Para la izquierda, uno de los mayores placeres de la vida es echarle la culpa a otro. Cuando un banco le quita los bienes a quien no pagó su crédito o desaloja a un inquilino que no paga el alquiler, pega el grito al cielo. Lo consideran una injusticia, una crueldad del capitalismo salvaje. ¿Qué pasaría si los bancos se volvieran piadosos y comenzaran a perdonar deudas por un acto de bondad? La gente dejaría de pagar y muchos pedirían dinero prestado sabiendo que no lo van a devolver. ¿El resultado? Se perdería el ahorro de miles de personas, no habría más préstamos para la gente trabajadora, se perderían empleos y reinaría la pobreza. Pasa lo mismo con las viviendas: nadie querrá alquilar ni construir casas por miedo a los oportunistas. Habrá menos casas en alquiler, precios más caros y más gente en la calle. Ante semejante desastre, ni la izquierda ni ningún progresista se hará cargo; ellos siempre le seguirán echando la culpa a otro. ¡Qué placer!