Bajo el penoco

Defensor

| 2026-10-19 07:34:52

Hay instituciones que nacen envueltas en un halo de bondad, solidaridad y buenas intenciones. El Defensor del Pueblo es una de ellas. ¿Quién podría oponerse a defender al pueblo? El problema comienza cuando descubrimos que para defenderlo necesitamos crear oficinas, contratar funcionarios, pagar sueldos, comprar escritorios y alimentar otra burocracia con el dinero del mismo pueblo que pretendemos proteger. Ahora surge el Defensor de los Cruceños. ¿Acaso las autoridades que elegimos no están para defender nuestros intereses? ¿Necesitamos contratar a alguien para recordarle al Estado que debe cumplir sus obligaciones? ¿Cuántos defensores hacen falta para que un ciudadano pueda vivir y trabajar en paz? Estas instituciones surgieron en democracias avanzadas, pero su trasplante al tercer mundo no ha producido mejores ciudadanos ni Estados más eficientes. Hemos multiplicado los organismos protectores mientras el ciudadano sigue desprotegido. El mejor defensor del pueblo no necesita oficina ni presupuesto. Es un Estado que se achica, se aparta del camino, respeta la ley y deja trabajar. Menos defensores oficiales y más libertad para defenderse solos.