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Francia miró de frente el abismo y colapsó

Francia miró de frente el abismo y colapsó
Javier Medrano | Periodista columnista
| 2026-10-22 00:11:55

El escritor francés Gustave Flaubert, autor de la célebre novela Madame Bovary, señaló que, de vez en cuando, llega una avalancha de mierda y lo sacude todo. Y así fue. Este fin de semana, en Francia se produjo un estallido social que constituye un aviso sonoro de lo que puede suceder cuando se extiende la idea de que la política es incapaz de resolver los problemas básicos más apremiantes y se vulneran los derechos humanos de cientos de miles de jóvenes, literalmente echados a su suerte.

Jóvenes precarizados, sin ninguna posibilidad de adquirir una habitación donde dormir, y muchísimo menos un monoambiente. No tienen un futuro medianamente prometedor. El acceso a la salud es prohibitivo, por no hablar de la imposibilidad de acceder a la educación superior. Los precios son inaccesibles para realizar las compras mínimas del mes y la juventud francesa se siente en completa orfandad. No hay solidaridad, cooperación ni políticas públicas que protejan a sus jóvenes.

El grave riesgo es que este síntoma se extienda por toda Europa, en especial por Alemania, España e Italia, donde los ultraderechistas y los ultraizquierdistas azuzan a sus anchas. Ambas tendencias son destructivas y peligrosas para la estabilidad democrática occidental.

Baste un dato altamente preocupante: de acuerdo con las propias autoridades francesas, unos 550.000 manifestantes salieron a las calles a protestar violentamente, de los cuales 110.000 se concentraron en París. Los datos también señalan la detención de más de 2.000 jóvenes y un saldo de más de 600 policías, gendarmes y bomberos heridos.

Otro dato preocupante es el que proporcionó el presidente de la Federación de Comercio y Distribución, quien denunció que más de 1.500 comercios fueron saqueados y destrozados. El ayuntamiento de Limoges —ciudad con un importante patrimonio arquitectónico— quedó completamente destruido por un incendio provocado por los manifestantes, mientras que los ayuntamientos de Marsella y Lille también fueron invadidos y destrozados.

Fue una batalla campal en Francia que puede, ciertamente, contagiarse a Bélgica, Alemania, Italia, Portugal y Albania.

Europa se juega mucho en estos días debido a su radicalización política, la crisis migratoria, la crisis económica y los ultras radicales, que todos los días echan abundantes litros de gasolina al fuego.

La juventud se planta ante un futuro sin salidas, como ya lo hizo durante la Revolución de Mayo del 68, cuyo fundamento tuvo su origen precisamente en los jóvenes. La mecha se encendió en las universidades de Nanterre y la Sorbona, mientras que las protestas recientes surgieron de manera descentralizada en colegios secundarios y sectores estudiantiles.

En aquel año emblemático, 1968, el movimiento estudiantil logró articular una convergencia histórica entre los sindicatos y la clase obrera, desatando una huelga general de casi diez millones de trabajadores que puso en jaque al Gobierno del general Charles de Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial.

Todo parece indicar que aquellos acuerdos sociales y políticos que alguna vez consideramos sólidos han sido demolidos sin contemplaciones durante estas últimas décadas. Hay una rabia contenida descomunal.

Si esta tendencia se agrava aún más, el conflicto podría generalizarse y la propia unidad de la Unión Europea estaría en serio riesgo de colapsar. Muchos buitres que detestan las democracias occidentales se regocijan mientras impulsan sus prácticas belicistas, y los ultras se disponen a destruir todo el escenario europeo que logró mantener la paz durante más de 80 años.

La ola de mierda que advierte Flaubert ha caído sobre toda Europa.

Javier Medrano | Periodista columnista