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Editorial
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De la complicidad a la cooperación
Lunes,  2  de Diciembre, 2019
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El caso de Pedro Montenegro Paz es el que mejor ilustra cómo encaró el gobierno de Evo Morales la lucha contra el narcotráfico, caracterizada por la complicidad con los clanes que durante 14 años prácticamente tuvieron el camino expedido para desarrollar sus actividades.

La justicia brasileña había pedido la extradición de Montenegro, pero durante un largo tiempo, el régimen boliviano se dedicó a protegerlo. Se ha comprobado que se eludieron los procedimientos jurídicos, se ocultó información valiosa y hasta las máximas instancias judiciales del Estado Plurinacional se involucraron para impedir la entrega de este peligroso narcotraficante que llegó a penetrar a la Policía y numerosas instituciones estatales, que hasta último momento hicieron esfuerzos para lograr su impunidad.

No se trata de un hecho aislado, pues las implicaciones del gobierno anterior con las mafias son numerosas y alcanzaron altos niveles, como sucedió con el general René Sanabria, un funcionario de peso del Ministerio de Gobierno; el mayor Fabricio Ormachea, un oficial mimado de las altas cúpulas del poder o el clan Terán, una familia vinculada estrechamente con el expresidente Morales.

Desde la expulsión de la DEA, suficiente evidencia para mostrar el gran giro en la lucha contra las drogas, Evo Morales puso a un dirigente cocalero al mando de la nueva estrategia, consistente en aplicar el denominado “control social”, algo así como encargar que los ratones cuiden el queso. Los cultivos de coca se incrementaron exponencialmente, la producción de coca del Chapare (cuyo destino es casi exclusivo a la fabricación de cocaína) se volvió legal y la persecución se concentró en los campesinos de Los Yungas, el único lugar donde las cosechas de coca se destinan al consumo tradicional.

Durante los últimos 14 años, Bolivia ha sido descertificada por el Gobierno de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, señalando una falta de cooperación con los organismos internacionales y con las metas fijadas para combatir este flagelo. La ONU y la Unión Europa también han sido persistentes en demandar mayor predisposición y los países vecinos, especialmente Chile y Brasil en reiteradas ocasiones mostraron desesperación por la gran cantidad de droga enviada desde Bolivia y recurrieron a la militarización de las fronteras. La explosión de este negocio ilícito llegó a complicar al propio régimen con la proliferación de narcocomunidades en distintos puntos del país, donde también prosperaron otras actividades relacionadas como el contrabando, el tráfico de autos robados y la trata de personas.

La entrega de Montenegro a Brasil, sin duda es una excelente señal que brinda el Gobierno de Jeanine Añez y debe marcar un nuevo hito en la lucha contra las drogas en Bolivia. En las últimas semanas hemos sido testigos de que el narcotráfico puede complicar aún más la situación del país con la aparición de los tentáculos del narcoterrorismo.

La entrega de Montenegro a Brasil, sin duda es una excelente señal que brinda el Gobierno de Jeanine Añez y debe marcar un nuevo hito en la lucha contra las drogas en Bolivia. En las últimas semanas hemos sido testigos de que el narcotráfico puede complicar aún más la situación del país con la aparición de los tentáculos del narcoterrorismo.