
El exministro de la Presidencia, José Luis Lupo, declinó representar a Bolivia ante la OEA, cargo para el que había sido propuesto por el presidente Rodrigo Paz y aprobado por el Senado, según una carta presentada este martes.
En el documento, Lupo afirma que tomó la decisión tras “una serena y detenida reflexión” y que la considera “coherente con lo que pienso, con lo que he defendido y con la manera en que quiero continuar sirviendo a Bolivia”.
Sostiene que la adopta “desde la libertad de criterio, desde la independencia” y desde el compromiso que, según dice, ha mantenido durante toda su vida profesional.
Aunque no menciona razones específicas, se entiende que recientes denuncias de corrupción que han afectado al gobierno podrían ser la causa. Uno de esos temas surgió tras el atentado organizado supuestamente por el argentino Fernando Cerimedo contra Nadia Beller, que destapó sospechas de irregularidades. Cuando fue ministro, según varias fuentes, Lupo tuvo un relación tensa con Cerimedo.
Lupo reconoce que “no ha sido una decisión sencilla”. Recuerda que aceptó la propuesta “con orgullo y compromiso”, que compareció ante el Senado, presentó su visión sobre el trabajo de Bolivia ante la OEA y recibió la aprobación de la Cámara Alta.
Sin embargo, señala que “las circunstancias han cambiado” y que quienes asumen responsabilidades públicas tienen la obligación de revisar sus decisiones cuando el contexto en que fueron tomadas cambia sustancialmente.
Agrega que “no sería honesto de mi parte actuar como si nada hubiera ocurrido durante estos últimos meses”.
Según la carta, representar a Bolivia ante la OEA exige “plena claridad, no solamente formal sino también política e institucional”, y por respeto al país, a la función y a la organización considera que “hoy no están dadas las condiciones para asumir esta misión”. El documento no detalla qué hechos o circunstancias motivan esa conclusión.


Su paso por el Gabinete
La carta incluye también un balance de su gestión como Ministro de la Presidencia, que describe como un honor. Afirma que la ejerció con responsabilidad y con la convicción de que era posible contribuir a una transformación necesaria para el país.
Dice que creyó posible comenzar a construir un nuevo Estado, capaz de dejar atrás prácticas que habían debilitado la institucionalidad, superar la crisis económica, política, social y ética, y recuperar la confianza ciudadana en la democracia y sus instituciones.
“Cierro esta etapa con la tranquilidad de haber intentado hacerlo”, escribe.