Hago nota que mi latín puede ser más pobre que el inglés de Brecht y su The Threepenny Opera
El domingo 25 pasado, Brasil fue a las urnas para el séptimo
ballotage después que FHC ganara en primera en 1998. Iban dos candidatos,
representando los dos lados irreconciliables de la sociedad brasilera: el
lulismo populista y el bolsonarismo “liberal” (pro mercado). En primera vuelta,
a pesar de que los pronósticos daban primera mayoría a Lula da Silva, fue
Flávio Bolsonario quien sacó mayoría simple: el 47,03 % versus el 45,16 %; para
la segunda, gran parte del tiempo los augurios daban seguro ganador a FB pero,
en vísperas del 25, ya anunciaban empate técnico. Ni angas ni mangas: Lula se
alzó con la victoria, un miraculum Lulae por el que deben haber orado los 47
obispos brasileños (de los estados campeones de Bolsa Familia) que, en la
víspera del día E, publicaron un manifiesto impeliendo a votar contra FB (no
pide a favor del otro). (Me quedó en duda que pensó de ello la Conferência
Nacional dos Bispos do Brasil ―CNBB― que ese día también sacó un llamado sin
tendecionalismo a la mesura, a la participación y a votar con fe).
Pero comparemos resultados (disculpa, amigo lector, que no
haga cuadros porque mis editores trinan contra ellos) y pido paciencia porque
son importantes para la democracia brasilera.
En primera vuelta, de 158.745.502 ciudadanos registrados
asistieron 125.275.835 habilitados (el 78,92 %) y se abstuvieron 33.469.244 (el
21,08 % del padrón); los votos válidos fueron 119.300.788 (95,68 % de los que
fueron a votar) y los votos blancos y nulos 5.975.047 (5,01 % de los
asistentes). (La diferencia al 100 % está diluida en los redondeos de los
cálculos con probabilidad).
FB obtuvo 56.104.503 votos (el 47,03 % de válidos); Lula
sumó 53.879.538 (el 45,16 %); los cuatro siguientes ―candidatos de
organizaciones de centroderecha a derecha― lograron 9.056.092 votos (el 7,59
%), y las seis restantes candidaturas ―de todo el arco ideológico variopinto
pero sobre todo de izquierda dura― lograron, juntas, 260.655 votos (el 0,22%).
¿La suma de todos los porcentajes? Cien por ciento cabal.
Bolsonaro ganó en 13 Estados (incluyendo los de mayor PIB y
PIB per cápita) y en el Distrito Federal y Lula en los votos del exterior y en
13 Estados (la mayoría nordestinos y principales beneficiarios de Bolsa
Familia, entre otros apoyos).
Pausemos. Los debates fueron un fracaso para Bolsonaro y,
aunque ninguno fue exitosamente proactivo, Bolsonaro ―sobre todo en el segundo―
fue muy agresivo, rayando en lo irrespetuoso con su contrincante (y en lo
despectivo con las víctimas de amputaciones) y, aunque no creo que mayoritariamente,
ese desempeño pudo afectarle sobre las intenciones de votos de una parte
significativa de los que siguieron los debates.
Otro factor de beneficio para el candidato Lula da Silva
fueron, sin dudas algunas, las medidas
de última hora que, como Gobierno, tomó en la semana previa al ballotage: la
eliminación de la semana 6+1, la exención impositiva a empresarios
monocontribuyentes (que ahora podrán tener dos trabajadores dependientes con
sueldo mínimo) y los transportes públicos gratis en fines de semana para todos,
medidas todas ellas drenando ingentes recursos del Estado pero, a la vez,
siendo muy atractivas para la población de escasos recursos, target siempre
beneficiado y coqueteado por las administraciones de Lula.
En segunda vuelta, de los mismos 158.745.502 ciudadanos
registrados asistieron 128.236.074 electores (el 80,78 %) ―2.960.239 electores
de nueva aparición en este proceso, el 2,36 % más― y se abstuvieron 30.509.005
(el 19,22 %), 2.960.239 menos que la vez anterior; los votos válidos fueron
124.082.273 (96,76 % de los que fueron a votar), 4.781,485 más electores
válidos (+1,53 %) y los votos blancos y nulos sumaron 4.153.801 (el 3,24 % de
los asistentes: 1,77 % menos pifiados). En suma: al ballotage, entre más
asistentes y menos blancos y nulos, fueron 6.602.731 votantes válidos más que
en la primera vuelta. Guardemos este número.
Lula obtuvo 64.256.232 votos (el 51,79 %) y FB 59.826.041
(el 48,21 %). El resultado de Lula da Silva en porcentajes es espectacular (más
allá de lo que decían los estudios de intenciones) pero lo llamaré “un milagro”
―Miraculum Lulae― en crecimiento: pasó de 53.879.538 adherentes en primera
vuelta a 64.256.232 en la segunda: 10.376.694 más, el 19,26% de crecimiento.
(FB creció 3.721.538, un 6,63 % o el 34 % del crecimiento de Lula).
