir de Herodes a Pilatos debería mover a la reflexión de las autoridades de salud, que están a tiempo de demostrar a todos que, de verdad, les importa la salud de la gente.

Las autoridades de la Gobernación, de la Alcaldía y del Ministerio de Salud deberían poner más de su parte y con sinceridad, para arribar a una solución duradera, dentro de plazos establecidos por un proceso que no puede resolverse entre gallos y medianoche.

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