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Editorial
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Conquistando a los jóvenes
Miércoles,  9 de Octubre, 2019
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A último momento, el presidente Morales  se da cuenta de un sector olvidado y lanza ofertas electorales para atraer a los jóvenes. Lo hace desesperado no solo porque los números en general siguen siendo adversos para el oficialismo, sino porque particularmente, la franja juvenil del electorado siente un especial rechazo por el régimen, hecho para nada despreciable, pues los votantes entre 18 y 30 años de edad representan casi el 35 por ciento del padrón.

Y no es que los candidatos opositores se hayan convertido en el imán para los jóvenes, pero ante la aridez que presenta el Gobierno, la inclinación por los adversarios es obvia, sobre todo por un sentimiento de aversión más que por la simpatía que puedan despertar los demás. 

Puede que la repulsa hacia el Gobierno se haya acentuado en los últimos meses, durante los incendios que consumieron los bosques chiquitanos. Estamos ante una generación profundamente comprometida con causas nobles y en especial con el medio ambiente. Es la primera vez que surge la esperanza de que la conciencia de estas nuevas camadas de ciudadanos se traduzca en acciones concretas que ayuden a salvar el planeta. Hemos visto cómo cientos de jóvenes se volcaron con toda su energía para ayudar como voluntarios durante la emergencia, mientras el Gobierno solo trataba de minimizar el desastre y evadir sus propias culpas. Eso para un joven resulta intolerable.

Los jóvenes fueron también quienes obligaron al resto de los bolivianos a tomar conciencia de la importancia de luchar por la democracia. Ellos asumieron el protagonismo en la campaña por el “No” en el Referéndum del 21 de febrero de 2016. Usaron las redes sociales, tomaron las calles y, posteriormente, cuando el presidente se negó a aceptar la decisión del pueblo, se convirtieron en la piedra en el zapato de los gobernantes, a quienes seguían a todas partes recordándoles su obligación de acogerse al mandato de la constitución. Cuando los líderes políticos estaban adormilados, ellos movilizaron las plataformas y enarbolaron una bandera que ha sido fundamental para llegar a este sitio, en el que es posible pensar en una recuperación del Estado de derecho.

El Gobierno ha hecho todo lo que los jóvenes de hoy más desprecian. Ha querido adoctrinarlos en un mundo donde las ideas buscan fluir con mayor libertad que nunca y ha pretendido comprarlos con chucherías y migajas, cuando ellos están interesados en sus sueños, sin importar cuánto les cueste alcanzarlos. Finalmente, les ha provocado mucha risa con esos cálculos matemáticos del Vicepresidente, sus falsos títulos universitarios y también con los dotes de bombero del presidente Morales.

A los jóvenes de hoy no se los conquista con las viejas promesas de antes. Por supuesto que la vivienda y el trabajo son importantes, pero las nuevas generaciones no son tanto de echar raíces como antes y tampoco les gusta atornillarse en un puesto como sus padres y abuelos. Ellos viven una vida on line, estudian a distancia, trabajan, pero también disfrutan. Lo que no soportan es la falsedad y la mentira, cosa que no ha cambiado en la política.

Puede que la repulsa hacia el Gobierno se haya acentuado en los últimos meses, durante los incendios que consumieron los bosques chiquitanos. Estamos ante una generación profundamente comprometida con causas nobles y en especial con el medio ambiente.