Bajo el penoco

Las nubes del centralismo

| 2026-09-18 00:05:57

El centralismo dice ser infinitamente generoso, al extremo de que se quita carne de su propia carne, como el pelícano —el mayor símbolo de la santidad—, para dársela a los cruceños, a quienes supuestamente ama en secreto. Resulta curioso que decida entregarse con tanto desprendimiento a gente que está tan lejos y que es tan diferente, cuando no es capaz de condolerse por los alteños, por la gente de Viacha, Achacachi, Achocalla, Caranavi, Patacamaya y tantos otros lugares del departamento de La Paz donde solo hay miseria. El centralismo no tiene la dignidad de mirarse al espejo para darse cuenta de que ni siquiera beneficia a su propio centro, agobiado por una acelerada decadencia, sin horizonte productivo y con un país que se le escapa de las manos. Alguna vez, un paceño de pura cepa comentó que, para mantener contentos y engañados a sus coterráneos, los políticos siempre construyen obras que los hagan mirar hacia las nubes: sobre todo, grandes puentes, pasarelas, obeliscos y edificios enormes, para que no pisen tierra ni miren lo que sucede a su alrededor. Sin duda alguna, Evo Morales terminó de obnubilarlos cuando les construyó el teleférico (con plata de todos los bolivianos, por supuesto).