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Editorial
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Atentado a la educación
Viernes,  26 de Junio, 2020
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Los que pagan educación privada lo hacen porque no confían en las escuelas públicas. Saben que la calidad de la enseñanza es pésima, el funcionamiento es inestable, no existe una adecuada supervisión y la politiquería interfiere negativamente en los contenidos, mayormente orientados al adoctrinamiento y no a la ciencia y el conocimiento útil.

Los que pagan educación privada también pagan por la educación pública. Ellos costean las escuelas que nadie cuida y que demandan grandes sumas de dinero en reconstrucción, pues no hay quien se ocupe del mantenimiento. Ellos pagan los sueldos de maestros mucho menos comprometidos con su trabajo, pues no se los controla y son proclives al mínimo esfuerzo y a interrumpir su labor por cualquier excusa. Ellos solventan el desayuno escolar, el bono Juancito Pinto y las computadoras que regala el gobierno, únicas maneras de mantener a muchos alumnos en clase, ya que muy pocos ven utilidad en la educación que se imparte en aquellos colegios.  Las estadísticas del abandono escolar en el nivel secundario no mienten.

Un reciente estudio de la Unicef en Bolivia muestra que la mayoría de los colegios fiscales no están funcionando durante la cuarentena, lo que equivale a decir que el 40 por ciento de los niños en edad escolar prácticamente están librados a su suerte y es muy probable que, de continuar en esta situación, no sólo sufrirán un grave déficit en su desarrollo escolar, sino que corren el riesgo de abandonar definitivamente los estudios. 

Por si no lo saben los que pagan educación privada, esto equivale a un aumento de la pobreza, una carga que también deben asumir quienes se esfuerzan, los que tienen un trabajo estable, los que confían en su potencial y no en las dádivas del Estado y los que, lógicamente, tienen la certeza de que la educación puede proporcionarles un mejor futuro a sus hijos y están decididos a pagar por ello.

Curiosamente, nadie está reclamando por la paralización de las escuelas públicas, ni los profesores ni los padres protestan por este atentado a la niñez. El Ministerio de Educación no hace lo suficiente para poner en marcha las clases a distancia y apenas se observa la iniciativa de unos pocos maestros que heroicamente hacen esfuerzos por superar la distancia y mantener el contacto con sus estudiantes. Durante los últimos tres meses hemos escuchado nada más que promesas y los niños siguen esperando por una respuesta concreta.

Por el contrario, los reclamos van dirigidos hacia los colegios privados, los únicos que están trabajando y buscando la forma de mejorar la educación digital que, como sabemos, atraviesa dificultades en todo el mundo. Esas quejan sí han tenido eco en las autoridades y la respuesta ha  sido castigarlos con una rebaja de las pensiones, medida que aumentará el gran hueco financiero provocado por la mora en el pago. A este paso, no es difícil de predecir el futuro que le espera a la educación privada, cuya desaparición dejará a los bolivianos a expensas de la oferta pública.

Los reclamos van dirigidos hacia los colegios privados, los únicos que están trabajando. Esas quejan sí han tenido eco en las autoridades y la respuesta ha  sido castigarlos con una rebaja de las pensiones, medida que aumentará el gran hueco financiero provocado por la mora en el pago. A este paso, no es difícil de predecir el futuro que le espera a la educación privada, cuya desaparición dejará a los bolivianos a expensas de la oferta pública.