Tribuna

Lara en su laberinto

Lara en su laberinto
William Herrera Áñez | Jurista y autor de varios libros
| 2026-09-27 00:36:17

La intervención del presidente Rodrigo Paz en la sede de las Naciones Unidas ha reactualizado el debate sobre cuándo debe asumir el vicepresidente y qué atribuciones concretamente puede ejercer. Mientras había afinidad política, subordinación, confianza, coincidencias y una agenda común, como ocurría en el pasado inmediato, en cada viaje del presidente asumía el vicepresidente e incluso ha promulgado alguna ley. Todo fluía hasta que llega Edmand Lara, con angurria de trepar al poder a como dé lugar, y esto ha obligado a tomar algunos recaudos presidenciales.

En cuanto Lara se declara opositor de su propio gobierno, se convierte en una sombra que le pisa los talones al presidente y apuesta, consciente o inconscientemente, al fracaso del mandato de Rodrigo Paz. Ha denunciado penalmente a ministros, etc. En la historia contemporánea, cuando se erosionó la química que había, Jaime Paz Zamora optó por renunciar al cargo de vicepresidente y logró postularse como candidato presidencial en las elecciones de 1989. Y, como establecía la Constitución de 1967, fue designado presidente constitucional de la República.

En procesos electorales normales, el candidato a presidente es quien decide e invita al segundo para que sea parte de su fórmula presidencial. El vicepresidente no tiene autonomía de vuelo. Como integrante de la fórmula presidencial, no debe hacer nada que vaya en contra de los intereses políticos del titular. Sin embargo, para proponer al segundo candidato debe tenerse en cuenta a la persona que ocupará la vicepresidencia y no obrar solo por conveniencia electoral, como ha ocurrido ahora. Y para el vicepresidente, su lugar es el de la máxima paradoja: de no ser nada puede convertirse en todo, si logra trepar al trono. El vicepresidente «es un hombre en estado cataléptico: no puede hablar, no puede moverse, no sufre dolores y, sin embargo, es perfectamente consciente de lo que sucede en torno suyo» (Thomas R. Marshall, vicepresidente de los EE. UU., 1913-1921).

En el sistema político boliviano, el presidente equivale, guardando las distancias, a un verdadero monarca: preside el Gobierno, es jefe del Estado, capitán de las FF. AA., tiene el manejo económico, la política exterior, etc. Hay países donde el jefe de Estado designa a su vicepresidente; incluso, puede haber más de uno. Sin embargo, la Presidencia es una sola, indivisible e irremplazable mientras no se abra la sucesión presidencial, salvo situaciones extraordinarias —una enfermedad compleja, vacaciones, etc.— en las que el presidente se encuentre imposibilitado de ejercer la jefatura del Estado.

La pregunta del millón: ¿puede el presidente viajar al exterior en misión oficial y ejercer la Presidencia? La Constitución establece que «la presidenta o el presidente del Estado podrá ausentarse del territorio boliviano por misión oficial, sin autorización de la Asamblea Legislativa Plurinacional, hasta un máximo de diez días» (art. 173). Hay dos tipos de viajes: los oficiales y los no oficiales. Si el presidente viaja en misión oficial, desde el lugar donde se encuentre ejerce todas las prerrogativas propias del cargo de presidente. Comparto la opinión de Jorge Asbún en el sentido de que no sería jurídicamente válido que el presidente estampe en el exterior su firma como tal, pero antes de su viaje se haya despojado de ese cargo y haya entregado el mismo al vicepresidente y, como consecuencia de ello, dentro del territorio boliviano el vicepresidente esté actuando como presidente. ¿Quién es el titular?

La otra pregunta: ¿por qué Lara no debió asumir la Presidencia? Porque el presidente estaba de viaje, en misión oficial, como establece la Constitución. Incluso en la eventualidad de que asumiera, el vicepresidente siempre tiene atribuciones acotadas y muy limitadas, porque cualquier decisión de fondo debe tomarse en coordinación y con la aquiescencia del jefe del Estado. El vicepresidente puede autoproclamarse presidente y llamar la atención a un ministro, no; puede desconocer el convenio con el FMI, no. ¿Qué puede hacer como vicepresidente? Todo aquello que no suponga un verdadero conflicto de intereses políticos con el presidente del Estado. Es cuestión de ubicarse en tiempo y espacio.

Y para los que invocan la Constitución boliviana, el vicepresidente del Estado forma parte tanto del Órgano Ejecutivo como del Legislativo, y esto constituye una aberración mayúscula. Esta configuración y sus ubicuas atribuciones torpedean la independencia de los órganos que necesitan asegurar el funcionamiento del Estado Constitucional de Derecho, así como el sistema de control de frenos y contrapesos. Urge una reforma constitucional que establezca en qué casos puede asumir el trono el vicepresidente y, de yapa, termine con la ubicuidad vicepresidencial y su invasión al poder Legislativo.

*Jurista y autor de varios libros.

William Herrera Áñez | Jurista y autor de varios libros