Mientras Sudamérica construía corredores bioceánicos, Bolivia construía bloqueos. Hoy tiene una nueva oportunidad para recuperar el tren del progreso.
La geografía nos regaló una ubicación
privilegiada en el corazón de Sudamérica. La historia nos dejó ferrocarriles y
conexiones internacionales. Pero los iluminados del socialismo del siglo XXI
consiguieron transformar una ventaja geográfica en una desventaja política.
Durante casi veinte años de gobiernos del MAS,
mientras nuestros vecinos buscaban conectar mercados y conquistar puertos, en
Bolivia nos especializamos en bloquear carreteras, paralizar ciudades y
espantar inversiones.
Evo Morales y Luis Arce Catacora nos dejaron
una curiosa interpretación del desarrollo. Producir riqueza era sospechoso,
invertir parecía un delito ideológico y generar empleos privados, una
conspiración capitalista. En cambio, cerrar carreteras y tomar como rehenes a
millones de ciudadanos se convirtió en una herramienta habitual de presión
política.
Mientras nuestros vecinos negociaban
corredores bioceánicos, nosotros negociábamos dónde colocar el próximo bloqueo.
Así perdimos oportunidades, credibilidad y competitividad. Ningún exportador
serio puede confiar plenamente en un país donde cualquier dirigente puede
paralizar una carretera internacional para imponer sus exigencias.
En mayo de 2021, el histórico ferrocarril
Arica-La Paz intentó recuperar sus operaciones regulares de carga, suspendidas
durante dieciséis años. Sin embargo, dirigentes del transporte pesado,
preocupados por la competencia ferroviaria, organizaron bloqueos para impedir
su reactivación.
¿Y qué hizo el Gobierno de Luis Arce? Lo que
mejor sabía hacer: negociar la rendición del desarrollo. Las pruebas piloto
fueron suspendidas y los transportistas celebraron su victoria. ¡Extraordinario
triunfo sindical! Consiguieron que el tren no transportara carga y que Bolivia
siguiera perdiendo oportunidades.
En los países que aspiran al progreso,
camiones y ferrocarriles se complementan. El tren transporta grandes volúmenes
a largas distancias y el camión distribuye las mercancías. Pero en la Bolivia
del socialismo sindical parecía que ambos medios debían competir por sobrevivir.
Hoy contamos con dos empresas ferroviarias
experimentadas: Ferroviaria Oriental, conectada con Brasil, y Ferroviaria
Andina, vinculada con el occidente y las salidas hacia Chile. Ambas pueden
protagonizar una nueva integración continental.
No se trata de inventar una industria desde
cero, sino de aprovechar la infraestructura existente, modernizarla y evaluar
la interconexión pendiente entre ambas redes. Las cargas brasileñas podrían
atravesar Santa Cruz y conectarse con el sistema occidental para llegar a
puertos chilenos, si los estudios técnicos y económicos demuestran su
viabilidad.
Granos, minerales, fertilizantes y
contenedores podrían encontrar rutas competitivas. Bolivia dejaría de
lamentarse por su mediterraneidad para aprovechar su centralidad geográfica.
La visita del presidente chileno José Antonio
Kast representa una oportunidad que no deberíamos desperdiciar en fotografías y
declaraciones protocolares. El Gobierno de Rodrigo Paz debe impulsar una
propuesta concreta de integración ferroviaria con Chile y una verdadera
estrategia bioceánica.
La reactivación del ferrocarril Arica-La Paz
debería ser prioritaria, junto con la evaluación de otras conexiones portuarias
y la articulación de las redes Oriental y Andina. Necesitamos acuerdos internacionales,
inversiones público-privadas y seguridad jurídica, no otra comisión que estudie
durante años lo que ya conocemos.
Mientras tanto, Brasil, Paraguay, Argentina y
Chile avanzan con el Corredor Bioceánico de Capricornio, una alternativa vial
que conecta el Atlántico con el Pacífico sin atravesar Bolivia. Nuestra
inestabilidad política y la inseguridad del tránsito perjudican nuestra
competitividad.
Nuestros vecinos construyen corredores para
que las mercancías circulen. Nosotros perfeccionamos un sistema para impedirlo.
¡Qué extraordinario aporte del socialismo del siglo XXI a la integración
sudamericana!
Bolivia todavía puede recuperar protagonismo
mediante una alianza entre las ferroviarias, el Estado, los operadores chilenos
y los exportadores brasileños. El objetivo debe ser garantizar un corredor
competitivo y confiable.
Pero necesitamos una garantía fundamental: que
ninguna organización sindical convierta el bloqueo de una ruta internacional en
un derecho superior al trabajo, la producción y el bienestar de millones de
bolivianos. La protesta es legítima; la paralización sistemática del país no
debería serlo.
El progreso no tiene ideología. Tiene
inversiones, infraestructura, trabajo y resultados. Los trenes fueron
inventados para transportar riqueza, no para pedir permiso a quienes se
acostumbraron a detenerla.
Después de tantos años de socialismo,
discursos revolucionarios y carreteras bloqueadas, llegó el momento de hacer
algo verdaderamente subversivo: ¡dejar que Bolivia avance!
Que los trenes circulen, que los camiones
trabajen y que los empresarios inviertan. «Bolivia al mundo y el mundo a
Bolivia» no debe ser otra consigna publicitaria, sino nuestro destino nacional.
Y ojalá esta vez no aparezca algún dirigente con una piedra, una llanta y un fósforo para explicarnos que el futuro debe esperar.