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Editorial
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Cambio de mentalidad
Sábado,  5  de Enero, 2019
Cambio-de-mentalidad

La violencia contra la mujer en Bolivia ha sido, es y sigue siendo un tema-problema de difícil solución. De hecho, los registros de feminicidios acaecidos durante el año pasado señalan que cada tres días muere una mujer por efectos de la violencia de género en el país. Por otra parte, los vejámenes de tipo sexual han tomado un cariz preocupante: drogas y violaciones en grupo. Un reciente caso registrado en la capital cruceña ha mostrado la dimensión de la gravedad del delito y los múltiples factores coadyuvantes. Lo que ocurre en el país resulta preocupante, sin que sirva de consuelo que también en los países de la región y el mundo se viene registrando una violencia contra la mujer que se traduce en agresiones injustificables desde el enfoque racional y civilizado
 
Todo indica que una de las causas principales de la violencia contra la mujer radica en una mentalidad que no acompaña el avance de las normativas legales y jurídicas de la sociedad humana en favor de los derechos fundamentales de las mujeres. Existe, en el subconsciente colectivo, la creencia que la mujer es lo más parecido a un objeto disponible, con las connotaciones sexuales agregadas y el bagaje cultural de los tiempos que corren. Esta mentalidad, tan arraigada en el género masculino y en diverso grado también en el femenino, condicionan el entorno sociocultural y las conductas erróneas que conducen de manera directa e indirecta a los dolorosos caminos del ejercicio de la violencia contra la mujer en todas sus formas
 
La colectividad boliviana enfrenta una realidad lacerante en el terreno de los derechos humanos fundamentales de las mujeres. Esta realidad ha condicionado un escenario donde la sensibilidad social está a flor de piel, al punto que se está continuamente desenmascarando conductas y dichos en contra de la igualdad de género que tienen su sustento básico en una mentalidad equivocada. Un ejemplo de esta figura viene a ser la reciente destitución de una autoridad policial que ha vertido declaraciones polémicas sobre la conducta de las mujeres como causa de los hechos de violencia de género. Puede señalarse un “lapsus linguae” en este caso, lo que no oculta la mentalidad detrás de esas apreciaciones, que colocan a la mujer en nivel y trato inferior.
 
Quizás tengan razón los expertos que indican la preeminencia de una mentalidad patriarcal, machista, en la sociedad actual, que actúa de marco contextual para la discriminación de género en contra de la mujer en todos los espacios posibles. De esa misma mentalidad siguen siendo partícipes en diverso grado las diferentes generaciones de mujeres. Así, los avances sociales, económicos, políticos y de legislación jurídica normativa que se vienen dando no han impedido que esa mentalidad dominante sea el principal escollo para lograr la igualdad de género en el terreno de los derechos básicos del ser humano. Por tanto, resulta lógico concluir que hace falta mucho por hacer para el cambio de mentalidad que debiera comenzar desde el seno de la familia.
 
Bolivia cuenta con una envidiable legislación sobre la protección de los derechos de la mujer, sin que estas normativas se pongan en práctica como corresponde. La tasa de feminicidios en el país sigue siendo una de las más altas de la región. Sin duda, son insuficientes la existencia de leyes más duras y acciones punitivas contra los transgresores. Al mismo tiempo, deben ser más amplias y consistentes las acciones y políticas públicas para prevenir y reducir las cifras de feminicidios y de la misma violencia contra la mujer. Con todo, el reto de modificar la mentalidad a favor de la igualdad de género y el respeto a la mujer en todos los terrenos, debería fortalecerse desde el mismo núcleo familiar y extenderse a la escuela, desde la base, hasta el legítimo ámbito social y laboral.

El reto de modificar la mentalidad a favor de la igualdad de género y el respeto a la mujer en todos los terrenos, debería fortalecerse desde el mismo núcleo familiar y extenderse a la escuela, desde la base, hasta el legítimo ámbito social y laboral.

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