Enfoque Internacional

¿Hasta qué punto son inútiles las Naciones Unidas?

Enfoque Internacional | | 2026-11-05 05:35:34

Javier Milei no se anduvo con rodeos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: calificó a la organización de «inútil» y cuestionó su enorme burocracia internacional. Más allá de la retórica del presidente argentino, su crítica plantea un problema económico fundamental: la imposibilidad de calcular si los recursos empleados por una institución burocrática están destinados a los usos más valiosos.

Es evidente que algunas acciones de la ONU producen beneficios concretos. Sus agencias vacunan niños, alimentan a personas afectadas por hambrunas, asisten a refugiados y participan en operaciones de mantenimiento de la paz. Incluso existen investigaciones que demuestran que estas intervenciones pueden reducir las muertes de civiles. Por tanto, sería exagerado afirmar que todo lo que hace la organización carece de utilidad.

Sin embargo, como explicó el economista Ludwig von Mises, producir resultados beneficiosos no significa necesariamente utilizar los recursos de manera económica. Una actividad puede generar algo valioso y, al mismo tiempo, consumir recursos que habrían producido mayores beneficios en otro destino.

Una empresa privada está sometida a una prueba permanente: los consumidores deciden si compran sus productos, los inversores arriesgan su capital y la competencia obliga a mejorar. Las ganancias y las pérdidas permiten conocer si los recursos se utilizan para producir bienes que las personas valoran más que las alternativas disponibles.

La ONU no enfrenta esa misma disciplina. Su financiamiento proviene principalmente de los gobiernos, cuyos ingresos proceden, en buena medida, de los impuestos. El contribuyente no puede rechazar voluntariamente los servicios de la organización ni decidir qué parte de sus recursos quiere destinar a ellos. Por eso, no existe un mecanismo de mercado que permita comparar las preferencias de quienes aportan los recursos con los resultados obtenidos.

El sistema de Naciones Unidas reportó gastos cercanos a los 66.000 millones de dólares en 2024. De esa cantidad, aproximadamente 7.600 millones correspondieron a funciones de apoyo: administración, dirección, tecnología, comunicaciones, supervisión y recursos humanos.

Las cifras muestran cuánto dinero se gastó, pero no permiten determinar si se utilizó correctamente. En una empresa privada, los costos excesivos terminan afectando las ganancias. En una burocracia financiada con aportes gubernamentales no existe una señal equivalente que indique cuándo el gasto administrativo supera el valor que genera.

Lo mismo ocurre con los salarios. La ONU utiliza el principio de Noblemaire para establecer remuneraciones profesionales tomando como referencia al servicio civil nacional mejor pagado. Aunque existen razones para ofrecer salarios competitivos, no hay una prueba de mercado que determine si cada contratación genera un valor superior a su costo.

La iniciativa UN80 busca reducir duplicaciones, consolidar servicios administrativos y reorganizar operaciones. Si consigue disminuir gastos manteniendo el mismo nivel de vacunaciones, asistencia humanitaria y operaciones de paz, demostrará una mejora de eficiencia técnica. Sin embargo, no resolverá la cuestión fundamental: si esos recursos estarían mejor empleados en otras actividades.

Un análisis de costo-beneficio tampoco puede sustituir completamente los precios de mercado. Poner cifras a las vidas salvadas o a los conflictos evitados ofrece estimaciones útiles, pero no reproduce las decisiones voluntarias de quienes aportan los recursos.

La crítica económica más profunda a las Naciones Unidas no consiste en afirmar que sus beneficios son inexistentes, sino en reconocer que no hay un mecanismo confiable para determinar si superan sus costos de oportunidad.

Milei puede exagerar al calificar de inútil a toda la organización. Una vacuna administrada o un refugiado alimentado representan beneficios reales. Pero utilidad y valor económico no son lo mismo. El problema de fondo es que la ONU consume recursos escasos sin someterse al sistema de precios, ganancias y pérdidas que permite descubrir si están destinados a los usos que la sociedad realmente valora.

Shahid Islam - Instituto Mises