Bolsonaro ganó en 12 Estados (los mismos anteriores menos
Minas Gerais que en segundas perdió por el 0,87 %) y en el Distrito Federal y
Lula lo superó en los votos en el exterior y en 14 Estados (los mismos
anteriores más Minas Gerais por menos del 1 %).
Respiremos. Un milagro… Pero veamos las fuentes de
crecimiento.
Los candidatos de los lugares 3 al 5 en primera vuelta
(Cury, Santos y Caiado) le ofrecieron a FB sus votos (8.729.604, el 7,32 % de
la primera vuelta) y el cuarto (Zema) dejó a sus 326.488 votantes (el 0,27 %)
en libertad. En la práctica, considerando el incremento de 3.721,538 que tuvo
FB (dato que debería incluir el crecimiento de votantes y menos descartados y
el apoyo del MDB explícito), en ninguna forma se dio algún trasvase
significativo desde ese grupo. (Los 260.655 votos de los otros seis candidatos
pudieron ser una gota minúscula).
Concluyendo con la estadística electoral, el milagro
electoral de Lula estuvo asentado en recibir una amplia porción ―no me atreveré
a absolutizar― de los 6.602.731 votantes válidos más en el ballotage en
relación con la anterior vuelta y de la mayoría de los votantes de los otros
diez candidatos de la primera vuelta (incluyendo los de Cury, Santos, Caiado y
Zema), con independencia de su preferencia política.
No obviaré que en un primer momento que llegó el anuncio de
detener el recuento y prorrogar dos horas la votación (a pedido doble: primero
por el equipo de Lula y luego por el de Bolsonaro), con el correspondiente
congelamiento virtual ―a los minutos de iniciada la divulgación del recuento
tras el cierre a las 17:00 (hora Brasilia) y con poco más de 0,15% subido a la
app de Resultados del Tribunal Superior Eleitoral― reviví el 20 de octubre de
2019 y la manipulación del TED, peor aun cuando contabilicé totales al final de
la jornada y vi el crecimiento del 19,26 % en los votantes por Lula (para
Bolsonaro creció 6,63 %, a pesar de las prometidas adhesiones de los candidatos
derrotados y del MDB). Pero confirmando en medios internacionales que sólo 35
mil votantes adicionales aparecieron en esas dos horas plus, comprendí que (al
margen de otras consideraciones posibles) los beneficios populistas de última
hora del gobierno federal podían haber sido determinantes en las conciencias
que dependían de ralos bolsillos. Al fin y al cabo, así es el populismo, no
importa el signo y más claro el de la izquierda 21: llámense Bolsa Familia,
CLAPs, los “planes sociales” o la libreta regulada, todos sirven para frenar la
emergencia de nuevos clasemedieros porque, como dijo Chávez (y no sólo él) «los
pobres con esperanza son los que votan por nosotros».
Luego, apareció un eufórico André Janones compartiendo la
victoria con Lula. Janones, un hasta ahora (casi) desconocido públicamente
diputado electo del PT y creador del canal de WhatsApp “Ejército de Lula”
abierto el 5 de octubre y que superó los 10 millones de seguidores, autor de
Janonismo Cultural y gurú de esta victoria (en sus palabras y las de Lula), fue
el artífice de las campañas de miedo ―Cerimedo style, otro factor importante en
la toma de decisiones al votar― con las que atacó a FB (incluido el bulo de que
si ganaba el candidato del bloque liberal iba a quitarle el título de Padroeira
do Brasil a la Nossa Senhora Aparecida).
La verdad es que esos 10 millones de adscritos al sitio (con
posiblemente muchos bots) no podían ser nuevos votantes más allá de los más de
6,6 millones que (entre los nuevo no abstenidos y las menos pifias en blanco y
nulo) sino que eran ya de antes adherentes de Lula y de sus aliados de
izquierda y extrema izquierda. Como marketing político digital fue muy bien
posicionado pero no en buenas estadísticas: el “Ejército de Lula” no fue el
vencedor, tal fue y es un cuento de marketing digital brasileño (a modo de
cuento chino). En elecciones, sobre todo en unas tan reñidas como éstas, la
fidelidad de los votantes por un candidato, un partido o una ideología no es
tácita ni permanente: En Brasil, un país muy desigual (el más desigual de
Latinoamérica en distribución de la riqueza luego de Colombia) y con altos
índices de pobreza (entre el 23 y 28 %, cerca de la media regional), el factor
economía (sobre todo doméstica, personal) pesa significativamente a la hora de
emitir el voto y los beneficios extraordinarios de carácter populistas de las
semanas anteriores podían ―y pudieron― mover las estadísticas.
Lula obtuvo su cuarta presidencia y desde ya superó el hito
de Getúlio Vargas. Ahora deberá afrontar un minado camino: el nuevo Congreso
más adverso, dieciocho gobernadores opositores, un crecimiento esperado del 2,2
%, inflación del 4,58%, déficit del 9,51 % del PIB y deuda pública al 82,9 %
del PIB.
Como dije antes de este panegírico electoral: no soy fan de Flávio Bolsonaro ―quien, más que liberal, es un populista de derecha nacionalista― pero mucho menos lo soy de Lula da Silva, el último sobreviviente del socialismo veintiunero que ha hundido Nuestra América.