Editorial

Pena de muerte

El experimentado periodista cruceño Roberto Méndez publicó hace un tiempo, un libro titulado Pena de muerte, en el que resumió, con abundante documentación acumulada...

Editorial | | 2026-10-15 06:47:37

El experimentado periodista cruceño Roberto Méndez publicó hace un tiempo, un libro titulado Pena de muerte, en el que resumió, con abundante documentación acumulada durante años de reporterismo, la dramática etapa que le tocó vivir al país en los años ochenta, cuando el narcotráfico literalmente se apoderó del país.

Cada día, Santa Cruz soportaba balaceras, ajustes de cuentas, asesinatos y toda clase de hechos criminales. Cuando le preguntaron por qué había elegido semejante título, Méndez respondió que en aquella época, todos los bolivianos estábamos condenados a muerte. Cualquiera podía terminar acribillado en una esquina. La violencia se imponía en las calles; vivíamos con la angustia de que una bala criminal nos encontrara.

Por desgracia Bolivia vuelve a caminar por ese sendero y no sería exagerado afirmar que estamos estamos peor que entonces. Santa Cruz se ha convertido en refugio de organizaciones criminales transnacionales que encuentran aquí condiciones para instalarse, disfrutar de sus fortunas y eludir a la Justicia.

El reciente reportaje de la televisión brasileña sobre Roberto Prieto Filho, alias Betinho da Baixada, y Márcio Barbosa da Silva, conocido como Beiço de Mula, retrata esta realidad. Ambos, señalados como integrantes de alto rango del Primeiro Comando da Capital (PCC), vivían como millonarios en Santa Cruz mientras eran buscados en Brasil. Restaurantes, gimnasios, condominios de lujo y centros comerciales formaban parte de su cotidianidad.

El jefe policial brasileño Fábio Pinheiro Lopes afirmó que, si hubiera podido permanecer más tiempo en Bolivia trabajando con la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), habría capturado a veinte criminales en lugar de dos. La declaración resulta inquietante: sugiere que nuestra ciudad alberga una estructura criminal mucho mayor de la que conocemos.

Más grave todavía son sus denuncias sobre presuntas filtraciones de información reservada, manipulaciones de registros judiciales y redes de protección institucional. Según su testimonio, Betinho habría recibido aviso anticipado de un allanamiento.

La amenaza de muerte denunciada por el presidente Rodrigo Paz después de la captura de otro presunto miembro importante del PCC confirma la dimensión del desafío. Cuando una organización criminal puede intimidar al jefe del Estado, el problema deja de ser exclusivamente policial: compromete la soberanía y la autoridad de las instituciones.

El atraco armado a una joyería cruceña, atribuido por las autoridades al PCC ilustra hasta qué punto la violencia organizada irrumpe en la vida cotidiana. No podemos acostumbrarnos a vivir entre sicarios, armas de guerra y sospechas de complicidad institucional.

La verdadera pena de muerte es la que las mafias imponen a una sociedad cuando sus ciudadanos deben temer por sus vidas y desconfían de quienes deberían protegerlos. Evitar que esa sentencia se vuelva permanente exige policías eficaces, fiscales independientes, jueces probos y castigo efectivo para los culpables. Sin impunidad ni privilegios.

Cuando una organización criminal puede intimidar al jefe del Estado, el problema deja de ser exclusivamente policial: compromete la soberanía y la autoridad de las instituciones.