Bisturí

La desesperación de ser boliviano

La desesperación de ser boliviano
Franklin E. Alcaraz Del C. | Periodista columnista
| 2026-10-21 06:07:52

No era un día cualquiera. El sol salía apenas, como haciendo un esfuerzo cósmico detrás de densas nubes que ocultaban aviesas intenciones de lluvia. En realidad, el sol peleaba con las nubes. Salía triunfante un rato, pero luego pesados nubarrones lo ocultaban otra vez. Abajo, en la tierra, yo, todavía niño, corría de la sombra al sol para calentarme y combatir el frío que venía transportado por el viento del altiplano. Al final triunfó el sol y el día se tiñó de alegría.

Un rato de esos, mientras estaba echado en un espacio de sol, apareció la sombra de mi padre. “¡Fran!”, me dijo – Así me llamaban mis padres – “Vamos al río a traer hielo. Llama a tu hermano, que traiga bolsas, hoy vamos a tener helados de vainilla como postre” Y si, tuvimos el helado, artesanal, riquísimo como ninguno, hecho en familia. Pero lo interesante fue la conversación que tuvimos con mi padre, mientras caminábamos al río. “Papi, ayer vimos en el cine (no había TV todavía), cómo viven los gringos, ¿por qué no podemos vivir como ellos?” dijo mi hermano. Y mi padre “porque siempre hemos tenido gobernantes que primero piensan en sus bolsillos que en la Patria”. No lo entendimos entonces. ¿Lo entendemos ahora? ¿Qué cambió? La conversación se extendió, claro está. Mi padre aprovechó para enseñarnos parte de la historia de Bolivia y las características de varios gobiernos nacionales. Fue muy rica la caminata al río.

Mucho tiempo pasó. Desfilaron presidentes que prometían todo, pero nada cambiaba. Aparecieron sindicatos, con SINDICALISTAS y sindicateros, que no es lo mismo. Huelgas por aquí y por allá, paros de los buenos y de los malos. Hasta se instalaron guerrillas en nuestro querido y maltratado país. Guerrillas traídas de una isla lejana y otra autóctona que se ocuparon de desangrar a compatriotas.

Apareció, mucho después, un presidente con fenotipo indígena que llegó al poder de manera violenta. Había inventado un “foquismo” muy particular: crear violencia a partir de un lugar elegido como centro de operaciones que aún hoy, permanece como tal. Perfeccionó el bloqueo a tal grado, que ofreció establecer seminarios talleres para enseñar cómo hacerlos. Un “foco”, origen violento de expresión de una droga muy estimulante y desinhibidora contenida en una nueva, y novedosa, bandera política: la “sagrada” hoja de coca. Ese presidente, prometió mucho, mucho, muchísimo, pero fue mucho muchísimo lo que despilfarró (¿y embolsilló?) después que Bolivia, aparentemente, se encaminaba por una buena senda. ¿Qué sino siniestro nos arrastra a semejantes despeñaderos? Me resisto a creer que sea solo la ignorancia la causa de nuestros males, porque hay que admitir, así duela (¡y cómo duele!), que nuestro pueblo, en absolutamente todos los estratos y rincones del país, es mayoritariamente ignorante. Puede ser un factor ¿pero será determinante?

La educación debe ser la base de la justicia y de otros factores importantes como la salud. Porque un pueblo educado sabe que la justicia es imprescindible. Un pueblo educado también es, de por sí, más sano; pero ese es otro tema.

Simón Bolívar dijo: “La Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad”. Y es que las instituciones de justicia, garantizan que las leyes se cumplan y no como en nuestro país que la ley, instrumento de la justicia, se convierta en mercancía, fuente de ingresos (ver como ejemplo, caso Mariaca), encubrimiento del delito, protección de delincuentes o manipulación. ¿Acaso no es un dicho muy boliviano aquello de “hecha la ley, hecha la trampa?”

Las instituciones de justicia debían garantizar que las leyes se cumplan por igual para todos, protegiendo los derechos humanos y limitando los abusos de poder. O, como dijo el presidente Paz Pereira: “Una justicia lenta o corrupta debilita la democracia, mientras que un sistema judicial transparente y eficiente fortalece el equilibrio de poderes y la paz social.”

Una justicia de verdad, es, de lejos, de muy lejos, la mejor defensa contra la corrupción, uno de los mayores males de nuestro país.

Y si nos damos un paseo por el mundo, veremos que los países que tienen una justicia fuerte, creíble y sobre todo confiable, son todos países donde el progreso ha sentado una base firme y permanente. Y al revés, aquellos países donde la justicia se ha puesto al servicio del poder de turno, son países del tercer o cuarto mundo. Y en esos países, los gobiernos se colocaron por encima de la justicia. En los otros, nada está por encima de la justicia.

Entonces, ¿por qué nos desesperamos los bolivianos? Porque Bolivia no puede salir del pozo donde está. Porque pataleamos siempre en el mismo barro. Porque no tenemos gobernantes que piensen primero en el país. Porque no podemos educarnos, porque, finalmente, ya nos acostumbramos a vivir como vivimos, sin justicia de verdad.

Franklin E. Alcaraz Del C. | Periodista columnista