Tribuna

Perdió Trump: ¿ganará EE.UU.?

Perdió Trump: ¿ganará EE.UU.?
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2026-11-07 08:37:25

Hace dos años, después de la victoria de Donald Trump, planteé en estas páginas una pregunta: «Ganó Trump, ¿ganará Estados Unidos?». Las elecciones de este 3 de noviembre ofrecen una primera respuesta.

Según las proyecciones de CNN y Fox News, los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso. Aunque quedan contiendas por resolver, el cambio de poder está definido. Fue un bluenami: una ola azul que golpeó al Partido Republicano, al movimiento MAGA y a Trump. Trump había pedido votar como si él mismo estuviera en las papeletas, y así lo hizo el electorado. Resultó que la cercanía al presidente terminó siendo un lastre electoral.

Dos grandes sombras acompañaron al Gobierno hasta las urnas: la dificultad para afrontar el costo de la vida cotidiana y el ejercicio del poder sin suficientes controles ni rendición de cuentas.

En mi artículo «Estados Unidos: ¿riqueza sin bienestar?», publicado en El Día el 29 de octubre, describí una contradicción: una economía capaz de multiplicar fortunas mientras millones de familias tienen dificultades para llegar a fin de mes. La prosperidad de Wall Street no paga automáticamente las facturas del hogar.

Esa distancia entre las grandes cifras y la experiencia cotidiana pasó factura política. Frente al supermercado, al pagar el alquiler o al llenar el tanque, lo que importa es cuánto alcanza el sueldo. Una inflación más baja tampoco devuelve los precios a sus niveles anteriores. Antes de la elección, el 84% de los votantes registrados consideraba que la economía era muy importante para decidir su voto, según el Pew Research Center.

Pero mirar únicamente el bolsillo deja fuera otra pregunta: ¿para quién se gobierna? Mientras muchas familias ajustaban sus presupuestos, los negocios presidenciales prosperaban. The New York Times informó que Trump había obtenido ingresos estimados de al menos 2.200 millones de dólares durante el primer año de su regreso, principalmente mediante negocios de criptomonedas. Al mismo tiempo, su administración intervenía en las reglas de ese sector. Nunca antes en la historia de EE.UU. se había visto algo semejante de manera tan evidente y extensa. Estos conflictos de interés requieren investigación y explicaciones. La responsabilidad penal corresponde a los tribunales; la responsabilidad política también se exige en las urnas. Gobernar obliga a demostrar que las decisiones sirven al país y que el cargo no se utiliza para favorecer negocios propios.

Ambas sombras están conectadas. Cuando el poder público se confunde con el beneficio privado, se deteriora la confianza en las decisiones económicas y en la igualdad ante la ley. El daño inmediato puede medirse en dinero; el más duradero aparece cuando una sociedad acepta que las reglas dependen del apellido.

Sin embargo, el castigo electoral convive con una fidelidad extraordinaria. CNN informó el 26 de octubre que Trump conservaba una aprobación del 95% entre los republicanos MAGA, frente al 76% entre los republicanos en conjunto y apenas el 47% entre los no MAGA. La encuesta de agosto de The Economist/YouGov mostraba una brecha semejante: un 95% de aprobación entre los republicanos MAGA y un 59% entre los no MAGA. Son mediciones anteriores al voto, pero revelan una división que el resultado nacional no debe ocultar. CNN confirmó cifras similares a partir de las encuestas a boca de urna. La lealtad se vuelve peligrosa cuando ningún fracaso merece revisión y cualquier abuso encuentra una excusa.

Por eso, el mensaje central supera el enfrentamiento entre azul y rojo. Lo que ha estado en juego es el equilibrio entre poderes frente al abuso, la rendición de cuentas frente a la impunidad y la sensatez frente al fanatismo. Esos principios deben exigirse a ambos partidos.

Los demócratas reciben una responsabilidad, no un cheque en blanco: fiscalizar con pruebas, aliviar el costo de vida y evitar los excesos que denunciaron.

En 2024 ganó Trump, pero parece que el balance para el país es negativo. El alza del costo de vida podría revertirse con políticas más sensatas; reconstruir la confianza en las instituciones y, particularmente, en la Presidencia será más difícil y tomará tiempo. Este último aspecto repercute en el resto del mundo mucho más que el primero. En 2026, los estadounidenses han abierto una oportunidad para que gane el país. Habrá victoria de la democracia si este castigo electoral se convierte en instituciones más firmes, gobernantes sujetos a la ley y una vida más llevadera para sus ciudadanos.

Oscar Antezana Malpartida | Columnista