Editorial

Un discurso de ruptura con una realidad intacta

Rodrigo Paz no fue a la ONU a leer un discurso diplomático de esos que se evaporan apenas termina el aplauso. Fue a anunciar una ruptura. Su mensaje tuvo destinatarios claros...

Editorial | | 2026-09-25 08:21:58

Rodrigo Paz no fue a la ONU a leer un discurso diplomático de esos que se evaporan apenas termina el aplauso. Fue a anunciar una ruptura. Su mensaje tuvo destinatarios claros: los mercados, los organismos financieros y los inversionistas. La idea central fue sencilla: el ciclo del MAS terminó y Bolivia pretende entrar en otra etapa. “No podemos retornar al pasado”, dijo. El problema es que romper con el pasado no se consigue pronunciando la frase correcta en Nueva York.

El presidente acertó al colocar la economía en el centro. Habló de inflación, contracción económica, escasez de combustible, reservas, inversión, empleo, tecnología y producción. Su “capitalismo para todos” intenta convertir en lenguaje político algo que Bolivia necesita con urgencia: más empresa, más inversión y menos dependencia del Estado. También fue pertinente reivindicar una inserción internacional abierta.

Paz prometió reservas de unos 4.000 millones de dólares hasta fin de año y 10.000 millones en el siguiente año y medio. Son metas enormes para una economía que todavía enfrenta una severa restricción de divisas.

La parte más políticamente explosiva fue la denuncia del narcoterrorismo como financiador de los 53 días de bloqueos. Paz llevó a la ONU un conflicto boliviano y lo convirtió en un problema de democracia y crimen organizado. Pero una acusación de esa magnitud exige pruebas contundentes y públicas. No basta con convertir una denuncia política en verdad diplomática. Precisamente porque la acusación es grave, debe ser demostrada.

Su distinción entre gobierno, gobernabilidad y gobernanza fue probablemente uno de los conceptos más interesantes del discurso. Paz tiene leyes aprobadas y respaldo parlamentario suficiente para avanzar; sin embargo, eso no significa que pueda gobernar tranquilamente las calles, las carreteras y la economía. Los 53 días de bloqueos demostraron esa diferencia.

También hubo demasiado pasado en un discurso que pretendía anunciar el futuro. Chávez, Evo, la coca, el socialismo, la Pachamama destruida: Paz consiguió titulares, pero gastó parte de su munición mirando por el retrovisor. La hoja de coca fue un buen recurso televisivo y un excelente titular periodístico, pero no reemplaza una política pública.

La parte más interesante, paradójicamente, fue la menos teatral: la propuesta de una Bolivia abierta al mundo, con inversión, tecnología, industrialización, biodiversidad y diversificación energética. Allí hay una agenda presidencial posible. El resto tendrá que probarse en Bolivia.

Porque la ONU puede escuchar promesas, pero no puede resolver la escasez de dólares, llenar los surtidores, atraer inversiones ni impedir bloqueos. Eso le corresponde a Rodrigo Paz. Su discurso tuvo potencia comunicacional y una dirección económica bastante definida. Ahora comienza la parte difícil: demostrar que la ruptura con el pasado no es solamente un relato de Nueva York, sino una transformación que pueda sentirse en las calles, en las empresas y en los bolsillos de los bolivianos.

La ONU escucha promesas, pero no trae dólares ni llena surtidores. Eso le toca al gobierno de Rodrigo Paz: que su ruptura se sienta en los bolsillos bolivianos, no solo en Nueva York.