Tribuna

De terror: se vislumbra el retorno del MAS

De terror: se vislumbra el retorno del MAS
Rolando Tellería A. | Profesor de Ciencias Políticas de la UMSS
| 2026-10-11 00:07:00

Rodrigo Paz y las fuerzas políticas tradicionales de oposición están creando, paradójicamente, las condiciones para un eventual retorno del MAS, en cualquiera de sus variantes. Incluso no puede descartarse que ese regreso ocurra antes de las elecciones de 2030 si el actual gobierno no logra concluir su mandato. La persistencia de errores políticos, la ineficacia de la gestión y las crecientes denuncias de corrupción podrían acelerar ese desenlace.

La sola posibilidad del retorno del masismo debería generar preocupación. No porque represente una alternativa renovadora, sino porque significaría el regreso de un proyecto político que, durante dos décadas, condujo al país a un profundo deterioro institucional, ético y moral. A juzgar por sus resultados, el MAS terminó debilitando seriamente las bases del Estado boliviano.

Sin embargo, una revisión de la historia reciente permite advertir que el MAS no llegó al poder únicamente por sus propios méritos. Lo hizo también gracias a los errores de los partidos y líderes tradicionales. Evo Morales, en buena medida, fue el producto político de ese fracaso colectivo.

Así ocurrió en 2005. El desgaste del MNR, ADN y MIR, principales actores de la denominada democracia pactada, allanó el camino para la victoria de Morales. La corrupción, el prebendalismo y el progresivo divorcio entre la clase política y la sociedad generaron las condiciones para que el discurso del cambio adquiriera una enorme legitimidad.

Paradójicamente, varias de esas fuerzas políticas, recicladas bajo nuevas siglas, pero con los mismos liderazgos, han recuperado protagonismo en distintos espacios de poder. Son, en parte, corresponsables del nacimiento del fenómeno político que hoy aseguran combatir.

Durante los veinte años de gobierno masista nunca lograron construir una oposición moderna, inteligente y estratégica. En la Asamblea Constituyente fueron incapaces de articular una propuesta alternativa de Estado y terminaron facilitando la aprobación de una Constitución que después cuestionaron.

Más tarde, en las elecciones de 2009 y 2014, la fragmentación opositora permitió que el MAS obtuviera los dos tercios en la Asamblea Legislativa. Aquella concentración inédita de poder no fue solo resultado de la fortaleza oficialista, sino también de la debilidad de quienes debían ejercer un contrapeso democrático.

En 2019 ocurrió algo aún más revelador. Evo Morales no fue derrotado por los partidos tradicionales, sino por la movilización ciudadana que rechazó el fraude electoral y exigió respeto al voto. Fueron las calles, más que las organizaciones políticas, las que precipitaron su caída.

El gobierno transitorio de Jeanine Áñez, sin embargo, desperdició aquella oportunidad histórica. En lugar de sentar las bases de una transición ejemplar, acumuló denuncias de corrupción, improvisación y abusos de poder. Su gestión terminó debilitando la credibilidad de quienes se presentaban como alternativa.

En ese contexto, el triunfo del MAS en 2020 era previsible. Luis Arce regresó al poder cuando el ciclo de bonanza económica ya había concluido. Las reservas internacionales estaban en declive, el modelo económico mostraba signos de agotamiento y las disputas internas comenzaban a fracturar al oficialismo.

Las elecciones de 2025, que llevaron a Rodrigo Paz a la Presidencia, parecían cerrar definitivamente ese ciclo. Existía una enorme expectativa de cambio. La ciudadanía esperaba un gobierno distinto, capaz de corregir los errores del pasado y recuperar la confianza pública.

No obstante, en apenas unos meses, esa expectativa comenzó a deteriorarse. Las denuncias de corrupción, las decisiones improvisadas y los errores de gestión han debilitado prematuramente al nuevo gobierno. Casos como el de las “32 maletas”, el contrabando de oro y otros episodios que aún esperan investigaciones transparentes han instalado una creciente desconfianza ciudadana.

La política tiene una constante difícil de ignorar: cuando quienes prometen cambio terminan reproduciendo las mismas prácticas que criticaban, los ciudadanos dejan de comparar gobiernos y concluyen que todos son iguales. Ese es el terreno más fértil para el resurgimiento de proyectos populistas.

A diferencia de Jeanine Áñez, que encabezó un gobierno transitorio, Rodrigo Paz tenía la oportunidad histórica de cerrar definitivamente el ciclo político representado por Evo Morales y el MAS. Sin embargo, al repetir errores que parecían superados, corre el riesgo de devolverles protagonismo.

La historia boliviana ofrece una lección recurrente: cuando las fuerzas democráticas fracasan en construir gobiernos eficaces, honestos y capaces de responder a las demandas sociales, terminan rehabilitando a quienes antes habían sido rechazados por la ciudadanía.

Si Rodrigo Paz y la oposición tradicional no aprenden esa lección, podrían protagonizar una nueva paradoja: convertirse, una vez más, en los principales arquitectos del retorno del MAS.

El desenlace no solo sería trágico; sería de terror.

*El autor es profesor de la Carrera de Ciencia Política de la UMSS.

Rolando Tellería A. | Profesor de Ciencias Políticas de la UMSS