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Editorial
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Desprecio por la vida
Miércoles,  9 de Agosto, 2017

No nos habíamos repuesto del shock que significó el atraco a Eurochronos y la opinión pública boliviana vuelve a indignarse con un episodio violento, inhumano, desgarrador y fundamentalmente cargado de irrespeto a la vida, el valor más importante que debe ser respetado y protegido hasta las últimas consecuencias, aunque este término esté tan desgastado en nuestro país, donde los valores parecen diluirse en un relativismo irracional que no puede ser ignorado.

Nos referimos a la cruel muerte de Carmen Chacón, un caso que ha comenzado a circular en las secciones de “noticias insólitas” de todos los medios del mundo, pero que no tiene nada de gracioso, pues representa un hecho vergonzante que interpela el estado en el que se encuentra nuestra sociedad.

Carmen Chacón era una mujer que a sus 64 años enfrentaba un cuadro clínico muy grave y su situación había empeorado por la negligencia de hijos y otros familiares que se negaban a prestarle la ayuda necesaria, que seguramente habrá exigido tiempo y muchos gastos, pues aquello de la salud gratuita para los niños, los ancianos o cualquier otro sector, sigue siendo una realidad que solo aparece en los discursos políticos y las dudosas estadísticas que difunden los burócratas.

La Policía y el Ministerio Público deben investigar cómo es que los familiares de doña Carmen consiguieron que un profesional de la medicina les entregue un alta médica, les permita sacar a la mujer del hospital y llevarla a una funeraria, donde la depositaron sobre una mesa y la mantuvieron durante 18 horas, esperando el último aliento. Lo macabro del caso es que mientras la paciente agonizaba y convulsionaba en la parte trasera del salón velatorio, los familiares comenzaban a reunirse vestidos de luto, fumando y conversando, en una suerte de preludio del funeral. Las autoridades tienen que buscar y castigar con todo el rigor de la ley, no solo a todos los que fueron cómplices de este inadmisible crimen, sino también a todos los que facilitaron la infamia, entre ellos un fiscal, que conoció en primera instancia el hecho y lo calificó con el suave eufemismo de “homicidio piadoso”, cuando la piedad fue precisamente el último valor en hacerse presente en toda esta historia de horror.

Afortunadamente este fue conocido gracias a una amiga que pudo ver a Carmen cómo respiraba, lloraba y se retorcía sobre la mesa de la funeraria. Su primera reacción fue difundirlo a través de las redes sociales y aún así, el fiscal que atendió la denuncia lo minimizó y benefició a los acusados con la liberación inmediata y un veredicto que no hace más que pisotear la vida. La opinión pública se ha indignado, ha habido un pronunciamiento de las más altas autoridades y también se rectificó el dictamen del Ministerio Público. Una triste experiencia que nos debe servir para reflexionar y examinar el rumbo que está tomando nuestra sociedad.

La desgarradora muerte de Carmen Chacón, un caso que ha comenzado a circular en las secciones de 'noticias insólitas' de todos los medios del mundo, pero que no tiene nada de gracioso, pues representa un hecho vergonzante que interpela el estado en el que se encuentra nuestra sociedad.

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