A juzgar por lo que ha estado propalando el presidente Rodrigo Paz en Nueva York, Bolivia debe ser el país más afortunado del mundo. Después de haber vivido una bonanza económica sin precedentes, cuyos recursos fueron dilapidados sin pena ni clemencia, ahora se viene otra lluvia de dólares, como en la canción de Juan Luis Guerra. Paz habla de la llegada de 10.000 millones de dólares, constantes y sonantes, que se pelean por venir al país. Y lo más interesante es que, según su relato, esa “platita” vendrá sin pedir nada a cambio. Bolivia podrá seguir siendo como es, con un Estado elefantiásico, gastando y derrochando, con narcotraficantes haciendo de las suyas en el territorio, con leyes hostiles al capital, con inseguridad jurídica y toda clase de obstáculos para invertir. No hará falta reformar nada, ajustar nada ni cambiar nada. Es la verdadera Jauja. El mundo nos ama tal como somos y solo falta abrir las compuertas para que caigan los dólares del cielo. Ojalá que llueva café… y también los 10.000 millones.